Riaño, comediante desde pequeño

Alejandro Riaño hace parte de "Comedia a la carta", evento que reúne a 18 comediantes en un mismo escenario: El pórtico.

Alejandro Riaño está en el stand up “Comedia a la Carta”. / Óscar Pérez - El Espectador

Comenzó en la comedia a los 13 años.

Muy chiquito vi a Julián Arango y a Antonio Sanint en un lugar que construyó mi abuelo, donde hoy hacemos Comedia a la carta, y sentí el deseo de hacer lo mismo. Con el tiempo hice un montaje llamado Estupideces para reír con un amigo del colegio, fui pupilo de Andrés López y luego me independicé.

¿Representó algo compartir escenario con sus referentes?

Totalmente. Recuerdo que cuando tenía quince años les abría los shows. Como era en un bar me tocaba hacer la presentación e irme. Tomé un taller con ellos también y son ahora las personas con las que trabajo todos los días. La vida cobra sentido cuando uno se apasiona por lo que le gusta y, de verdad, persigue sus sueños.

¿A quién le contó su primer chiste?

A mi familia en diciembre. Pero no era un chiste como tal, sino que hacía imitaciones y personajes. Mi familia es bien divertida, porque todos hacemos actos y molestamos. Ellos me decían que viviría de “mamar gallo” y creo que tuvieron razón.

¿Recuerda la mayor crítica que le han hecho?

Mi papá era escultor y fue quien me metió en el mundo del arte y del teatro. Una vez fue a una presentación en el que todo el mundo se reía, pero él no. Me dijo que lo había logrado porque le había puesto a los chistes morbo y doble sentido: “trata de encontrar siempre el humor fino para poder salir por la puerta grande”.

¿Le ha hecho caso?

Sí, le he bajado mucho al doble sentido. Por ejemplo, Cada niño con su boleta lo presento desde en colegios para niños de primaria o secundaria, hasta en lugares con un público adulto.

¿Cuál es la presentación que más recuerda?

Hace seis o siete años tenía que presentarme en un club de golf donde no había tarima, ni orden y el público estaba lejísimos. Llamé a mi mamá –la llamo para todo– y me aconsejó hacerlo, aunque no quisiera. Cuando comencé, todos los señores empezaron a hablar entre ellos, me quedé en blanco y no sabía de qué hablar. Al final, los que me habían contratado me pidieron ayudar con el bingo.

¿Qué del país le parece una comedia?

La política y quienes nos gobiernan. Es un desastre, ellos son los mejores comediantes, deberíamos hacer una temporada de Comedia a la carta de políticos con micrófono abierto y tomates para echar tomatín venteado porque es muy triste tener un país como este, con tanta riqueza y tan pobre de pensamiento.

¿La comedia puede ayudar a cambiar esa realidad?

Totalmente. Por medio de la comedia tú entiendes más porque cuando te diviertes estás captando de alguna manera el mensaje. No sé qué tanto valga la pena en un país como este con ejemplos como el de Jaime Garzón o lo que acaba de pasar con Daniel Samper. Tú sales y dices algo y ya la gente por internet te quiere matar, te preguntas, ¿sí vale la pena? Es muy triste.

¿El país necesita de la comedia?

En Colombia cada vez hay más comediantes, no los veo como una competencia porque los necesitamos. No solo a ellos, sino también otros espacios culturales como el cine y el teatro porque el arte es la única forma de sensibilizar a los seres humanos.