"Nunca he calumniado a nadie": Óscar Collazos

Casado en tres oportunidades, el autor de ‘La modelo asesinada’, ‘El exilio y la culpa’ y ‘Adiós a la virgen’, entre otras obras, dice —sin embargo— que ama la libertad, “porque, en el amor, uno es libre de continuar o romper. Libre no es sólo el que rompe; es el que continúa...”.

¿Se siente acosado?

Sí, porque desde hace días me he visto obligado a defenderme y a salir de la normalidad de mis actividades.

En su columna, ¿opina o calumnia?

Opino, siempre opino: nunca he calumniado a nadie en mis escritos.

El empresario Carlos Mattos lo acusa de haber dicho que su fortuna tiene un origen oscuro...

No lo he escrito ni dicho. En el supuesto de que lo hubiera dicho (que no es así), oscuro es lo que no está claro...

Pero sí ha criticado que haya financiado la campaña de Campo Elías...

Sí, y de manera constante, desde agosto de 2011, cuando me pregunté qué hacía un empresario con grandes proyectos financiando a un candidato a la Alcaldía. La pregunta lleva una formulación ética.

¿Sus críticas a Mattos son una extensión de sus críticas al alcalde de Cartagena?

No, coinciden en algunos casos (la alianza sector privado/sector público en proyectos que no son todavía claros), pero son diferentes. Tal vez llegue el momento en que irán completamente separadas.

En aras de no alargar innecesariamente un pleito, Mattos le pide retractarse...

Me pide lo imposible: uno se retracta cuando ha cometido un error o ha hecho una falsa imputación. No es éste el caso.

Luego de más de una década atacando la corrupción en sus escritos, ¿cree que vale la pena continuar esa lucha?

No sé si esa lucha ha cambiado las cosas. No me ha cambiado a mí y creo que hoy es mayor la conciencia que se tiene contra la corrupción.

Tras sus “batallas en el monte de Venus”, Cartagena, al decir de muchos, es como una “ballena varada”. ¿No cree por ello que sus escritos han sido “crónica de tiempo muerto” y por eso su “rencor”?

¿Rencor? No, rabia, muchas veces; y amor, casi siempre, a una ciudad que parece a veces la crónica de un tiempo muerto.

Usted ha sido un navegante compulsivo. ¿Por qué ancló en Cartagena?

Me cansé de navegar. Ahora hago recorridos cortos y regreso. Uno se va para regresar. Cartagena tiene una profundidad de aguas que se ajusta al calado de mi nave... afectiva y creativa.

En su obra está latente el concepto de libertad, pero es de los pocos mortales con tres matrimonios a cuestas. ¿Eso no es contradictorio?

Por el contrario: me casé tres veces porque, en el amor, uno es libre de continuar o romper. Libre no es sólo el que rompe; es el que continúa...

Usted ha sido jurado de concursos literarios. ¿Qué consejos les da a los jóvenes escritores?

Leer, leer, leer; escribir, escribir, escribir, escribir...

Como artesano de la palabra, debe tener varias que le encantan...

Algunas: amor, mierda, carajo, vida, justicia, viaje, mar, poesía, palabra, Jimena…

¿Y cuáles no usaría jamás en una de sus obras?

Las he usado todas, pero no usaría la palabra pluscuamperfecto.

Para invertir unos pesitos, ¿en las empresas de Mattos o en las de Alberto Araújo?

En ninguna de las dos porque no aspiro a volverme rico y menos con remordimientos.

Para una eventual reelección, ¿Uribe o Santos?

Santos, si se la gana.

Y, en Cartagena, ¿“mandarinoski” o “mariamulata”?

Mariamulata; no me gustan las mandarinas de procedencia rusa.

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