Clara Llano, antropóloga del cuento

Sus vivencias en el Valle del Cauca y la costa del Pacífico se filtran a través de ficciones donde los silencios fortalecen la narrativa y se explora la crueldad infantil.

María Clara Llano es graduada de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional. Descubrió que quería dedicarse a la literatura cuando vivió en Barcelona. / Cristian Garavito - El Espectador
María Clara Llano es graduada de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional. Descubrió que quería dedicarse a la literatura cuando vivió en Barcelona. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Cómo fue su llegada de Cali a Bogotá?

Terminé el colegio muy joven y llegué a Bogotá a estudiar en la Universidad de los Andes. Fue una época de libertad. Salí de la casa de mis padres y de un colegio un poco opresivo. También me alejé de una sociedad caleña que vive muy pendiente de la belleza de las mujeres y cerrada. Para mí Bogotá representó la libertad y el anonimato.

¿En qué momento apareció la literatura?

Me fui a hacer un doctorado en geografía humana en Barcelona, pero no me gustaba mucho. Empecé a leer literatura un verano en el que uno no podía salir a la calle por el calor que hacía. Allí me di cuenta de que necesitaba hacer algo más creativo que lo que venía haciendo hasta entonces.

¿Qué libro le marcó esa época?

Recuerdo mucho que leí Don Quijote de la Mancha. Antes no había tenido mucho contacto con la literatura y me lo imaginaba un libro muy serio, para el público culto. Me di cuenta de que es una obra de aventuras genial y desde ese momento pensé en dedicarme a escribir.

¿Por qué se había dedicado a la antropología?

El mío fue un largo paseo por la vida. Empecé estudiando ingeniería de sistemas, pero me pasé a antropología porque prefería las humanidades y me apasioné por la paleontología. Después de graduarme y antes de ir a Barcelona, trabajé cerca de diez años con comunidades negras en el Pacífico y con los departamentos administrativos de medio ambiente de Bogotá y en Cali.

¿Cómo fue el proceso de creación de sus primeros textos?

En Barcelona empecé a pensar temas y comencé a escribir. En ese entonces me interesaba mucho la estafa de las pirámides que ocurrió en todo el país. Mi primera novela fue una parodia de ese episodio y para prepararla comencé a leer Milan Kundera con El arte de la novela, Los testamentos traicionados, cosas un poco más teóricas o ensayísticas de lo que era la literatura.

¿Cuándo surgió su último libro?

Maleza nació cuando cursé la maestría de narrativas creativas en la Universidad Nacional. En el libro quería estudiar la crueldad y por eso en un principio traté de hacer algo sobre la guerra. Sin embargo, ese tema no era tan cercano a mis experiencias y por eso comencé a pensar en la crueldad en la niñez y cómo la ejercen, sobre todo, en grandes grupos de niños.

¿Funcionan los programas académicos de escritura creativa?

Para mí fue un proceso en el que me empujaron a escribir con disciplina y en el que el contacto con otros escritores lo nutre a uno mucho. Si uno quiere encontrar un camino para su propia escritura y quiere pasar por un proceso de crítica, es lo indicado, aunque puede resultar muy duro para el ego.

¿Cuándo decidió que “Maleza” fuera un libro de cuentos?

En la maestría que hice, uno se puede graduar haciendo una novela, un libro de cuentos, una obra de teatro o un guion. Estar allí significaba estar ante la necesidad de escribir y entender cosas tanto de mí misma como del trabajo literario. Me fui dando cuenta de que me gusta escribir corto y que la novela no es lo mío.

¿Cuál fue el primer cuento que escribió para el libro?

Estaba presionándome para crear algo y lo primero que me vino fue uno de los cuentos del libro que se llama Intrusos, que es sobre unos niños que encuentran en una finca a unos ratones. Mi idea no es mostrar que existe una crueldad innata en ellos, sino que tienen una curiosidad que no conoce límites.

¿Por qué se llama “Maleza”?

Es parte de la función de un escritor tratar de entretener y llegar a la emoción y al sentimiento. Por eso traté de mantener una unidad estética y temática a lo largo del libro. Se llama Maleza, aunque a mí me pareció un poquito rudo, porque es lo que crece sin cuidado y connota un poco la maldad sutil de la que habla el libro.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Fue un proceso muy largo de nueve años. Una persona práctica se moriría de la risa porque me tardé mucho. Por lo general, empiezo con una imagen o un recuerdo y después escribo mucho sobre el tema y lo exploro desde el punto de vista de varios narradores hasta quedarme con uno.

¿Qué viene después de “Maleza”?

Trabajo en otro libro de cuentos. Tengo muchas historias sobre el amor y las relaciones de pareja. Me gustan los amores difíciles de la juventud, pero también se me está abriendo el panorama a otras cosas y la idea puede evolucionar mucho hasta que esté lista.

Temas relacionados