Realiza más de 30 concierto anuales en Nueva York

Alejandro Zuleta y su academia vallenata

Es pianista, organista, compositor, director y cantante, pero desde hace unos años su labor en Estados Unidos consiste en estrechar los vínculos entre la tradición folclórica colombiana y las partituras.

Alejandro Zuleta tiene una experiencia docente mayor a 14 años en universidades de Colombia y Estados Unidos. Cortesía

Más que músico, Alejandro Zuleta es un vínculo viviente entre la tradición oral del vallenato y las posibilidades artísticas de la academia. En él se dan cita elementos autóctonos que pasaron de una generación a otra gracias a las magias del voz a voz en la región del Caribe colombiano o en las áreas sabaneras, en donde el medio de comunicación por excelencia era la palabra, lo hablado y, por supuesto, lo escuchado y transmitido.

Alejandro Zuleta nació en Bogotá, pero sus nexos con el folclor caribeño son muy estrechos. Su apellido no es gratuito y de una vez remite al versátil compositor Emiro Zuleta, creador de algunas de las más importantes piezas inmortalizadas por la voz de Poncho Zuleta e interpretadas en el acordeón por Emilianito. Y aunque su generación no fue la de los juglares, sí se preocupó por conocer esa vertiente de las manifestaciones autóctonas que tanto lo motivaron a escoger la música como pasión, como profesión y, lo más importante, como estilo de vida.

La visión académica de la música la tomó de su formación en la Universidad Javeriana, en Bogotá. A pesar de estar rodeado por las obras más emblemáticas de los grandes compositores universales, nunca olvidó que su intencionalidad debía tener otro ritmo y, más bien, todos los aportes de los maestros europeos le podían servir para estructurar una propuesta cuyo objetivo fuera consolidar mucho más al vallenato en los gustos foráneos.

El vallenato ya tenía una penetración importante en el gusto global. El trabajo realizado por juglares como Rafael Escalona, Alejandro Durán y Leandro Díaz, la visibilidad al género otorgada por personajes como Carlos Vives, y el empujón desde el escenario político para cultivar ese tipo de folclor fuera de la frontera, ya tenían sus frutos. Sin embargo, para Alejandro Zuleta faltaba un condimento importante y era el aprendizaje del vallenato desde el conservatorio y su preservación más allá de la tradición oral.

Por eso encaminó todos sus esfuerzos, primero, a traducir a un lenguaje escrito ese saber ancestral que tenía su mayor asidero en el elemento verbal. Dedicó buena parte de su tiempo a transcribir lo que se escuchaba en las parrandas vallenatas, en los conciertos multitudinarios o en la radio comercial a la atmósfera oficial del pentagrama. Lo que los grandes maestros del folclor caribeño hacían por intuición, por experiencia o por saber ancestral, él quería plasmarlo en un documento oficial que trascendiera en el tiempo.

Para Alejandro Zuleta existía un material invaluable que podía perderse si su contenido no quedaba consignado en el papel. A partir de su trabajo, según su pensamiento, el vallenato no solamente tendría el impulso de la oralidad que lo había mantenido vivo y actual, sino que contaría con la ayuda del componente académico que explicaba, palabras más, palabras menos, cómo alguien sin el ingrediente del sabor en las venas podía aproximarse al folclor de manera técnica y académica.

Con más de 14 años de experiencia docente en universidades en Colombia y en Estados Unidos, donde está radicado desde hace varias temporadas, Alejandro Zuleta tiene un objetivo importante: su contribución dentro del contexto de la formación académica tradicional de las músicas occidentales en conservatorios es que el vallenato pueda ser enseñado y aprendido más allá de las fronteras de Colombia.

A partir de la transcripción a los pentagramas de aquellos patrones rítmicos, melódicos y armónicos característicos del repertorio vallenato, muchos colombianos radicados en el exterior y otros tantos extranjeros interesados en el folclor nacional han podido aproximarse a este aire autóctono tan especial para el relato cultural, social, político y económico del país.

“Alejandro Zuleta, al ser el único exponente directo del folclor vallenato que está continuamente presente en la escena musical de la ciudad de Nueva York, garantiza que sus habitantes, tanto americanos como extranjeros y colombianos, tengan esta impar oportunidad de hacer contacto directo con esta bella expresión artística del Caribe colombiano. Sin él la ciudad la perdería. Desde 2012, Alejandro ha sido una presencia continua e importante en la ciudad, con más de 30 presentaciones anuales en los más destacados escenarios de esta metrópoli”, comentó hace unos meses la Fundación Reyes y Dinastías al hacer referencia al aporte de Zuleta.

En su proceso de elaboración del pénsum vallenato, el haber establecido la hermandad entre el piano y el acordeón fue un hecho de importancia mayúscula, no sólo porque desde allí partió la urgencia de traducir el folclor a la partitura, sino porque esa relación entre los dos instrumentos le permitió al músico bogotano diseñar uno de sus proyectos más vanguardistas, el Alejandro Zuleta Vallenato Collective. Con esta propuesta demuestra que la teoría se puede conjugar fácilmente con la práctica. (...) Alejandro Zuleta, en su faceta de emprendedor cultural, tiende un puente de intercambio musical entre Colombia y Estados Unidos, con su proyecto cultural Vallenato in the Box. En 2014, después de una exitosa campaña de crowdfunding, en la cual recolectó donaciones por más de US$12.000, trajo a Nueva York al Rey de Reyes del Festival Vallenato, el maestro Hugo Carlos Granados. Durante este viaje se dio una colaboración artística con el fin de unir lo mejor del vallenato de Colombia y de Nueva York”, aseguró la misma fundación.

Con sus proyectos, Alejandro Zuleta demuestra desde la distancia que la tradición vallenata se goza... pero también se puede aprender en la academia.

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