Leo Macías colecciona obras propias y de otros creadores

El coleccionista colombiano que convierte apartamentos en galerías de arte

El caleño, Leo Macías, es publicista y artista plástico que ha dedicado su vida al arte. Sus galerías están en Bogotá, Sao Paulo y Nueva York.

Leo Macías colecciona santas y vírgenes: tiene más de mil figuras religiosas repartidas en sus galerías. / Cristian Garavito.

¿Por qué una galería de arte dentro de un apartamento?

Al principio fue accidental, pero me di cuenta de que ese accidente fue cosa del destino. Conocí un búnker llamado Boros Collection, en Berlín, que es de un señor que tiene su obra y vive ahí; pensé hacer eso en mis proporciones y fue la mejor solución. Acá le que el arte puede estar también en sus hogares, además, visitar la casa de alguien es la mejor forma de conocer a una persona.

¿Qué recuerda de las visitas a sus apartamentos - galerías?

Me visitaron unas estudiantes en Sao Paulo, un domingo a las 11 de la mañana. Fue una sorpresa porque estaban felices y me mostraron su agenda cultural: iban para el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo, Tabú Cultural y Apart, eso fue un regalo de la vida porque pusieron mi galería al lado de esos dos grandes museos.

¿Cuántas piezas tiene en su galería de Bogotá?

Hay 60 piezas, 15 mías y las demás son de mi colección personal, hechas por otros artistas. Hay más en Sao Paulo y otras en Nueva York, son cerca de 300 en total. Yo alimento mis pasiones, por eso colecciono arte, compro obras que conversan conmigo.

¿Cómo comenzó en el arte?

El arte es una de mis pasiones que la llevo en paralelo con la publicidad. Crecí influenciado por el arte en mi familia y definitivamente mi vena se fue por ese lado. Cuando me fui a vivir a Brasil sentí la necesidad de tener algo que oxigenara mi carrera y encontré eso en el arte, pinté, experimenté con materiales y texturas hace 17 años.

¿Cuándo sintió que era un artista?

Cuando las personas comenzaron a ver mi trabajo porque, si no lo mostraba, era algo muy mío. Un libro cerrado es solo un pedazo de papel y lo mismo pasa con el arte: necesita de los comentarios de la gente y sus interpretaciones. Con mi primera exposición en Sao Paulo, llamada Tercera resurrección, hace diez años, pensé: “caramba, les gustó”, y sentí que era un artista.

Sao Paulo es su cuna artística, ¿qué le dejó esa ciudad?

Viví allá 20 años, es como mi casa, mi vida la hice allá. Me trajo mucha inspiración porque Brasil es un país de gran tamaño que tiene muchas culturas en un mismo lugar y toda esa riqueza me la alimentó. Se trata de una ciudad que no para.

¿Cuál ha sido el momento más difícil?

Producir y que nadie vea la obra porque no tengo dónde exponerla. Es un momento solitario, no quería vender, sino crear, necesitaba que las personas vieran mi arte, pero no tenía dónde. Hay pocas galerías, es un circuito cerrado y muchas personas hacen un trabajo muy bueno para presentar en estos lugares.

 ¿Hay escenarios suficientes para los artistas plásticos en Colombia?

El mercado de arte crece, no es lo suficiente, pero hay iniciativas buenas. Espacios como la Feria del millón o Artbo han abierto puertas a artistas y traído muchas miradas al país. El modelo que yo tengo, una galería de arte dentro de un apartamento, que permite mirar una obra y tener la oportunidad de comprarla, abre más las puertas porque antes era algo muy selectivo. No hace mucho dinero para tener una obra en casa.

¿Recuerda momentos de gran felicidad con su oficio?

Hay dos. Cuando abrí mi propia galería porque me permitió mostrar mi trabajo en un espacio que al mismo tiempo mi casa y que le abría la posibilidad a personas que, como yo, no tenían esa oportunidad; fue una alegría fantástica. El segundo fue hacer mi primera exposición en Colombia porque después de 20 años viviendo fuera debía rendirle un homenaje a las dos culturas que tengo en mí.