“Un amor líquido” es su segunda novela

La experiencia de ser madre en el siglo XXI

Carolina Vegas decidió escribir sobre su maternidad. Considera fundamental que las mujeres puedan tener abortos seguros y ve en la crianza de los niños una responsabilidad de toda la sociedad.

Carolina Vegas es periodista y ha trabajado como consultora de la ONG Women’s Link World Wide. / Óscar Pérez

Su libro es una historia sobre embarazo, parto y crianza. ¿Por qué es importante que una mujer ponga esos temas sobre la mesa?

Creo que las historias de mujeres deben ser contadas por nosotras mismas. Ser mujer, además de estar cubierto por un velo de divinidad que viene de unos estereotipos inalcanzables, siempre ha sido narrado por hombres. De las cosas más subversivas que podemos hacer es contar nuestras historias, no desde esa idealización, sino desde una realidad concreta.

Eso implica hablar sobre lo que deja el embarazo en el cuerpo. ¿Qué hace tan difícil abordar ese tema?

Hay un tabú sobre la parte fea de la maternidad. Sentimos que nos van a juzgar si nos atrevemos a hablar de eso, pero tenemos que contar nuestras historias como son. Después del trauma que significa un parto, verse desbaratado, con las tetas chorreando leche y con el cuerpo completamente inflamado, es muy difícil, sobre todo en una sociedad en la que vemos a Heidi Klum modelando a los dos meses de haber parido.

¿Cómo se pueden combatir las presiones culturales que pesan sobre las mujeres?

La única manera de que haya un cambio real en la sociedad es cambiar el modo como criamos a nuestros niños y niñas. Son cosas tan sencillas como que si a un niño le gustan las muñecas, no le digan que esos juguetes no son para él, o que si a alguien le gusta el fútbol, no le digan que eso es de hombres.

¿Qué relación tiene el machismo con el modo en que las mujeres son tratadas por el sistema médico?

En Colombia, un parto es una de las cosas menos dignas por las que puede pasar una mujer. Además, todas las dolencias femeninas han sido relegadas al ámbito de la histeria y hay un discurso que dice que “ser mujer ha de doler”. Eso hace que no nos paren bolas. Por ejemplo, tomó 20 años para que descubrieran que yo tenía endometriosis, lo que era absurdo porque desde mi primera regla venía quejándome y lo único que siempre recibí como respuesta fue que eso era así y punto.

¿Eso también se ve en la manera como se hace ciencia?

Una pastilla o inyección anticonceptiva tiene al menos 20 efectos secundarios y nunca nadie se ha propuesto hacer algo para reducirlos. Mientras tanto, pasan cosas delirantes, como que empiezan aprobar una droga anticonceptiva para hombres y, porque a un par le dio un poquito de mareo, se canceló la investigación.

Usted dice que no se puede obligar a nadie a ser mamá...

Creo que las personas “pro vida” son más bien “pro feto”, porque no se preocupan mucho por la crianza que van a recibir los bebés en un hogar sin amor y sin recursos. Tampoco se preocupan mucho por la vida de las mujeres, que merecen una salud sexual y reproductiva de calidad. Todas deberían tener el derecho a tener abortos legales y seguros.

¿Cuáles son las consecuencias de las fallas en la educación sexual?

La última encuesta de Profamilia dijo que más del 50 % de los embarazos en Colombia son no deseados. Hay que preguntarse qué sociedad estamos construyendo si más de la mitad de los bebés que nacen todos los días son personas que nadie quiso tener.

¿Qué le dice su libro a quien no esté interesado en la maternidad?

La crianza es algo que involucra a toda la sociedad y es una responsabilidad de todos, porque implica qué tipo de ciudadanos vamos a poner en la calle el día de mañana. Este libro es para que lo lea cualquiera, no sólo porque, al final del día todos nacimos de una mamá, sino porque todos estamos involucrados en este proceso.