La entrevista de Cecilia Orozco 6 Oct 2012 - 10:42 pm

Abelardo de la Espriella

"Fuimos voceros de Mancuso"

Miguel de la Espriella cuenta , cómo fue su relación con Salvatore Mancuso, junto con Eleonora Pineda y Mario Uribe, y su papel de enlace con el gobierno Uribe para abrirle paso a un tratamiento político de los paramilitares.

Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador
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Miguel de la Espriella afirma que el jefe de Estado conocía desde 2001 su cercanía con las Accu y que no rechazó su apoyo. / Archivo particular

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuándo y por qué termina usted de representante de los paramilitares?

Miguel de la Espriella.- A mediados del año 2001, con un proceso de paz con las Farc en dificultades, las autodefensas empezaron a sentir la necesidad de iniciar una negociación y de ser tratadas por el Estado de manera similar a la guerrilla. Con el fin de impulsar esa idea se necesitaba a un interlocutor con las instituciones. Por mi condición de representante a la Cámara, Salvatore Mancuso me propuso llevar la vocería política de su grupo en el Congreso. Fue cuando conformamos una lista con Eleonora Pineda, yo al Senado, ella a la Cámara. Una vez elegidos, nos propusimos cumplir ese objetivo.

C.O.T.- ¿Cómo conoció a Mancuso y por qué él delegó en usted y en Eleonora Pineda la “vocería” paramilitar?

M.d.la E.- Conozco a Mancuso desde cuando estudiamos en el Colegio de La Salle, en Montería. A raíz del secuestro de Piedad Córdoba en 1999, cuando el doctor Horacio Serpa conformó una comisión de la que formé parte para pedirles a las autodefensas su liberación, me lo volví a encontrar. Debido al manejo que tenía de la política en Córdoba, él me pidió, como ya le dije, ser su vocero.

C.O.T.- ¿Por qué usted, siendo de una familia política tradicional de Córdoba, aceptó representar a un grupo que ejecutaba asesinatos, masacres y desplazamientos?

M.d.la E.- Hay que mirar la finalidad con que uno emprende alguna actividad. Obviamente no organicé a las autodefensas ni las promoví. Acepté representarlas porque el objetivo era político, no militar. Se lo pongo en el campo de Piedad Córdoba respecto de las Farc. Cuando ella asume cierta vocería de la guerrilla, lo hace para facilitar unos diálogos y no para propiciar secuestros o desplazamientos. En extremos opuestos, es el mismo papel que cumplí.

C.O.T.- ¿Cuándo conoció a Álvaro Uribe?

M.d.la E.- Lo conocí hacia el año 1990, en las épocas en que militaba en el Poder Popular al que también pertenecían mi padre, que era congresista, y el doctor Uribe. A raíz de ese vínculo, cuando él venía a Córdoba, nosotros lo visitábamos en El Ubérrimo y hablábamos de la situación del país.


C.O.T.- ¿Cómo llegó usted a ser un hombre cercano al candidato en 2002?

M.d.la E.- Hacia el año 2001, cuando empezaron a perfilarse las diferentes candidaturas presidenciales, se organizó un encuentro de congresistas liberales. Entonces, yo que pertenecía a ese partido, anuncié que no acompañaría la candidatura de Horacio Serpa porque el país iba en dirección diferente a la de los diálogos con las Farc. Y que la persona que representaba la tendencia contraria era Álvaro Uribe. Así terminé de su lado y le organicé algunas reuniones. Éramos tan pocos los que lo acompañábamos en ese momento, que no fue difícil estar cerca de él.

C.O.T.- Se refiere sólo a Mancuso. ¿Lo representó únicamente a él o también a las Auc de los Castaño y a otros grupos?

M.d.la E.- Sólo fui vocero de Mancuso, que representaba la facción más importante de las Auc, o sea las Accu (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá). Sin embargo, tuve que visitar y conversar con muchos ‘comandantes’, como Ernesto Báez, Macaco, Martín Llanos, para que se hiciera una mesa única de diálogo porque en principio cada bloque quería negociar por separado.

C.O.T.- Según un episodio relatado por usted, en 2001 iba en un vehículo por carreteras de Córdoba con Uribe cuando un ganadero lo habría llamado a pedirle que el candidato se reuniera con Mancuso. ¿Eso es cierto?

M.d.la E.- Es cierto, pero no exacto. Eleonora y yo habíamos organizado una manifestación en el municipio de Tierralta cuando estábamos elaborando las listas de candidatos al Congreso. Invitamos al candidato Uribe porque queríamos aprovechar la oportunidad para que él, de regreso, se reuniera con Mancuso. Fue cuando recibí la llamada de él.

C.O.T.- ¿De Mancuso?

M.d.la E.- Sí, del propio Mancuso. En una declaración dentro de mi proceso dije que me había llamado “un ganadero” porque no estaba obligado a incriminarme. Le transmití el mensaje al doctor Uribe, pero él me contestó que no porque todo se sabía en Córdoba. Nosotros íbamos llegando al sitio donde presumiblemente iba a ser la reunión que nunca se llevó a cabo.

C.O.T.- ¿Cree que Uribe se hubiera reunido con el jefe paramilitar si no fuera por temor al escándalo público?

M.d.la E.- Las palabras de quien después fuera el jefe de Estado fueron más o menos estas: si eso se sabe, nunca seré presidente de la República.

C.O.T.- Según un comunicado de la Casa de Nariño, que recordó Daniel Coronell en su más reciente columna y que se publicó años después de ocurrido este incidente, la versión, que además pusieron como suya, Uribe le habría contestado a usted lo siguiente: “Mira Miguel, si yo llego a reunirme con Mancuso o con cualquier otro comandante de las autodefensas, jamás podré ser presidente de este país, entre otras cosas porque nunca podría mirar a los ojos a un conciudadano mío”. ¿Usted recuerda ese momento así?

M.d.la E.- El hecho no ocurrió de la manera como ese comunicado lo cuenta, a pesar de que yo lo dije. En verdad, lo que sucedió fue que conversando con el presidente en la Casa de Nariño, años después, le pregunté si se acordaba de la llamada de Mancuso. Me contestó que no. Yo le refresqué la memoria y después él tuvo la idea de que yo aprovechara la presencia de los periodistas cuando saliera de Palacio para contar la historia, y me dijo que él haría que me preguntaran por el tema. Efectivamente cuando salí los reporteros me interrogaron y repetí la versión que el presidente y yo habíamos acordado que debía contar.

C.O.T.- A ver si le entiendo: ¿lo que usted les dijo a los periodistas a la salida de Palacio fue la versión que usted y el presidente acordaron decir, pero no era exacta?

M.d.la E.- Así fue.


C.O.T.- Entonces, repítame con detalles lo que sucedió realmente.

M.d.la E.- Saliendo de Tierralta hacia Montería, y siendo aproximadamente las 4 de la tarde, recibí una llamada de Mancuso. Íbamos en mi carro, una camioneta Toyota blindada que me había asignado el Congreso. Yo iba manejando y conmigo y el doctor Uribe iba José María Maroso, gerente de la campaña en Córdoba y dos personas más que trabajaban con él. Cuando Mancuso me llamó, me dijo que le dijera al candidato que se reunieran en la finca La Capilla. Le transmití el mensaje al doctor Uribe y fue cuando él me dio la respuesta que ya le conté.

C.O.T.- Recientemente usted y Eleonora Pineda aseguraron en un tribunal de Justicia y Paz que el presidente Uribe sabía que ustedes representaban al paramilitarismo. ¿Reitera esa versión?

M.d.la E.- Sí. El presidente conocía nuestra cercanía con Mancuso porque nosotros mismos se lo informamos cuando era candidato. Por eso Mancuso quería reunirse con él.

C.O.T.- ¿Qué le dijeron ustedes?

M.d.la E.- Que nuestra participación en las autodefensas era para buscar un acuerdo con su gobierno. Él no negó esa posibilidad ni rechazó esos apoyos explícitamente. Sí nos dijo que esperáramos y que si era elegido, volveríamos a hablar. Las autodefensas también conversaron con Mario Uribe. Recuerde que en el proceso contra éste se encuentran los testimonios de Eleonora y Mancuso en el sentido de que se le pidió a Mario Uribe que sirviera de interlocutor de ellas.

C.O.T.- ¿Frente al presidente?

M.d.la E.- Sí. Es decir, ya no éramos sólo Eleonora y yo, sino también Mario Uribe. No puedo saberlo, pero si Mancuso conversó con él sobre un caso de tanta trascendencia, no creo que él no lo hubiera comentado con el presidente.

C.O.T.- ¿Hay algún documento en que conste que el presidente sabía que ustedes representaban a Mancuso?

M.d.la E.- Hay documentos cruzados entre las autodefensas y el Gobierno en los que las primeras afirman que la persona encargada por su parte para iniciar los acercamientos con el Gobierno ante un eventual proceso de paz era yo, Miguel de la Espriella. Todos fueron aportados a la Corte Suprema de Justicia en su momento. También le hice entrega al comisionado de Paz de esas cartas. Sabiéndolo el comisionado, ¿cómo iba a ignorarlo el presidente?

C.O.T.- ¿Por qué ustedes dos entregan esta versión ahora y no lo hicieron antes?

M.d.la E.- En los procesos que abrieron en contra nuestra nunca nos preguntaron por el expresidente Uribe, entre otras razones porque la Corte no es competente para investigar a los mandatarios. Sólo ahora, en la jurisdicción de Justicia y Paz, que opera bajo unas reglas diferentes a las de los procesos ordinarios, nos preguntaron por lo afirmado por Mancuso, que es un postulado llamado a contar toda la verdad. Eleonora y yo fuimos interrogados como testigos de lo dicho por Mancuso.

C.O.T.- El abogado del expresidente asegura que Mancuso se está vengando de su extradición, ordenada por Uribe, y que ustedes ratifican la versión del exjefe paramilitar porque son sus aliados. ¿Qué contestaría?

M.d.la E.- Desconozco las razones por las cuales el Gobierno extraditó a Salvatore Mancuso y tampoco sé cuáles son los sentimientos de él contra el gobierno Uribe, pero sí le puedo afirmar que en Miguel de la Espriella no hay ningún ánimo de venganza.

C.O.T.- Álvaro Uribe se refirió a usted en uno de sus trinos en las redes sociales como el “ladroncito de la Espriella que le recibió y robó plata a Mancuso y que ahora dice que era para la campaña”. ¿Cuál es su reacción a esas afirmaciones?

M.d.la E.- Primero: ¿quién, que le hubiera robado a Mancuso, podría hoy estar contando el cuento? Segundo: ¿de dónde saca Uribe que nosotros recibimos plata para la campaña? Si él lo supo, yo no. Y si sabía que estábamos recibiendo dinero a nombre de la campaña y no estábamos autorizados, ¿por qué no nos denunció?

C.O.T.- Varias versiones se han dado sobre los aportes de Mancuso, a través de ustedes, a las campañas del expresidente Uribe. Según usted, ¿cuáles fueron?

M.d.la E.- Cuenta Salvatore Mancuso, y a mí me consta, que él entregó cerca de 60 mil camisetas para la campaña Uribe Presidente en 2002. Esas camisetas se repartieron en todo el departamento. Si su costo por paquete, cuyo contenido era de 600 unidades, es hoy de cerca de $2’400.000, es decir, de $4.000 por cada camiseta, significa que el valor de 60 mil es de $240 millones actuales. Ese es un aporte concreto que Mancuso le hizo a la campaña. Lo mismo sucedió con el transporte.

C.O.T.- ¿Cómo y cuánto habría aportado el exjefe paramilitar en transporte?

M.d.la E.- Había un empresario al que le decían “Paso lento”, porque llegaba tarde a todas partes. Él siempre hacía trabajos para las autodefensas y en 2002 organizó, con sus camiones, la movilización de los votantes desde la zona rural hasta los centros de votación. Obviamente, eso tiene un valor económico. Además, él consiguió que en su gremio le aportaran buses y votos.

C.O.T.- ¿Uribe supo de esos aportes?

M.d.la E.- Debió saberlo, pero no me consta.

C.O.T.- ¿Quién en la campaña le recibió esa ayuda a Mancuso?

M.d.la E.- El gerente de campaña en Córdoba, José María Maroso. Tampoco sé si él estaba enterado de la identidad del aportante.

C.O.T.- ¿Es cierto que en 2006 las Auc promovieron una “mesa de dinero” para aportarle a la campaña de reelección y que tuvieron trato con dirigentes ganaderos y con el ministro del Interior para esos efectos?

M.d.la E.- Se ha hablado de eso, pero tampoco me consta.

 

“Entendimos que nos había abandonado”

Cecilia Orozco.- Durante su encarcelamiento ¿el presidente Uribe, a quien usted apoyó en campaña y en el gobierno, hizo algún gesto de solidaridad?

Miguel De la Espriella. – No, nunca envió una palabra de apoyo.

C.O.- ¿No cree que era una actitud que debía asumir el presidente por ser el mandatario.

M.D.la E.- Los detenidos entendimos que el gobierno nos había abandonado.

C.O.- ¿Por qué? Una cosa es el apoyo político y otra, los vínculos  delictivos.

M.D.la E.- Todos los que terminamos en la cárcel estábamos allí  porque teníamos vínculos con las autodefensas. Pero ellas nos apoyaron a nosotros y también al doctor Uribe. Sentíamos, y creo que con razón, que la situación no fue justa.

C.O.T.- De los congresistas que estuvieron con usted en prisión ¿cuántos habían apoyado al presidente en campaña?

M.D.la E.-  Éramos unos 35 en total de los cuales alrededor de 30 habíamos sido cercanos al gobierno desde la campaña.

 

Del reflector al ostracismo

Miguel De la Espriella pertenece a una  familia  de caciques políticos tradicionales de Córdoba donde han ejercido dominio del poder hace más de 50 años. Está emparentado con otros clanes partidistas que detentan otra porción de cargos de elección popular.

De la Espriella fue representante y senador, primero por el partido Liberal y después, por movimientos que apoyaron a Álvaro Uribe desde cuando este inició su  primera campaña presidencial en 2001.

Como muchos otros congresistas, De la Espriella fue investigado y condenado a 7 años y medio de prisión por sus relaciones con el paramilitarismo. Sin embargo se le concedió el beneficio de rebaja de la mitad de la sentencia por colaboración con la Justicia cuando reveló varios de los  mayores secretos de los pactos celebrados entre los grupos armados ilegales y los políticos locales y regionales.

Por sus confesiones se conoció el denominado Pacto de Ralito, de donde se desprenden muchos de los procesos penales contra parlamentarios de todas las colectividades. De la Espriella recuperó la libertad después de dos años de cárcel pero jamás podrá volver a ser elegido porque en su contra pesa una sanción de por vida. Hoy reside en Córdoba donde ejerce, para clientes particulares, su profesión de abogado, y trata de mantenerse al margen de la vida pública porque aún sufre de amenazas en su contra.

 

 

 

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