El proyecto se lanza el domingo en la Feria del Libro

Cuentos para soñar con cambiar el mundo

Maritza Abreo creó una colección de libros infantiles sobre casos de emprendedores sociales. En el primero se cuenta cómo una colombiana logró que las niñas no desertaran del colegio en Uganda.

Maritza Abreo trabajó en conjunto con el escritor Alexánder Cortés Zamora y la ilustradora Carolina Rodríguez Fuenmayor. / Cristian Garavito

¿Cómo surgió la colección “Érase una vez en la vida real”?

En el 2014 estaba en Francia y allí creé un colectivo de emprendedores. Organizábamos reuniones a las que llevábamos personas que habían hecho realidad proyectos sociales de alto impacto, para que compartieran sus historias y respondieran preguntas prácticas. El efecto fue muy positivo y empezamos a soñar con llevar esa experiencia a los niños.

¿Por qué escogieron el formato de libro álbum?

En un viaje a Barcelona cogí un cuento para niños y me di cuenta de que esa era la forma. Cuando regresé a Colombia me encontré con el escritor Alexánder Cortés Zamora, le conté del proyecto y se unió de una. Le dije que todas las historias de emprendimiento social que habíamos reunido me gustaban mucho, pero que debíamos empezar.

La colección arranca con un libro sobre la diseñadora industrial Diana Sierra. ¿Cuál es su historia?

Ella creció en un municipio cafetero que se llama Santuario. Su familia sufrió muchos problemas por la broca, en los ochenta, y ella se ganó una beca para estudiar en los Andes. De allí se fue a Nueva York y trabajó para una agencia de diseño, y a los 30 años decidió hacer otra cosa y se metió a estudiar diseño sostenible. Luego se fue para África, a trabajar allí.

¿En qué consistió su trabajo en Uganda?

Su primer proyecto fue una joyería para una marca de ropa. Allí las niñas empezaron a pedirle trabajo y gracias a eso supo que estaban dejando el colegio. En Uganda hay un estigma sobre el ciclo menstrual y ellas dejaban de estudiar porque no podían evitar que su uniforme se manchara y fueran objeto de burlas.

¿Cuál fue el emprendimiento social que inspiró esa situación?

Al principio, Diana diseñó un pedazo de tela que se rellenaba con cualquier cosa, para evitar las filtraciones. El problema era que las niñas no tenían pantis. Eso la hizo volver a empezar, hasta que diseñó ropa interior con unos bolsillos que detienen el flujo. Con eso no sólo creó un objeto sino que, en últimas, ayudó a solucionar un problema de acceso a la educación.

¿Qué hizo que la historia de Sierra fuera la primera de la colección?

Me pareció importante porque empieza en Colombia, sigue en Estados Unidos y luego termina en África. Creo que eso derriba la idea de que el emprendedor social debe partir del hemisferio norte para enseñarle a gente del sur. Las regiones con dificultades pueden surgir de sociedades con problemas que ellos mismos van a resolver.

¿Quién es el personaje del próximo libro?

Vandana Shiva es una mujer que me encanta, y tengo muchas ganas de que ella protagonice el segundo libro de la colección. Es una activista de la India que trabaja por defender la tierra y el derecho que tenemos a sembrar cualquier semilla.

¿Por qué es importante que los niños y niñas tengan acceso a estas historias?

Para las emprendedoras, las cosas son un poco más difíciles que para los hombres. Las mujeres a veces tienen menos seguridad, les gusta hablar menos en público. Todos esos problemas que afrontamos como adultas vienen de nuestra infancia y son algo que debemos resolver entre hombres y mujeres, aprendiendo a convivir y admirarnos los unos a los otros.

¿Cómo se ha financiado la producción de los libros?

El proyecto se concreta gracias a una campaña de crowdfunding en la que les dije a muchas personas del mundo que íbamos a hacer los libros en inglés, francés y español. Muchos se unieron para poderles ofrecer a sus hijos otro tipo de historias.

¿Dónde se pueden conseguir los libros?

Estamos buscando distribuidores, pero por ahora vamos a estar en el pabellón de Francia en la Feria del Libro y en la página web de Pitaya Ediciones. Queremos que en un futuro las librerías de cada ciudad puedan contar con nuestro libro y nos gustaría que los ejemplares llegaran a las bibliotecas rurales.