La entrevista de Cecilia Orozco 5 Mayo 2012 - 9:00 pm

"Roméo ama este país"

Entrevista con el corresponsal italiano Simone Bruno, compañero y amigo del periodista francés Roméo Langlois, secuestrado presuntamente por las Farc.

Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador
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Bruno y Langlois llegaron muy jóvenes a Bogotá, en época del Caguán, para cubrir las negociaciones de paz y se quedaron. Hoy conocen más a Colombia que los reporteros locales. / Archivo particular

Cecilia Orozco Tascón.- Si el presunto comunicado de las Farc resulta auténtico, la guerrilla asimiló a su compañero, el retenido periodista francés Roméo Langlois, como un “prisionero de guerra”, pues así lo calificó, probablemente porque él se encontraba con el Ejército. En términos de Derecho Internacional Humanitario (DIH) significa que lo ha categorizado como militar. Eso sería preocupante.

Simone Bruno.- Si como usted dice, se confirma que el comunicado es de las Farc, la guerrilla estaría equivocada en la calificación a Roméo. A él no le aplica ese concepto en los mismos términos del DIH, porque no iba armado y porque no tenía uniforme, sino dos prendas (chaleco y casco) que portaba exclusivamente para proteger su vida. Por lo mismo, creo que Roméo no será retenido sino el tiempo que sea necesario para garantizar su entrega sano y salvo.

C.O.T.- El fin de semana en que Langlois quedó en poder de la guerrilla ustedes estaban en Florencia (Caquetá), pero usted decidió regresar, ¿por qué?

S.B.- Fuimos porque íbamos a grabar un operativo del Ejército contra el narcotráfico. Estuvimos en Florencia en dos ocasiones. La primera nos devolvimos porque no hubo nada. La segunda, encontramos a unos periodistas de National Geographic. Ellos irían a una operación y nosotros a otra. El miércoles los corresponsales de National Geographic hicieron su trabajo, pero nosotros no pudimos salir. El jueves también hubo problemas. Cuando ya habíamos decidido regresar a Bogotá, nos informaron que iba a haber sobrevuelos el viernes y el sábado. Como yo no me podía quedar más tiempo, me devolví y Roméo permaneció allá.

C.O.T.- Él salió de Florencia en helicóptero de las Fuerzas Armadas. ¿No era posible ir sin utilizar transporte militar?

S.B.- Si uno quiere cubrir la lucha contra el narcotráfico a partir de operativos tiene dos opciones: va con los militares o escoge un laboratorio que uno sepa que existe y se estaciona allá uno o dos años esperando a que alguien vaya a bombardearlo. No hay más opciones.

C.O.T.- Ir a zonas de conflicto con las Fuerzas Armadas regulares de un país puede significar protección para el periodista. Pero, del otro lado, lo pone en riesgo por estar con un combatiente. ¿Por qué no ir sin ninguno de los lados?

S.B.- Por el extremado riesgo que se corre. Por ejemplo, en las zonas de combate en Colombia suele haber campos minados. Uno no puede adentrarse sin compañía experta en ningún lugar, a no ser que se trate de una situación de vida o muerte. Hay que decir también que por el simple hecho de estar en compañía de un grupo militar, uno no se convierte en combatiente. Eso está claro en el DIH.

C.O.T.- Tal vez en medio del combate los guerrilleros se confundieron y creyeron que Langlois era un soldado más. Usted que ha ido a esos operativos, ¿cree que uno puede estar en la mitad de una balacera sin la protección mínima de un chaleco y un casco?

S.B.- No. Honestamente quisiera saber si hay alguien que decida negarse a usar un chaleco y un casco cuando le advierten que puede haber un tiroteo. Si usted mira las imágenes de los periodistas en Irak o en cualquier otra parte del mundo se dará cuenta de que siempre los usan.

C.O.T.- En su opinión, las declaraciones que funcionarios del Gobierno han dado públicamente hasta el momento sobre el caso Langlois, ¿ayudan o entorpecen su liberación?

S.B.- No creo que la decisión de la guerrilla sobre Roméo tenga mucha relación con lo que dice el Gobierno. Hay unos hechos objetivos que son congruentes y coherentes sobre el trabajo periodístico que él hace y sobre su condición de corresponsal. Me imagino que se hará un proceso de verificación y se actuará en consecuencia, dejándolo libre.

C.O.T.- ¿Usted y Langlois conocen la protección jurídica internacional que tienen los periodistas que cubren guerras o conflictos internos?

S.B.- Sí, claro. En el DIH se establece cuáles son los derechos de los periodistas en zonas de combate. Precisamente por esa normatividad no se nos debe denominar “corresponsales de guerra” a los periodistas que cubrimos conflictos, porque ese es un concepto del siglo pasado que no aplica hoy, porque los reporteros en ese entonces usaban uniforme y armas. En confrontaciones como la que tiene lugar en Colombia, nos deben llamar “periodistas en misión peligrosa”, y tenemos la misma protección internacional de que gozan los civiles.

C.O.T.- ¿Dónde se prepararon para ejercer como “periodistas en situación peligrosa”?

S.B.- Hemos tomado varios cursos, uno de ellos sobre DIH con el Comité Internacional de la Cruz Roja en Bogotá. Además, conocemos los Convenios y Protocolos de Ginebra que regulan la conducta de quienes están en guerra. Pero no sé si exista una preparación que le enseñe a uno cómo cubrir adecuadamente conflictos armados en un país tan complejo como Colombia. Por eso creo que más que preparación, se requiere sensibilidad para entender las dinámicas de la confrontación. En eso Roméo es realmente bueno.

C.O.T.- Un periodista que se pone en situación de riesgo libremente, por ejercer su profesión, sabe a lo que se expone. ¿Por qué ustedes decidieron tomar ese camino?

S.B.- Los riesgos que corremos los periodistas de conflictos armados son iguales a los que de los médicos y enfermeros que atienden a los heridos o a los de los voluntarios de la Cruz Roja. A Roméo le gusta su trabajo y a mí también. Ambos decidimos continuar aquí porque nos duele Colombia y porque a pesar de que el cubrimiento es difícil, también nos da la satisfacción de hacer visible un conflicto que pasa inadvertido en las ciudades.

C.O.T.- Después de tantos años de cubrir el conflicto, ¿tienen acceso a la guerrilla de tal manera que les sea posible, por ejemplo, hacer una entrevista con alguno de los líderes?

S.B.- Sí. Roméo ha estado varias veces en campamentos guerrilleros. Uno de sus trabajos más comentados fue precisamente una entrevista a Raúl Reyes, que fue ampliamente difundida. Durante la liberación de Íngrid, él se encontraba con otro frente guerrillero haciendo un reportaje. Estando allí vio cómo ese grupo se enteró por televisión de la liberación de ella y de sus demás compañeros en un programa de la televisión francesa.

C.O.T.- ¿No cree usted que su colega, por el afán de tener buena información para su canal, traspasó el límite de la prudencia o lo que sucedió es casi una consecuencia lógica en una situación de confrontación?

S.B.- La última posibilidad que usted plantea es la correcta. Si uno quiere contar la realidad del conflicto, no hay más remedio que estar cerca de él. A pesar de que nosotros no somos colombianos, este país nos apasiona. Y si lo que está sucediendo ahora por el desafortunado incidente con Roméo visibiliza el conflicto y abre alguna posibilidad de solución pacífica, habría valido la pena lo que hemos hecho.

C.O.T.- ¿Este accidente en el trabajo periodístico de Roméo, que también lo afecta a usted por ser su colega, amigo y compañero, hará que abandonen el país?

S.B.- Puedo hablar por mí y no me quiero ir. No sé qué estará pensando Roméo. Me imagino que esta experiencia ha sido muy dura para él y podrá tomar cualquier decisión. Pero lo que sí sé es que él ama este país como yo, y ama vivir aquí. La conexión emocional que tenemos con Colombia después de 12 o 13 años de haber vivido acá no desaparecerá de la noche a la mañana.

C.O.T.- ¿Qué mensaje le enviaría a la guerrilla respecto de su colega Langlois, si ésta pudiera leerlo?

S.B.- Le diría que evalúe bien la situación y verifique el trabajo periodístico que él ha hecho. Durante todos estos años el cubrimiento de las noticias por parte de Roméo ha sido de una imparcialidad absoluta. Uno puede estar con los actores en un momento dado para contar cómo es el conflicto visto desde una parte, pero sin que por eso tome partido por ella. Esto es válido tanto para un lado como para el otro. La fuerza de Roméo es su profesionalismo. Insisto: si hay una verificación seria sobre él, pronto estará aquí otra vez.

¿“Prisionero de guerra”?

En un presunto comunicado de las Farc, leído por teléfono por una mujer que aseguró que hablaba a nombre de ese grupo, se dijo que su retenido, el corresponsal francés Roméo Langlois, era “su prisionero de guerra”. Pero, ¿qué significa esa denominación en los términos jurídicos internacionales que regulan los conflictos? Según los Convenios de La Haya de 1899 y el Reglamento Anexo al Convenio de La Haya de 1907, a los periodistas se les otorgaba esa condición en caso de que fueran capturados. Tal apelativo les daría a los reporteros de conflictos armados un marco jurídico de trato y garantías. Mucho más reciente, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) redactó un artículo sobre el mismo tema que fue incorporado al Protocolo Adicional I. La calificación de “prisionero de guerra”, ¿resulta entonces una ventaja para Langlois o un problema? De acuerdo con especialistas, el aspecto negativo de esa categoría tiene que ver con la posibilidad de que las Farc interpreten que el corresponsal puede ser retenido indefinidamente. El aspecto positivo consiste en que Langlois debe tener la misma protección que se les da a los civiles, puesto que el Derecho Internacional Humanitario no considera combatientes a los periodistas, aunque hayan sido capturados en compañía de militares.

“Hacerse reconocer como civil”

Cecilia Orozco.- ¿Cómo vienen ustedes a Colombia?

S.B.- Yo llegué primero a Brasil y quería quedarme allá. Sin embargo, me contrataron para un trabajo de fotografía en Colombia que requería tres meses y terminé viviendo aquí. Por su parte, Roméo vino con otra colega, Pascale Mariani. Ellos iban a cubrir las negociaciones del Caguán. Pascale se devolvió hace unos años y nosotros continuamos acá.

C.O.- ¿Cuánto hace que llegaron?

S.B.- Ellos vinieron de 23 o 24 años, hace 10 o 12 años. Yo era un poco mayor. Hoy tengo 40.

C.O.- Usted ha estado con Langlois en zonas de confrontación. ¿Es corriente que cuando van a cubrir algún operativo los militares les ofrezcan chalecos y cascos para su protección?

S.B.- Sí. Es una práctica común. Se sobreentiende que uno se los pone para protegerse y no para convertirse en otro actor armado.

C.O.- Según lo que ustedes han aprendido en Derecho Internacional Humanitario, ¿cuál es la conducta que uno debe asumir si es puesto prisionero por una de las partes?

S.B.- Hay que seguir una línea clara: entregarse, identificarse como periodista y hacerse reconocer como civil.

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