Juegos Olímpicos |10 Ago 2012 - 7:53 pm
Mariana Pajón y Carlos Mario Oquendo, medallistas
Broche de oro
Los bicicrosistas antioqueños hicieron historia en Londres al subirse al podio, ella en lo más alto y él en el tercer escalón. Primera vez que Colombia logra dos preseas olímpicas en un día.
Por: Luis Guillermo Ordóñez / Enviado especial. Londres /
La colombiana Mariana Pajón celebra en el podio el oro conseguido en la final de Ciclismo BMX de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en Londres. / EFE
Nunca el deporte colombiano vivió un día tan exitoso. En apenas 20 minutos nuestro país conquistó dos medallas, una de oro y una de bronce, en los Juegos Olímpicos de Londres, para llegar a la impresionante cifra de ocho preseas en esta edición y 19 en la historia.
Tanta alegría fue culpa de Mariana Pajón y Carlos Mario Oquendo, dos paisas que con sus pedalazos hicieron que la pista de bicicrós, el escenario más bonito de estos juegos, se vistiera de amarillo, azul y rojo.
Porque, como siempre, los colombianos, en número menor que franceses, australianos y neozelandeses, se hicieron sentir. Claro, envalentonados por el favoritismo de Mariana, la reina de la pista de comienzo a fin.
La extraña tarde, soleada y calurosa, presagiaba cosas buenas para el país. De hecho, gran parte de los 60 deportistas criollos que aún están en la villa asistieron a las pruebas. Así como las familias de Pajón, Oquendo y Andrés Jiménez, el otro criollo en acción.
La primera en saltar a la pista fue Mariana, en la primera carrera de las tres de la semifinal. Casco de colores, camisa blanca con el tricolor en el pecho y el número cinco, el que más le gusta. En apenas 38 segundos se llevó la victoria sin atenuantes. Y la repitió en las otras dos pruebas, así que llegó invicta a la final.
El paso a la ronda definitiva de Oquendo y Jiménez fue más complicado. Tanto el antioqueño como el cundinamarqués, quien había sido cuarto en los Juegos de Pekín 2008, se clasificaron angustiosamente, apenas en la última carrera. Sin embargo, ya estaban entre los ocho mejores, lo que les aseguraba diploma olímpico.
Después de un receso de 20 minutos llegó la final. Y Pajón, que había partido en los carriles interiores, quedó en el cuarto por sorteo. No le importó. Así hubiera salido dos metros atrás habría ganado: ayer parecía una fiera enjaulada.
Apenas sonó el pito y se desbloqueó el seguro, la paisa inició su recorrido hacia la gloria. Primera, por muy poco, en el salto de apertura y adelante en la curva inicial. La prueba ya era suya, como las demás. Pedalazos rápidos y cortos, control en las caídas, cuidado en los tres peraltes, prudencia en las cuatro últimas lomitas y listo.
Apenas cruzó la meta miró al cielo. Su bicicleta blanca, con rosado y negro, fue a parar al box, en el que su entrenador Germán Medina y el presidente de la Fedeciclismo la recibieron con un abrazo. Entonces lloró la fiera. Mariana dejó de ser la depredadora que segundos antes había arrasado a sus rivales y volvió a ser la paisita dulce y tierna que se emociona cada vez que escucha el himno de su país.
Dejó que sus mejillas se llenaran de lágrimas, mientras sus rivales, la saludaban con envidia y admiración. “Hoy habríamos podido correr 10 competencias y a esa niña no le ganaba nadie”, admitió la francesa Magalie Pottier, campeona mundial, quien llegó séptima.
Pasaron 10 minutos y Mariana no dejaba de llorar. Caminó unos metros y saludó desde lejos a sus padres, Carlos Mario y Claudia Patricia Londoño, quienes en compañía de Daniel, su hijo menor, orgullosos daban entrevistas. El mayor, Miguel, no vino a la prueba porque está en Australia.
Y mientras Mariana atendía a la prensa, por los altoparlantes un discjockey anunciaba la final masculina, con dos colombianos en la grilla. Partió la prueba y ninguno se ubicó bien, pero al promediar la competencia, en el salto del puente, Oquendo asumió el tercer lugar, por delante de dos holandeses.
Nadie lo podía creer, Mariana centro de todas las miradas y unos 10 metros detrás Carlos Mario cruzando la meta en la tercera posición. Por primera vez Colombia ganaba dos medallas olímpicas en un día. Todo en 20 minutos.
Ahí sí fue el acabose. Los miembros del equipo nacional invadieron la zona de descanso. Mariana regresó para felicitar a sus compañeros y juntos cantaron y gritaron, mientras la mayoría de los ocho mil espectadores, entre ellos el campeón olímpico de natación Ian Thorpe, aplaudían la hazaña colombiana.
Más gritos, abrazos, fotos. Incluso una llamada del presidente Juan Manuel Santos, a quien Mariana, en nombre de los 104 atletas que vinieron a Londres y que ella encabezó en la ceremonia de inauguración, agradeció todo el apoyo para su preparación y le pidió mayor presupuesto para el deporte.
Ante los medios internacionales la colombiana no tuvo problema de responder en inglés y evitar la demora de la traducción, pero aún así se demoró más de la cuenta, al punto que las medallistas de plata y bronce, la neozelandesa Sara Walker y la holandesa Laura Smulders, se fueron al control antidopaje.
Luego apareció Oquendo, también ovacionado por la colonia colombiana, que a esas alturas ya se había juntado alrededor de la familia Pajón. El antioqueño, de 25 años, no podía ocultar su felicidad. No lloró tanto como Mariana, pero sí dejó escapar alguna lágrima. Con bandera en mano saludó a los aficionados y se dirigió a la premiación, que ya comenzaba.
Primero las damas, como indica el protocolo. Andrés Botero, director de Coldeportes y miembro del COI, fue el encargado de entregar las medallas. “Medalla de oro y campeona olímpica, representando a Colombia, Mariaaaana Payón”, dijo en francés y luego en inglés el anunciador oficial, a quien le quedó grande decir Pajón. La pequeña deportista, de 1,57 metros de estatura y 53 kilogramos de peso, una verdadera gigante en la pista, encaramada en lo más alto del podio, recibió su medalla y de inmediato se volteó y miró a sus padres. La mostró, como diciendo ‘esto es de ustedes’.
Y sonó el Himno Nacional, como hace 12 años, cuando María Isabel Urrutia ganó el oro en pesas. Y cantaron los colombianos en las tribunas y en todo el mundo, porque según los organizadores de las justas cerca de dos mil millones de personas han visto diariamente el evento por televisión.
Cantaron en la pista del barrio Belén, en donde comenzó a correr Mariana; en toda Medellín, su ciudad; en toda Colombia, el país que ama y por el que se le pone la piel de gallina. Ya no tenía lágrimas ella, pero sí sus compatriotas en el escenario. Entonar el Himno con un nudo en la garganta, mirando la bandera ondear, es algo que con nada se puede comparar. Pero ahí no terminaron las emociones. Se bajó Mariana y se subió Carlos Mario. Amarillo el tercer lugar del podio. Un éxito mayúsculo que en otras circunstancias se habría celebrado ruidosamente, pero que ayer fue solamente la cereza en el pastel que le preparó Mariana a Colombia.
Después de dos horas, los medallistas pudieron regresar a la villa de deportistas, en donde la fiesta estaba prendida hacía rato. Vallenato, salsa y reggaetón por cuenta de los bicicrosistas más queridos del país.
Otra sesión de fotos, incluso con Jackeline Rentería y Óscar Muñoz, quienes el martes regresan al país con toda la delegación. Un corto baño y al hotel en el que el COC les presenta los medallistas a los medios que no están acreditados oficialmente. Dos horas más de entrevistas y un carro oficial que por fin los llevó a descansar. Lo tenían merecido, cerraron con broche de oro la mejor actuación de la historia colombiana en los Olímpicos.
Por: Luis Guillermo Ordóñez / Enviado especial. Londres /
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