Toros |4 Ene 2010 - 10:39 pm

Novillada en Manizales

De la fuente de Achury Viejo

Por: Víctor Diusabá Rojas

Felipe, qué encierro te has mandado. Felipe Rocha, qué encierro nos has mandado.

Guillermo Valencia, torero
Foto: Rodrigo Urrego
Guillermo Valencia cautivó con su condición natural para estar firme en la cara de los toros.

Ahora, en estos tiempos en que pasamos el Niágara en bicicleta por cuenta de la mansedumbre, vale quitarse el sombrero para rendir homenaje al toro.¿A cuál? Al toro bien presentado, porque eso es lo primero que debemos exigir. Y la novillada de este arranque en Manizales pareció una corrida de toros. Pareja y bien hecha, con cara, sin exageraciones, apta para el disfrute. Como lo pueden certificar, los novilleros, que además anduvieron muy bien y que saben, mejor que nadie, cuánto valen los exámenes a fondo, aquellos que no engañan.

La camada de Achury fue también un homenaje a la calidad. Sí, está bien, por momentos flaqueó la fuerza, pero había suficiente fondo en los ejemplares para suplirla. Y por eso, cuando hubo que echar un esfuerzo más, no se lo ahorraron.

Y también, un homenaje a la emoción. A esa que vino con nombre propio, ‘Alfarero’, el quinto de la tarde, número 350, que partió plaza y dejó huellas en todos los burladeros, para luego ir a comerse los engaños que Santiago Gómez le puso por delante, en una faena de mérito, donde las nóveles manos hicieron todo lo posible por satisfacer la acometividad de ese fontanar de casta. Oreja, petición de otra y vuelta al ruedo al toro. En su primero, muy noble, el novillero de la casa estuvo templado y ligado.

Palmas para ambos

Con sus dos ejemplares, pero en especial con el primero de la tarde, Leandro de Andalucía nos ilusiona. Hay en él la difícil facilidad de resolver todo sin mosquearse.

Tiene empaque y, ojo, una cabeza fría que le permite hacer las cosas en orden o, si lo prefieren, con el ritmo que imponen las buenas faenas. Un cambio de mano y los naturales lentos de ese turno, podrían resumir todo eso. Cortó una oreja. En el cuarto tuvo un novillo que fue de más a menos y el trabajo del aspirante siguió esa misma tendencia.

El mexicano Santiago Fausto exhibió sus méritos en el tercero, otro novillo con presteza y bondad. Paso a paso, Fausto edificó una faena con temple, en la que vale destacar la larga serie de naturales con los pies firmes y corriendo la mano a placer. No pudo redondear con la espada. Palmas. El sexto fue el animal de embestida más corta y Santiago tardó en encontrar el secreto para tirar de él.

Hubo un séptimo para el niño Guillermo Valencia, quien, una vez más, cautivó al casi lleno de plaza con lo que debería llamarse precocidad, pero que en realidad es la condición natural para estar firme en la cara de los toros. El novillo anduvo suelto, pero Valencia se las arregló para sujetarlo con su muleta, tan meritoria como el capote de categoría con que recibió al ejemplar. Dos avisos y palmas.

  • Víctor Diusabá Rojas | Elespectador.com

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