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Entretenimiento 29 Dic 2012 - 9:00 pm

Yo estuve...

En el concierto de Madonna

Dos presentaciones, 28 y 29 de noviembre, sirvieron para que la ‘Reina del pop’ saldara su deuda con Colombia. Escogió Medellín para su debut con el público colombiano.

Por: Luis Carlos Vélez
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/ EFE

Tiene una herida en el ojo izquierdo y parece que estuviera sangrando. Las pantallas a los costados del escenario muestran su cara de cerca y una línea delgada que da la impresión de ser sangre cae hasta llegar a su mejilla.

Pero, ¿como saber si es en realidad una gota que sale de su cuerpo? ¿Hubo un accidente durante uno de los bailes? ¿Quién golpeó a la reina? O mejor: ¿Cómo pudo golpearse la reina?

Pasan los minutos y los asistentes al encuentro empiezan a murmurar, pero nadie tiene la respuesta. Hasta que, en medio del éxtasis, ella misma lo menciona. En plena canción dice que sufrió un accidente pero que está bien y continúa con su contoneo, su música y su espectáculo. Y precisamente como se trata de un espectáculo y de una puesta en escena calculada al milímetro, es casi imposible pensar que algo salió mal y que algo golpeó la cara de la reina.

Y es que esta noche todo puede pasar. Ella está bailando sobre prácticamente tierra santa. En este terreno se han librado grandes gestas. Por acá las joyas de la corona paisa se han batido como leones para quedar campeones. Esta misma tierra ha sido usada para otra clase de bailes igual de míticos, los bailes de Nacional y Medellín. Esos mismos bailes de Faustino y Mao Molina.

Madonna baila, canta y sufre. Se pegó en la cara, o eso es lo que nos quiere hacer creer, y no importa, le creo. También le creímos a Faustino y Mao en este mismo campo y la pasamos bien y de eso se trata, de pasarla bien.

Hace poco empezó el concierto y recién recuperamos la respiración normal. Y es que el arranque fue duro y difícil. Luego de unos campanazos reminiscentes a los cantos gregorianos empezó una balacera al mejor estilo de los gángsteres de Chicago y esta tierra sabe muy bien de eso. Acá aparecían muertos policías, políticos y comerciantes en las calles hace unos años. Las heridas aún están abiertas, tanto que cuando se habla de los años del narcotráfico la gente acá se molesta, por eso me pregunto: ¿Sabría Madonna a donde venía? ¿Sabría que los paisas de bien rechazan y con razón los actos de violencia y odian ser asociados con ella?

Pero la escena ya acabó y ella ahora está vestida de porrista. Está hablando de otras cantantes que hacen música parecida a ella, pero que no le llegan ni a la mitad de uno de sus enormes tacones. Y ella lo sabe y se burla. Si tú, Lady Gaga, tú que dices en tus canciones que “naciste así” (born this way), te equivocas, tú no naciste así, te volviste así gracias a ella, a la reina, y sabes qué, como dirían en esta tierra santa del Atanasio: “Lady, Madonna tu papá, o mejor Lady, Madonna tu mamá”.

La música suena a la perfección, el sonido emana de dos torres inmensas de parlantes curvos que parecen dos enormes cachos flotantes que hacen ver el escenario a lo lejos como las fauces de una pantera negra y musical que hace llorar de la felicidad a Medellín. Y es que acá ha llovido toda la noche, pero la gente sigue hipnotizada viendo a Madonna Louise Ciccone, de 54 años, que ahora está en paños menores contorsionándose en el piso dejando boquiabiertos a los asistentes a este escenario paisa, que a duras penas tienen aliento de sacar sus teléfonos para tomarle una foto y quedarse con un pedacito de su infinita energía.

Y es que estamos todos cansados. La música empezó a las 11 de la noche, después de una hora de retraso, una hora de descarga de estrés saltando al ritmo de Paul Oakenfold, que con su música de DJ puso a bailar a todo el estadio. Además, según la propia organización del concierto, cerca de la mitad de los que estamos acá vinimos de otra parte del país. Muchos, como yo, llegamos muy temprano y nos vamos en unas horas para nuestra aburrida Bogotá a seguir trabajando. Y digo aburrida porque allá no toca Madonna ni se desayuna con arepa y chorizo.

Madonna está acabando y suena Celebration, Celebración, y es que acá todos están felices. En Medellín se prendió el tradicional alumbrado unos días antes para celebrar la llegada de la reina. Incluso el gobernador Aníbal Gaviria me dijo en una entrevista para 7/24 de Noticias Caracol que la visita de la reina le significará a la ciudad cerca de $8.000 millones adicionales en ingresos. Los hoteles, los aviones, los restaurantes y los taxis están llenos gracias a la música. La gente está de fiesta.

Pero entro en razón, mejor vuelvo a la tierra y salgo rápido porque quiero evitar el trancón en el éxodo del estadio. Finalmente mañana vuelvo a la realidad muy temprano. Afortunadamente lo logro, y conmigo centenares de personas que prefirieron salir del recinto antes de que se acabe el concierto.

Horas después, en la madrugada, prendo el radio, donde alaban todo lo sucedido, discuten si Madonna se golpeó o no en la cara e informan que la salida del Atanasio fue toda una odisea, ya que la organización decidió dejar a la gente de gramilla dentro del estadio hasta evacuar las graderías. Gracias a Dios salí antes de tiempo, pienso, aunque también digo gracias a Dios por permitirme estar en el concierto de Madonna en mi patria y en mi querida Medellín.

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