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A ritmo de gaitas, maracas y tambores, los dos invitados difundieron el canto del Caribe y el pacífico colombiano. Los unos a través de acordes de cumbia, porro y vallenato sabanero, mientras los otros lo hicieron con un toque de hip hop y música urbana, que extendió la fiesta hasta altas horas de la noche en el sur de la capital mexicana.
En el caso de ‘Los gaiteros de San Jacinto', su recorrido se amplió al estado de Chiapas donde los recibió un público bastante nutrido en torno a la Universidad Autónoma, mientras ‘la Revuelta' engalanó escenarios públicos del Distrito Federal, durante tres noches consecutivas, dedicadas a la música y el folclor de los pueblos.
El Ollin Kan, una fiesta de los pueblos
Ollin Kan es el nombre de un encuentro mundial de culturas que luchan por no desaparecer en el concierto de lo masivo y lo comercial; "lugar en movimiento" es la traducción de dos palabras que provienen del nahuac, antigua lengua azteca que, poco a poco, se difumina dentro de la vasta geografía cultural que caracteriza a este México profundo.
"Se trata de una inquietud, de una iniciativa que surgió hace cinco años con José Luis Cruz, actual director, con el fin de abrir un espacio para la música popular o la música de los pueblos. Esta música que ha acompañado a la gente desde siempre y que por ende, encuentra un lugar en México donde seguramente hay muchos puntos de coincidencia frente a otras manifestaciones musicales que tienen el mismo origen", expresa Andrés Solano, director de programación y fundador del encuentro.
Se une a este comentario Néstor Meléndez Soler, presidente de la Fundación Colombia, World Music, quien califica el evento como "un gran festival que une las músicas del mundo en torno a un espectacular público que admira el arte y las expresiones culturales del planeta tierra. Es el festival de world music más grande de Latinoamérica y uno de los más importantes del mundo y estamos felices que la música colombiana haya estado representada por los gaiteros IV Generación y La Revuelta".
Esta cita cuenta este año con la participación de Haití como país invitado de honor; en su honor se desarrollan múltiples actividades como foros, charlas y conciertos; el interés del certamen de acuerdo con sus directivas, se resume en el objetivo de defender a ultranza los sonidos tradicionales de los países, como una forma de garantizar la permanencia de las culturas originales de los pueblos.
"Es un festival con un enfoque en la etnias que se hacen presente en la ciudad de México, cada año; cuenta con amplia difusión y una gran variedad de propuestas musicales, de países tan distintos como Cuba, Sudáfrica, Francia, entre otros. Eso nutre mucho la cultura nacional, ya que nos permite saber qué está pasando en México y el mundo en lo cultural", dice Baltasar Juárez Dávila, arpista de la orquesta sinfónica nacional de México.
Tres semanas de "resistencia" "Se trata de una discusión que durante tres semanas incita a pensar en el papel de los pueblos frente a eventos como la globalización sobre plazas, jardines, bosques y cuanto espacio público haya. El festival se convierte en una cita multitudinaria y abierta a todos los públicos para reflexionar sobre lo que sucede en el mundo actual con todos sus cambios", expresa Marc Sagaert, agregado cultural de la embajada francesa y director adjunto del Instituto francés de América Latina, IFAL en México.
Explica Andrés Solano que "el festival siempre ha girado alrededor del tema de las culturas en resistencia, es un término que se aplica a todos los movimientos humanos que de alguna u otra manera están perdiendo su identidad, y que se niegan a hacerlo. Debido a la denominada globalización hay países que están apareciendo y otros desapareciendo, pero sobre todo hay grandes movimientos humanos que se están desplazando por cuestiones de guerras, asuntos sociales y económicos".
El Ollin Kan, de acuerdo con su acepción, consolida, en efecto, a lo largo de casi un mes un lugar en continuo movimiento para compartir y debatir en torno a seminarios y foros que tratan sobre la sociedad en la que estamos, y es por ello, que en esencia se cataloga como el festival del pueblo en la Ciudad de México.
Sin duda, el sustento que apoya el festival es del gobierno de la Ciudad y la integración de numerosas embajadas del mundo que no sólo favorecen la llegada de los grupos sino también el acceso gratuito del público a los espectáculos. Este aspecto democratiza y hace ciertamente "popular" un certamen de cultura.
"La única manera de mantener el rostro frente a la sociedad que margina a los pueblos es resistiendo, manteniendo sus rituales y manifestaciones culturales, una de ellas, es el sonido de su música" apunta Solano.
En definitiva, la Ciudad de México se transforma por estos días, según las directivas del festival, en un país sin fronteras donde todos pueden convivir y donde ciertamente distintos rostros trabajan por reafirmar una postura en contra de la globalización, aunque eso no quiera decir que no se esté en sintonía con el progreso; más allá se trata de hablar del avance con un componente humano.
El mundo entero en Tlalpan
Con artistas de los cincos continentes el certamen abre escena en diversos lugares públicos de la delegación Tlalpan, al sur, donde en torno a ocho pueblos, cinco barrios, parques y plazas se puede contar con lo mejor del folclor actual de todo el planeta.
Este año cabe destacar la participación de Europa, en su caso, España estará con los grupos El Pravianu, The Sweet Vandals y Canteca de Macao; del país vasco, Xarnege; de Cataluña, Las Furias, Virüs y Nour.
Francia hará presencia con los grupos de la Bretaña, Jacky Molard Acoustic Quartet, Hamon Martin Quintet y Badumes Band. Igualmente estarán, Justin Adams y Juldeh Camara de Reino Unido-Gambia; los holandeses de Nueva Manteca y The Dreamstealers.
De América, además de los colombianos, Pibo Márquez y Las Manos Calientes de Venezuela; Topete y la Trova Cubana; Danza de los Arturos de Brasil, el Conjunto Nacional de Folclor de Perú; Hugo Fattoruso y Rey Tambor de Uruguay y Minino Garay y Los Tambores del Sur de Argentina.
Mientras que Asia y África estarán con los argelinos Labess y Mehdi Haddab And The Speed Caravan; Fatoumata Diawara de Mali; Badila Ensemble de India-Irán-Francia; el camerunés Nam; Mohamed Bangoura de Guinea; Toy Vivo de Israel; Hanta de Madagascar, entre otros.
Con cifras que superan las expectativas, este encuentro de los mundos en resistencia consolida una excusa para pensar y a su vez genera un cese momentáneo para integrar un sinnúmero de identidades, una labor no siempre fácil y que sugiere igualmente innovaciones.
"Sería interesante que el festival se convirtiera en una plataforma profesional para hablar sobre la música, que se pudieran organizar residencias entre músicos de México y el mundo para aprovechar aún más el espacio. Igualmente debería pensarse en tratar una temática en cada versión con el fin de centrar toda la programación hacia un solo lado" expresa Aline Herlaut, coordinadora cultural de la Red de alianzas francesas en México.
"Sería bueno ampliar el festival a otras colonias del distrito federal porque no siempre es fácil llegar a zonas tan lejanas, eso permitiría el acceso de toda la urbe al evento", dice Baltasar Juárez Dávila, arpista de la sinfónica nacional.