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Mientras unos tratan de recuperar zonas agrícolas, otros buscan proteger parques naturales y algunos más logran salvar de las garras de los cazadores a centenares de especies animales que están camino a la extinción; hay quienes están trabajando en las raíces de la sociedad y han logrado concientizar a los colombianos sobre las ganancias de un medio ambiente sano. En esa misma ruta, vienen educando a nuevas generaciones que saben como pocos, sobre las graves consecuencias del calentamiento global, el uso irracional de los recursos naturales y de paso, del oscuro panorama que los espera si no logran un avance ahora mismo.
Un tema que ya hace parte de las agendas de empresas, gobiernos, ONG y entes mundiales y que en el país tiene sus propios protagonistas. “Por medio de una comunicación ambiental hacemos una difusión entre pequeños de seis a doce años, se llama ‘Tierra de niños’, y lo que hacemos es entregarle a 60 de ellos una porción de tierra que un donante nos ha regalado para que allí se les enseñe sobre los recursos naturales, el uso adecuado de la tierra, de cómo crear un jardín, una huerta, sobre el manejo de residuos sólidos entre otras capacitaciones”, detalla María Luisa Villa, de la Fundación Amigos del Chocó.
Uno de varios programas adelantados por esta organización, junto con el Consejo Comunitario Mayor de Tadó y el de Condoto, los dos en Chocó y la Fundación Las Mojarras, quienes adelantan sus primeras labores en Tadó y también en la Comuna 13 de Medellín. “Lo que queremos es formar ciudadanos responsables y el trabajo se adelanta en ese rango de edad porque está comprobado que ese es el momento perfecto para desarrollar su apego por el medio ambiente”, apunta Villa.
Pero lo más difícil es lograr que esas comunidades sientan que más que una obligación, están adelantando proyectos sostenibles responsables que ofrecen más allá de beneficios sociales inmediatos, estrategias para pensar en un futuro saludable ambientalmente.
Ahí es cuando entran al escenario equipos como el de la Fundación Omacha, que se dedica a trabajar en la conservación de los recursos naturales y dentro de su estrategia, tiene varias áreas educativas. La ecóloga Diana Morales describe la función que en este momento adelantan: “La fundación tiene tres zonas del país en las que labora: la zona de bajo Lorica; Puerto Carreño y El Tuparro; el Trapecio amazónico y Puerto Nariño. Allí desarrollamos proyectos con los habitantes y educamos a los niños y pescadores en donde les explicamos el por qué se deben conservar las especies”.
Junto con la Fundación Horizonte Verde han logrado crear conciencia entre los lugareños sobre la importancia de cuidar las especies en vía de extinción y lo han logrado con campañas como la de celebrar los días de la tierra, del árbol y de todas las especies que allí habiten, para hacer visible que todos estos actores ambientales tienen tanta importancia como el ser humano y que de la buena convivencia entre todos, depende el futuro de los niños de estas regiones.
“Lo primero que se hace es darles a reconocer la zonas, les explicamos cuáles son las plantas y cuáles son los ecosistemas. Una vez se entregan esos conocimientos, hacemos salidas de campo, los llevamos a ver delfines, por ejemplo, y hacemos actividades que en la práctica se den cuenta que si es posible conservar”, puntualiza Morales.
Este tipo de acciones han sido adelantadas con indígenas con quienes se ha logrado una participación activa dentro de los programas educativos, consiguiendo que sean las mismas personas las que determinen de qué forma deben manejar y administrar los recursos naturales para que no se acaben.
Hasta el momento, la receptividad de todos estos programas ha logrado cautivar la atención de varios miles de colombianos, sin embargo, el reto más importante es que los proyectos sean de largo aliento, tengan continuidad y que las personas entiendan que hacen parte de la naturaleza y no que es un actor independiente de ella.