Valentina Acosta, una trotamundos en la actuación

La actriz caleña, que vive en México, habla de su fascinación por viajar y conocer nuevas culturas. Dice que no es de medias tintas y que no siguió en el modelaje por su estatura.

Está radicada desde el año pasado en México. ¿Cómo ha sido su estadía en este país?

Poder venir a trabajar a México ha sido como un regalo, porque es una cultura muy especial, muy rica, con mucha identidad, muy colorida, con lugares especiales por conocer. Me vine el año pasado, como en junio, trabajé seis meses en la primera temporada de Señor Acero, después regresé a Colombia a filmar una serie con Fox y una película y estoy de nuevo acá.

Su inicio estuvo marcado por su participación en Los Ángeles, de La Mega. ¿Qué recuerdos le trae esta etapa?

Eso fue cuando tenía 15 años, cuando empecé a trabajar en televisión. Fue un momento muy especial, estaba muy pequeña, creo que eso me dio mucha madurez e independencia; mientras mis compañeros iban al colegio o de paseo los fines de semana, yo estaba cumpliendo con mi labor, pero me ayudó a amar lo que hago. Después actué, hice papeles muy pequeños en televisión y a partir de ese momento consideré que debía estudiar actuación para hacerlo de una manera más profesional.

También fue modelo.

Sí, pero en algunos comerciales. Con mi estatura no funcionaba para la pasarela.

Ha vivido en España, México e Inglaterra. ¿Siempre está inquieta por viajar?

La verdad he sido un poco gitana, he tenido como base Bogotá, pero he vivido en muchos sitios. En España viví con mi familia. En Argentina duré un buen tiempo, allí estudié. Eso es lo que me encanta de mi profesión, poder moverme y conocer diferentes culturas, trabajar con otras personas. Soy una mujer curiosa, me gusta vivir cosas nuevas, ya sea para estudiar o trabajar.

¿Qué recuerda de su niñez en Cali?

Fue muy especial, agradezco siempre haber nacido allí. Somos una familia muy numerosa y siempre compartíamos momentos agradables jugando o en la piscina con mis primos. Pero también viví la época difícil de Cali, había mucha violencia, me tocó vivirla en carne propia, mi papá fue víctima de esa violencia y es algo que llevo conmigo y que he intentado sanar, perdonar.

¿Cómo era él?

Él era un hombre impresionante, con mucha luz, muy generoso. Su legado de generosidad está muy vivo en mí. Él siempre está en mi corazón.

Y “La Sucursal del cielo” fue como un homenaje que usted le hizo con su personaje a su ciudad natal.

Sí, fue muy bonito ese proyecto. Mi papel era de una mujer de los 70, muy contestataria, con un lado feminista y rebelde, que evocaba los movimientos sociales de esa época. Y hace poco volví a Cali para interpretar un personaje en la nueva versión de Azúcar, que está preparando Fox para RCN.

¿Qué tan buena es para bailar?

Soy muy buena bailando, me encanta. Mi plan cuando llego a Cali es ir al restaurante de mi hermana y después irme a bailar salsa toda la noche con un buen parejo.

¿A qué personaje le costó dejar?

Los protagónicos son muy difíciles, como Merlina o Silvia Pizarro, en A mano limpia, porque los estás interpretando todo el tiempo, entonces me gusta tomarme un descanso.

¿Se imaginó en otra profesión que no fuera la actuación?

No lo había pensado, pero seguramente sería algo relacionado con arte. Me gustan la dirección de arte y la moda. Por otro lado, me inquieta la psicología, cuando niña quería ser psicóloga y creo que tiene que ver mucho con la actuación, porque se debe indagar sobre el pensamiento o la psiquis de un personaje para poderlo interpretar.

¿Es cierto que tomó algunos cursos de antropología?

Sí, todo lo que he aprendido lo he puesto en disposición de mi trabajo como actriz. Sólo fue un semestre, porque estudiar y trabajar era muy complicado. Soy una mujer que da lo mejor y por eso trabajo siempre en mí misma, no soy de medias tintas.

¿Cuál es el papel de un actor en la sociedad?

Me he cuestionado eso últimamente. Creo que contar historias en las que la gente se vea reflejada en la pantalla, de la manera más honesta y con el compromiso por esta profesión.