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Un chat con... 16 Mayo 2013 - 10:00 pm

El pianista chino Lang Lang está en Colombia

"No soy un artista de 'crossover'"

Está catalogado como el pianista más importante de la actualidad. En Bogotá ofrecerá un recital y en Medellín tocará al lado de la Orquesta Filarmónica de la ciudad.

Por: Juan Carlos Piedrahíta B.
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Lang Lang asegura que con su estilo ha logrado atraer un tipo de público que le huía a las interpretaciones anticuadas. / Óscar Pérez

Ahora, con una carrera consolidada, ¿la música significa lo mismo para usted que a los tres años, cuando empezó a tocar piano, y a los nueve, cuando ingresó al Conservatorio de Pekín?

Decidí ser pianista desde muy niño y mi sentimiento por la música no ha cambiado mucho desde entonces. La música me ha ayudado a ser mejor persona. Creo que lo que se ha modificado en todos estos años es que se han reducido mis horas para practicar. Cuando estaba empezando, tocaba todo el día.

Usted realiza más de 130 conciertos al año, incluyendo obras que han sido interpretadas una y otra vez. ¿Cómo hace para que el mismo repertorio suene distinto cada vez?

Tengo un repertorio permanente y el tiempo cada vez es más corto para aprender obras nuevas. Aprovecho cada minuto durante los viajes terrestres y aéreos para conectarme con la música. Lo que pasa ahora es que aprendo mucho más rápido y con una precisión asombrosa. Con todos estos conciertos, he aprendido a memorizar muy rápido porque el tiempo de práctica es menor.

Lo han acompañado en vivo las orquestas más importantes de la escena clásica. ¿Prefiere actuar en compañía de esas grandes orquestas o le gusta más tocar recitales para piano solo?

Ambos escenarios son muy distintos. Estoy muy feliz porque en Colombia voy a tener la oportunidad de realizar mi recital, pero también tendré el concierto en Medellín para interpretar a Beethoven y Tchaikovsky. Tocar solo es genial, porque tengo todo el control de lo que pasa sobre la tarima. Con la orquesta eso no sucede, pero me encanta el reto de tocar la misma pieza con distintos directores.

¿Cómo recuerda su presentación en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008?

Para mí fue una gran experiencia como niñero, porque una niña debía salir conmigo a escena y ella no quería. Yo le decía: “Si te quedas, te doy un dulce”. Al comienzo hacía caso, pero al momento de salir al público y cumplir con el programa no apareció por ningún lado. Sin embargo, es un espléndido recuerdo.

Usted debe tocar muchos pianos durante sus giras. ¿Qué tan especial es el piano personal, el que tiene en su casa en Nueva York?

Es un gran piano. Es muy especial para mí. Siento amor por él. Llevo muchos años tocándolo durante horas enteras. Ahora tengo el propósito de llevarlo hasta el Carnegie Hall, en Nueva York, para saber junto a todo el público qué tan buen sonido tiene.

¿Hay diferencias radicales entre la interpretación de los pianistas clásicos y las versiones realizadas por los pianistas jóvenes, como usted?

Recuerdo que cuando recibía las enseñanzas de parte de los pianistas tradicionales querían que tocara como ellos, como si yo fuera una máquina de fotocopias. Cada quien debe buscar su propia identidad. Herbie Hancock tocaba música clásica y a los diez años debutó con la Orquesta de Chicago. Sin embargo, durante sus estudios cambió la clásica por el jazz. Una vez toqué con él una pieza para cuatro manos de Maurice Ravel y Hancock cada rato me preguntaba si podía tocar de esta forma o de otra. Se aburrió de repetir y siguió el camino de la improvisación para expresarse.

¿En qué momento decidió que su propuesta musical en vivo debía verse como un espectáculo?

No soy un artista de crossover. Algunas cosas que hago pueden parecer eso, pero soy un pianista consagrado a la música clásica. No se puede hacer mucho espectáculo en los estilos clásicos porque se pierde la esencia. Lo que hago sobre la tarima es para convocar a nuevos públicos, a los jóvenes que muchas veces sienten terror por escuchar estilos anticuados. Cuando asumo la interpretación de una obra, trato de ser lo más sincero posible, pero a eso hay que añadirle que sea interesante, vital y que proyecte emociones.

Bogotá. Sábado 18 de mayo, 7:00 p.m., Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Boletería: www.cinecolombia.com.

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