El día que no se acabó el mundo, fue un gran día

Se cumplió una profecía Maya, el fin del calendario significó el fin del miedo y el inicio de una era espiritual, comunitaria y amorosa.

Antes de que amaneciera el 21 de diciembre del 2012 a los medios de comunicación se nos permitió posesionarnos frente a la pirámide Kukulkan en Chichen itza, una de las más importantes de la civilización Maya en territorio mexicano. (VER GALERÍA)

Mientras una multitud que crecía con cada segundo esperaba que se les permitiera entrar al sitio arqueológico, un puñado de periodistas tuvimos el lujo de presenciar los primeros rayos del sol del último día de la cuenta larga, un calendario de 5,126 días que termino con el alba.

Amaneció y la poderosa pirámide se convirtió en el corazón de un festival espiritual. Los primeros en entrar fueron indígenas, descendientes de los Mayas, que vinieron a despedir una era y dar la bienvenida a otra.
Con sus manos sobre la tierra bendijeron a la pachamama, al planeta y le ofrecieron disculpas en nombre de todos los humanos. Llegaron también turistas y hippies del mundo entero que no quisieron perderse de este día en que se supone cambiaría la frecuencia solar y se alinearían los planetas. Y por supuesto llegaron los que creyeron que se acabaría el mundo y quedaron con los crespos hechos.

Fue un gran día porque la tierra recibió muchos abrazos, porque miles de personas se dieron cita para una meditación masiva y porque se cumplió una profecía maya. Según ellos, el fin del calendario significaría también el fin del miedo e iniciaría una era más espiritual, comunitaria y amorosa... Comenzó bien, por lo menos en chiche itza.