'Los grafiteros no son peligrosos'

Gregory J. Snyder es profesor de Baruch College e investigador pionero en el análisis de la subcultura del grafiti en Nueva York.

Gregory J. Snyder frente a uno de los tantos grafitis de Nueva York. / Alma Meléndez
Gregory J. Snyder frente a uno de los tantos grafitis de Nueva York. / Alma Meléndez

El grafiti, una de las formas más controvertidas de la expresión artística, surgió en Filadelfia a finales de los años 60 y se ha ido extendiendo por el mundo desde entonces. Criticado por muchos, defendido por otros, hace parte de una contracultura que expone el lado efímero de la comunicación.

¿Cómo y dónde surge el grafiti?

El grafiti surge a finales de los años 60 y principios de los 70 en Filadelfia (EE.UU.), como una forma de distinción. En principio no era tan elaborado como los de ahora. Algunos muchachos escribían su nombre en las paredes, buscando darse a conocer, buscando la fama. Luego uno de estos chicos se trasladó a Nueva York e hizo lo mismo en el año 1971. Esto quedó registrado en un artículo en The New York Times titulado “‘Taki 183’ Spawns Pen Pals”. Es en Filadelfia donde se pueden encontrar los primeros rastros del grafiti. En los primeros años de la década de los 70, el grafiti en Nueva York tomó fuerza en algunos vecindarios, como el alto Manhattan, pero se popularizó cuando apareció en el metro. Fue allí donde se dio a conocer de una manera más amplia para toda la ciudad.

En Nueva York, ¿en qué contexto las autoridades consideran el grafiti como vandalismo?

En todos los contextos: el grafiti es considerado vandalismo en Nueva York. Aunque al mismo tiempo sea una apuesta artística increíble. Cuando los “escritores” (el término grafiti tiene una connotación política y es el que utilizan quienes están por fuera de esta subcultura, pero sus miembros se autodenominan “escritores”) tienen el permiso de los dueños de los edificios, no se considera vandalismo o un acto ilegal. Pero de la misma forma deben mostrar algunos documentos a las autoridades donde conste la autorización de los dueños.

Siendo el grafiti ilegal en Nueva York, ¿cómo han tratado el tema?

En la actualidad los policías conocen más del tema, mucho más que antes. Ahora cuentan los grafitis, reconocen el nombre, el estilo, identifican a los escritores y dan más fácil con su paradero. En Nueva York el grafiti es considerado un delito menor que tiene diversas sanciones. Y desde hace muchos años se adoptó la llamada “teoría de las ventanas rotas”, inspirada en las ideas de George L. Kelling y James Q. Wilson, según la cual los delitos menores, como el grafiti, generan ambientes para delitos mucho más graves. En realidad no estoy de acuerdo con esa teoría. Es con base en ella que muchos buscan endurecer las penas contra los escritores de grafitis. Pero frente al grafiti existe una segunda dimensión, y es que hace parte de la identidad histórica y cultural de Nueva York. Hace parte del turismo —muchos vienen para verlos— y de la escena artística de la ciudad.

¿El grafiti debería ser legalizado?

No pienso que el grafiti necesariamente deba ser legalizado, pero tampoco hay que tratarlo como un delito mayor.

Si bien es una falta menor, su tratamiento indebido puede llevar a situaciones indeseadas, como ha sucedido con las muertes de un joven que hacía grafitis en Bogotá y otro en Miami. Me preguntaba si legalizando el grafiti se podrían evitar este tipo de hechos.

En Nueva York no se ve ese tipo de violencia entre los escritores de grafiti y los policías. Los policías tienen mejores cosas que hacer. Además, algunos políticos han construido sus carreras prometiendo reducir el grafiti. Y bueno, los que hacen grafiti son muchachos que están hambrientos de explorar la ciudad, de plasmar sus grafitis para ganar fama. Algunas autoridades creen que una regulación no sería funcional.

¿Cuál es su opinión de lugares especializados para el grafiti, como 5 Pointz Aerosol Art Center?

Pienso que son buenos lugares para que vayan a practicar. Desafortunadamente ese lugar va a cerrar porque allí van a construir unos condominios.

¿Existen otros sitios?

En el Bronx también existe el centro cultural The Point, a donde asisten algunos grupos profesionales a la espera de que los contraten.

¿Quién los contrata?

Los puede contratar cualquier persona. Desde quienes han perdido a un ser querido y pagan para que les hagan un grafiti de su familiar, hasta grandes empresas que quieren publicitar sus productos.

¿Existe una edad específica para practicar el grafiti?

La mayoría comienza a los 14, 15 y 16 años. Muchos son hombres, pero las mujeres también tienen una gran participación. Entre los más reconocidos hay muchas mujeres. Muchos alcanzan la fama a los 20 años. Lo interesante de la práctica del grafiti es que no tiene clase, género ni raza. El reconocimiento se logra por el estilo y cualquiera lo puede practicar. Lo practican personas de todas las clases sociales. Es una cuestión compleja, sobre todo por la percepción que tienen los medios acerca de quienes practican el grafiti.

¿Y cómo ha cambiado desde los 70 hasta hoy?

Cuando el grafiti empezó, antes de que el rap se popularizara, los escritores eran en su mayoría afroamericanos, hispanos y blancos, la diversidad propia de Nueva York. Pero a fines de los 80, cuando el rap tuvo un gran auge, muchas personas se dedicaron a él y dejaron a un lado el grafiti. Al mismo tiempo, muchos chicos blancos de clase media, egresados de las escuelas de arte, se interesaron por hacer grafiti e introdujeron nuevas técnicas que transformaron el movimiento cultural.

En su investigación, ¿ha encontrado que las personas que hacen grafitis sean peligrosas?

El grafiti puede ser una actividad peligrosa para quienes lo practican, porque muchas veces se arriesgan en puentes, avenidas y en temerarias alturas para pintar. Pero las personas que hacen grafitis no son peligrosas para otras personas. Existe una rivalidad entre los escritores de grafiti, sobre todo por lograr un buen muro. Pero son competencias sin armas. He sabido que tres personas han muerto, pero debido a que corrieron grandes riesgos en las vías del tren por dibujar su grafiti, pero no a causa de riñas.

[email protected]

* Traducción: Alba Meléndez.