Opinión |26 Oct 2009 - 11:33 pm
Debate en alza
Por: Rafael Orduz
SE MULTIPLICAN LAS VOCES QUE discuten las premisas y los contenidos de la política antidrogas.
Dentro y fuera de los Estados Unidos comienza a perfilarse el reconocimiento al fracaso de la política, tanto desde el punto de vista de la oferta y las diversas formas de interdicción, como de las políticas frente al consumo.
No se trata simplemente de la toma de conciencia repentina de parte de algunos actores alrededor de argumentos conocidos. Es probable que un eventual viraje esté más relacionado con los altos costos de la actual política frente a los magros resultados.
La evidencia de dos décadas es contundente. Aunque los datos de las agencias multilaterales y de los Estados Unidos no siempre coinciden, los precios por gramo puro, tanto de cocaína como de heroína, han disminuido desde 1981. La cocaína cuenta con un mercado estable en EE.UU.
El número de personas encarceladas se ha multiplicado por diez entre 1981 y 2007: de 50 mil a medio millón.
Desde el punto de vista fiscal, los gastos de los Estados Unidos en la política se treparon: de niveles anuales inferiores a US$1.000 millones a comienzos de los 80, a gastos superiores a los US$5.000 millones anuales en la actualidad.
Más presos, gastos desorbitados, precios menores, mercado y consumo estables llevan, obvio, a discutir la política y plantear abanicos de propuestas.
Se recordará el “mea culpa” de marzo pasado de la secretaria de Estado Clinton, en México, al aceptar que “lo que hemos venido haciendo no ha funcionado” y que “nuestra insaciable demanda por drogas ilegales es combustible para el tráfico de drogas”. Fue más allá y reconoció que la incapacidad de frenar el tráfico ilegal de armas, asociado con el narcotráfico, era la razón de la muerte de policías, soldados y civiles.
En el caso de la cocaína, para abastecer aproximadamente 900 toneladas métricas, se requieren 200 mil hectáreas. No importa dónde estén. En forma tozuda, desde 1987, ahí están. Al comienzo, predominantemente, en Perú y Bolivia. De los 90 para acá, en Colombia. Después de diez años de Plan Colombia, el país sigue siendo el primer proveedor de cocaína del mundo.
El efecto globo también opera en el tráfico como tal. Los éxitos de la interdicción en el Caribe son una de las razones para la alianza entre traficantes colombianos y mexicanos para utilizar la muy porosa frontera entre EE.UU. y México.
También hay efecto globo en los carteles. Si cae uno, aparece otro. Ciertamente las Farc alimentan sus finanzas con billete narco. En el hipotético caso de su desaparición, habrá capos sustitutos inmediatos, dispuestos a proveer el mercado.
Además de la declaración de los ex presidentes Gaviria, Cardoso y Zedillo, es alentador que el pasado 15 de octubre el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara (Subcomisión sobre el Hemisferio Occidental) haya debatido argumentos que pueden tener impacto en la reformulación de la política antidrogas (véase http://www.crisisgroup.org/home/index.cfm?id=6353, “Assessing U.S. Drug Policy in the Americas”, John M. Walsh).
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