Íngrid Macher escribió el libro “De gordita a mamacita”

La belleza está en la salud

Con 44 años es mamá de Paula y Mía, esposa, deportista y convencida de que los 40 son los nuevos 20. Dice haber sido “una gordita feliz”.

Íngrid Macher se define como una mujer que invita a tener un estilo de vida saludable con la combinación de la buena alimentación, el deporte, el control del estrés, el buen descanso y el amor propio. / Mauricio Alvarado - El Espectador

¿Por qué se fue para Estados Unidos a los 19 años?

Me fui con una maleta cargada de sueños, porque desde pequeña quería ser artista. Había una película de Pedrito Fernández llamada La niña de la mochila azul, donde había una niña que quería ser artista; yo era como ella, y esa era mi inspiración.

Usted cambió su estilo de vida a los 37, ¿por qué?

Fui una gordita feliz hasta que quedé embarazada de mi segunda hija, Mía, y me dio por consumir lácteos y ciertas comidas. Un 24 de diciembre tuve una mala pasada y estuve sin vida por unos minutos. Después, en 2008, mi esposo y yo quedamos en la quiebra. Cambié y acepté la misión que Dios me dio, enseñarles a otras mujeres a ser íntegras.

¿Dios es muy importante en su vida?

Sí. Ser cristiano no es una tarea fácil, pero todo lo que soy es un testimonio para su honra. Espero que quien abra mi libro recuerde que Él todo lo puede hacer. Sufrí acoso cuando era pequeña y bullying, pero nada me detuvo.

¿Qué busca comunicar con “De gordita a mamacita”?

De gordita a mamacita es un título juguetón. Es un libro que busca mostrarles a las mujeres que, aunque seamos flacas por fuera, siempre llevamos a una gordita por dentro, un obstáculo que no nos deja ser felices. Quiero mostrar cómo puedes empezar a quererte a ti misma, cómo entender todo lo que está pasando en la nutrición moderna.

En su libro invita a “ser irresistiblemente sana, ¿ser sana permite dar ese paso, “de gordita a mamacita”?

Mi mensaje es que todas podemos ser mamacitas sin importar el tamaño de los pantalones que tengamos, porque ser sanas es lo más importante. No se trata del tamaño de los músculos o de ser gorda o flaca, sino de tener el colesterol bajo o la presión arterial en el nivel adecuado.

¿Cómo define una vida saludable?

Ese momento en el que te levantas de la cama sin tener que poner la alarma 30 veces, con esa energía que caracteriza a las mujeres y ese poder de agradecimiento con Dios. Es tener la disponibilidad para empezar a amar a la persona más importante de este mundo: tú misma, y poder proyectársela al resto de las personas que te rodean. El amor propio es el punto de partida para lograr los cambios.

Usted escribe para mujeres que quieren hacer cambios, ¿todas pueden hacerlo?

Fui una mujer fitness hasta que cumplí 37. Tuve a mi hija Mía y me obligué a ser saludable porque todos tenemos el poder de transformar nuestro cuerpo, si así lo queremos. Hay mujeres que toman la actitud de que a cierta edad ya la vida se acaba, dejan de quererse y se esconden detrás de máscaras para justificar las malas acciones que tienen con su alimentación.

¿La mujer debe ser su propia motivación?

La mujer es el centro de la familia, a la que Dios le ha dado el papel más importante. Ella no sólo pasa los valores, sino que tiene el control de la olla. Es la que decide si su hijo va a ser verde o estará lleno de comida chatarra, porque es la que le enseña a comer vegetales o le da papas fritas por la pereza de cocinar.

¿Qué es lo que su cuerpo más le agradece hoy?

Dejar el café y la gaseosa. Cuando los dejé, y empecé a tomar agua, mi piel cambió, mis arrugas se fueron, me volví una mujer renovada, más joven y espiritualmente me sentí muchísimo mejor que cuando comía eso que me hacía estar mal todo el tiempo.