En temporada hasta finales de mayo en el Teatro Cafam

La fea en las tablas también encanta

La exitosa telenovela inspiró una obra de teatro en la que sus actores originales vuelven a escena. La fea más famosa sigue dando de qué hablar.

Ana María Orozco (Betty) se sorprendió al escuchar la oferta y lo pensó muy bien, porque aceptar implicaba una logística grande como el cambio de país. / Cortesía

Hace tiempo que Yo soy Betty la fea dejó de ser una telenovela más, para convertirse en un suceso histórico televisivo no solo en Colombia, sino en varios países.

Por eso, pensar en una obra de teatro inspirada en esa trama era casi una obligación. De hecho, un par de años después de que la producción finalizara, se pensó en cristalizar esa idea, pero por aquella época no pasó nada. Era comprensible: cuadrar los horarios de los actores que saltaron a la fama internacional tras el éxito de la novela, resultaba bastante complicado.

Así pasaron los años y el público se tuvo que conformar con las repeticiones de la historia por RCN, con las noticias de las diferentes versiones que realizaron en varios países (Se estima que ha sido adaptada en casi 30, entre ellos, India, Alemania, Israel, Croacia, Holanda, Estados Unidos y Vietnam), o incluso con la serie de dibujos animados. Durante estos 17 años transcurridos, la relación de don Armando y Beatriz Pinzón ingresó en el libro Guinness Récords al ser declarada en 2010 la telenovela más exitosa de todos los tiempos. Su creador, Fernando Gaitán, se convirtió en un referente obligado cuando se habla de productos televisivos exitosos. Parecía que hasta ahí había llegado Betty. Todos los capítulos de la famosa pero fea economista habían sido escritos.

Logrando lo imposible

El año pasado Natalia Ramírez, quien interpretó a Marcela Valencia, la antagonista de la novela y quien además de actriz es una empresaria de teatro, invitó a comer a Fernando Gaitán para proponerle que se aventuraran a montar la obra con los actores originales. Algo bastante complicado, para algunos imposible si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la protagonista reside en Argentina. Aun así y como se dice popularmente, el universo conspiró y uno a uno los actores empezaron a aceptar. En el caso de Julián Arango, quien regresa a su divertido Hugo Lombardi, tenía todas las dudas sobre interpretar al diseñador, pero cuando supo que Ana María Orozco aceptó, él ya no tuvo ninguna objeción al respecto.

Jorge Enrique Abello, por su parte, admite que también vaciló, pero “llegó un momento en que no pude decir que no, porque estábamos todos. Se convirtió en una aventura que no me podía perder”.

Ana María Orozco se sorprendió al escuchar la oferta y lo pensó muy bien, porque aceptar implicaba una logística grande como el cambio de país y la estancia en Colombia. “Esto es un regalo, lo agradezco y lo disfruto”. Confiesa que volver a ser Betty no tuvo mayor complejidad, porque ese personaje es parte de ella y ahí está.

Fuera de la pantalla

Para Mario Ribero, el desafío iba más allá de reunir a los actores para que refrescaran las personalidades de sus roles en la novela. Para él, el reto era lograr una pieza completamente teatral. “Yo hago teatro desde hace muchos años, para mí el teatro es el amor, el cine la pasión y la televisión el sustento. Aquí la mayoría son actores de televisión y lo que quería era lograr una obra teatral y no televisiva. No me interesaba traer escenas de la pantalla a las tablas, quería una obra que tuviera vida propia, que pasado el tiempo la gente se preguntara qué fue primero, la obra o la novela”.

La historia en las tablas, escrita por el mismo Fernando Gaitán, la define Jorge Enrique Abello como ese capítulo que nunca se vio. En el escenario están casi todos los que estuvieron en la novela: Ana María Orozco, Jorge Enrique Abello, Natalia Ramírez, Jorge Herrera, Marcela Posada, Lorna Paz, Martha Isabel Bolaños, Paula Peña, Estefanía Gómez, Julio César Herrera y Alberto León Jaramillo. Como actor invitado está el protagonista de La ley del corazón, Luciano D’Alessandro, quien interpreta a un empresario italiano que salvará a Ecomoda de la quiebra. Y Jairo Ordóñez interpreta a Nicolás Mora. Mario Duarte, quien le dio vida a Mora en la telenovela, es el gran ausente.

Desde la butaca, lo que se vive viendo la obra es atípico. Aquí los aplausos no son al final o después de una escena divertida, la ovación es continua desde el mismo comienzo y se repiten cada vez que sale por primera vez cada personaje. Cada función es como asistir al reencuentro de dos viejos amigos que creían jamás se volverían a ver: el público y el elenco. Los aplausos se extienden en cada situación divertida que les recuerda a los asistentes por qué fue un éxito y ese tinte de humor que tenía la protagonista para reírse incluso de sí misma, se mantiene. De ahí que la obra, pensada para hora y media, puede tardar perfectamente dos horas y diez minutos. Según Mario Ribero, no pueden simplemente seguir, sino que deben parar por momentos mientras el aplauso termina.

La temporada de Betty va hasta finales de mayo en el Teatro de Bellas Artes de Bogotá y como era apenas lógico ya hay llamadas de otras ciudades e incluso varios países que quieren tenerlos. Los actores lo ven viable. “Yo con ellos iría a muchas partes, son mi familia”, dice Abello. Julián Arango, bastante práctico, complementa. “Yo estoy abierto, lo que pasa es que hay que vivir de esto, porque tiene que ser bien pago, por amor al arte no lo va a hacer nadie”.

La pregunta siguiente sería ¿qué más hay por hacer con la exitosa Betty? ¿Una película? Muy factible. Julián terminó revelando que él y Mario Duarte escribieron una historia para cine, “lo que pasa es que nadie nos copió, pero ahí está, sería buenísimo”.