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Un chat con... 7 Nov 2012 - 9:00 pm

Exembajador de Estados Unidos ante la ONU dice que nunca renunció a ser libre

De refugiado a diplomático

Sichan Siv, la historia de cómo logró sobrevivir en la guerra de Camboya y luego trabajar para la Casa Blanca.

Por: Daniela Franco García
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Sichan Siv considera que su primera visita a Colombia es uno de los momentos más importantes de su vida./ Luis Ángel

¿Por qué “Huesos de oro”?

En Camboya esta expresión hace referencia a una persona que tiene mucha suerte y está bendecida. Eso traduce mi historia.

Colombia y Camboya han sufrido episodios de violencia. ¿Cómo ir más allá de la guerra?

Mi madre siempre decía: “Sin importar qué ocurra, jamás pierdas la esperanza”. Camboya es el país que más ha sufrido la muerte y la destrucción, su población total era de seis millones y, de éstos, dos millones de personas fueron asesinadas. Como en Colombia, que existen problemas de impunidad, corrupción e injusticia, pero al igual que mi país avanza en la dirección correcta. En 1983 Colombia fue el primer país que visité en Latinoamérica, una experiencia muy importante y durante mucho tiempo fue el único referente que tuve de este continente.

¿Cómo logró usted sobrevivir a esto?

Lo único que me quedaba era la esperanza que mi madre había implantado en mí. Camboya bajo el dominio de este grupo se volvió un sitio de trabajo forzado, además de una tierra de sangre y lágrimas. Escapé y anduve tres semanas en una bicicleta, conseguí un trabajo en el que me daban un plato de sopa rancia y me acostaba sin la seguridad de levantarme vivo al día siguiente. Sin embargo, la clave fue que al despertar siempre tenía la idea de buscar mi libertad, aunque fui sentenciado dos veces a morir.

¿Cómo se convirtió en embajador de EE.UU.?

Tuve suerte (risas). Cuando escapé de Camboya, después de muchos tropiezos, llegué a Estados Unidos con dos dólares en el bolsillo. El destino me llevó a conocer a George Bush padre, quien decía que la mía era una historia increíble y así me volví muy cercano a la familia Bush. Después trabajé en la Casa Blanca con George Bush padre, y su hijo —siendo presidente—, me nombró como embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

Hace poco fue el juicio contra el líder del Jhemer Rouge. ¿Qué sintió al revivir ese episodio doloroso de la historia de su país?

El primer veredicto fueron 19 años de prisión y, el siguiente, cadena perpetua. Este juicio para mí y para los camboyanos fue una bofetada en el rostro, lo mínimo que esperábamos era la pena de muerte. Llevar a juicio a Jhemer Rouge y otros líderes de esa época fue un proceso muy largo y costoso, US$150 millones aproximadamente sólo para juzgar a seis personas. Para mí esa suma podría haber sido invertida en escuelas, hospitales y en entrenamiento de enfermeras y profesores para una nación en crecimiento.

¿Se siente responsable (gracias a su participación en EE.UU. ) de la paz en Camboya?

Aunque en mi trabajo en la Casa Blanca no estaba encargado de Camboya, el Departamento de Estado sabía que yo conocía la situación en mi país mejor que cualquier otra persona, por lo que de manera implícita fui parte de ese proceso. Cuando se llevó a cabo el acuerdo de paz, James Baker —quien representó al gobierno estadounidense— me entregó el esfero con el que se firmó este pacto, como un gesto simbólico, pues conocía mí historia y mi labor para llegar a esta situación.

¿En algún momento lo criticaron por no tomar ventaja de su posición de alto rango en la Casa Blanca para promover los intereses de Camboya?

Las principales preocupaciones del pueblo camboyano son tener un plato de comida, llevar sus hijos a la escuela y tener una casa. Ya no les interesa lo que va a pasar con las personas que están enjuiciadas. Por eso tendría más sentido ayudarlos con esas necesidades. Mi trabajo en realidad era representar a Estados Unidos en asuntos más generales, hambre, pobreza, las condiciones de las mujeres, tráfico de personas, catástrofes ambientales y la seguridad internacional. Cuando Camboya aparecía en esos temas, quien debía trabajar por el país era el embajador que lo representaba..

¿Volvería a vivir en Camboya?

Ahora vivo en Texas con mi esposa Martha. Si se trata de ayudar, puedo hacerlo sin vivir allí. De hecho, estando afuera creo que podemos colaborar un poco más.

¿Cuál es el momento más importante de su vida?

Tengo más de uno. Cuando llegué a Estados Unidos, luego mi visita a Colombia, conocer y casarme con Martha, mi llegada a la Casa Blanca, ganarme una beca para hacer una maestría en Asuntos Internacionales en la Universidad de Columbia y mi nombramiento como embajador.

En marzo de 1992, después de todos estos sucesos, volvió a visitar Camboya. ¿Con qué se encontró?

Fue un retorno muy emotivo. Antes de irme caminé a través de la selva tratando de salvar mi vida y dieciséis años después volví como asistente del presidente de la República en un avión del gobierno. No reconocí nada, todo era nuevo para mí, me tomó algún tiempo procesar todo lo que estaba viviendo.

¿Cómo se describe?

Como una persona llena de esperanza, optimismo y esperanza. Cada uno de nosotros podemos hacer muchas cosas, pero juntos podemos hacer más.

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