Estrenó el rémix de “La mujer que bota fuego”, con Natalia Jiménez

Manuel Medrano quiere curar almas con su música

El cartagenero habla de la inspiración y de los planes que se ha trazado. Considera que sus manos son un tesoro, por eso tiene el tatuaje de una corona en uno de sus dedos.

Manuel Medrano tiene ocho tatuajes de cosas que lo inspiran: naturaleza, animales y mujeres. / David Henao

¿Cómo llegó al rémix de “La mujer que bota fuego”?

Nuestras compañías disqueras nos presentaron a Natalia Jiménez y a mí. A ella le gustó la canción, aceptó la invitación y nos encontramos en el estudio para grabar, donde hicimos mucho match. Natalia es una persona con una energía divina y como artista es talentosísima. Se conectó muy bien con la canción.

¿De dónde viene la composición?

Todas las canciones se las escribo a mis novias. La mujer que bota fuego, en particular, es una canción de amor, sensual y erótica, pero tiene un trasfondo sobre el poder y la fuerza de la mujer, porque para mí todas botan fuego. Son trabajadoras, madres cabeza de familia y tienen un gran impacto en uno como hombre.

Para usted, ¿quién es la que más bota fuego?

Mi mamá. Ella ha acompañado mi proceso musical, siempre ha estado firme junto a mí y yo le debo toda la carrera a ella. Fue la persona que más influenció en mí para entrar en la música cuando me introdujo a la guitarra. Ella es muy melómana.

¿Le ha escrito canciones a su mamá?

No, todavía no. Espero hacerlo en algún momento.

¿Por qué le canta al amor?

Me gusta, es lo que más me inspira. Cuando me siento a escribir es lo que sale automáticamente. Le escribo al amor y a todo lo que rodea una relación de pareja. Cada vez que voy a componer tengo un propósito, porque siento que la música cura. Mi negocio es venderle medicina a la gente para que calme sus heridas, encuentre un refugio, escapatoria o lo que sea que necesite.

¿Cuál es su propósito?

Uno de niño siempre quiere salvar el mundo. Cuando era pequeño tenía también esa ilusión, pero no sabía cómo iba a hacerlo. Ahora no quiero cambiarlo, pero sí aportar algo y eso lo hago por medio de mis canciones, que son el granito de arena que le aporto a la sociedad.

¿Cuando era niño pensó que sería cantante?

Antes de que me regalaran la guitarra, no. Tampoco sabía que iba a ser, pero sí tenía muchas cualidades artísticas, más que en los deportes u otras cosas. Las manualidades, artes plásticas y dibujos eran lo mío. Luego recibí la guitarra. De entrada no me convenció, pero con el tiempo me fui conectando.

¿Es cierto que esa guitarra fue un castigo que le dieron?

Más o menos, esa historia la cuentan mal. A los 14 perdí un año del colegio, octavo, y no me iban a regalar nada de Navidad. Quería un gameboy, entonces el castigo fue que no me lo dieron, pero se compadecieron de mí y me regalaron una guitarra.

¿Cuáles son sus planes?

Seguir haciendo música. Realizar canciones cada vez más chéveres, que conecten a la gente y que cumplan el propósito de curar almas. Quiero divertirme y que se diviertan conmigo.

¿Le gustaría colaborar con algún artista?

Si se alinearan los planetas para que otro artista grabara una de mis canciones, me encantaría que fuera Beyonce, Bruno Mars o Rihanna.

¿Pueden esperar sus seguidores un nuevo álbum?

Aún hay que darle la oportunidad al disco que tengo en este momento para que más personas lo conozcan, es un trabajo relativamente joven que se acaba de ganar dos Grammy. Va a haber más, pero es un proceso difícil.