La extracción ilegal de oro le arrebató a un pueblo de 9.000 chocoanos su río, deterioró sus cultivos, acabó con la pesca y está a punto dejarlos sin comida. Más de cuatro años de denuncias siguen engavetados en tribunales de Bogotá. Nadie actúa.

 

Río Quito, la vida fragmentada por la minería

Por: Angélica María Cuevas Guarnizo / Fotografías y video: Luis Ángel / Diseño: Ánderson Rodríguez

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El muro altísimo que hoy rompe 400 metros del paisaje de Paimadó, cabecera municipal de Río Quito, fue una de las obras que Colombia Humanitaria construyó en Chocó en 2012 como respuesta a las inundaciones que sufrió el país ligadas al fenómeno de La Niña. Sin embargo, las casas de Tina Mosquera y de 180 rioquiteños no se vinieron al piso por las fuertes lluvias sino que fueron derribadas por la obsesión de los mineros ilegales de remover tierra para encontrar oro.

La supervivencia de las comunidades de Paimadó, Villa Conto y San Isidro depende del río Quito, un afluente destruido, desviado, contaminado por el impacto de la maquinaria minera que busca oro. / Steve Cagan

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En 1999 llegaron los primeros mineros brasileños buscando oro a bordo de gigantescas dragas de succión, máquinas mucho más efectivas que las retroexcavadoras y motobombas. Después  arribaron los paisas y luego gente de todas partes. Una a una las “dragonas” (como las llaman los chocoanos) se instalaron en las orillas del río Quito, multiplicándose al mismo ritmo que se disparaba el precio del oro en el mercado internacional.

 

En el año 2000 comenzó el boom. Según el Banco de la República, el gramo pasó de valer $16.700 en enero a $20.025 apenas un año después. En 2004 alcanzó los $37.300 y en 2013 los $86.900. El alza se congeló en 2014 y el gramo bajó a $70.000, pero el aumento del precio del dólar terminó disparando nuevamente el del oro, que al 15 de agosto de este año se calculó en $108.099 por gramo.

En 2005 Río Quito fue calificado como el municipio más pobre del país con el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas más alto en un 98,81%, según el censo del DANE.

PAIMADÓ

QUIBDO

RÍO ATRATO

RÍO QUITO

SAN ISIDRO

VILLACONTO

El 90%

de los 9.000 habitantes de Río Quito vive en la pobreza.

En 2012 se construyó un muro de 400 metros para impedir que la fuerza del río acabara con Paimadó.

“Vea, el daño ambiental que hacen los mineros informales es mínimo comparado con el de las multinacionales”, nos dijo en Quibdó un comerciante que antes fue minero y ahora vende oro. Pero basta viajar a Villa Conto, San Isidro o Paimadó para confirmar la ligereza de la frase. En ninguna parte de la cuenca del Atrato (donde desemboca el Quito) hay mineros legales, y sólo tres de las unidades mineras de platino y oro que existen en el departamento del Chocó cuentan con licencia ambiental.

En el 2000 comenzó el 'boom' del oro cuando pasó de valer $16.700 a $20.025 apenas un año después.

Sin embargo, las cifras  oficiales reportan que en 2012 Chocó ocupó el primer lugar en la producción de platino en Colombia, con el 98,6% del volumen nacional, y fue el segundo proveedor de oro y plata, después de Antioquia. Ese año el departamento extrajo 24.438 kg de oro, correspondientes al 37% de la producción nacional.

Entre 2004 y 2009, sólo en Río Quito, se  identificaron 27 dragas operando de manera simultánea. Hoy la gente habla de más de 40. Ante  la ausencia de una política clara sobre conservación natural o formalización minera, los líderes de algunos consejos comunitarios han negociado la entrada de maquinaria  a cambio de $2 millones mensuales por draga más el 20% de las ganancias producidas.

 

El río  se llevó la casa de Tina Mosquera en Paimadó. El cura del pueblo le regaló un árbol que sembró justo donde dormía. La chocoana dice que de niña, las playas del Quito eran un "paraíso".

Por falta de control, las máquinas se comieron poco a poco los bordes del río Quito, fragmentando su curso, desviando el cauce, mientras vertían a las aguas kilos de mercurio y cianuro, que se usan para separar el oro de las rocas. Entre 2002 y 2003, la destrucción de tres meandros que controlaban la energía del Quito antes de su llegada a Paimadó hizo que el agua se metiera en el pueblo con toda su fuerza y destrozara la casa de Tina y las de sus vecinos.

 

Río Quito es una radiografía impactante del desastre ambiental asociado a la minería ilegal. Sólo los lancheros experimentados pueden enfrentarse a un afluente que parece un hilo cortado a tijeretazos. Hay que moverse con cuidado o el bote puede encallar en una isla de arena artificial que en algún momento resultó de drenar tierra y depositarla en cualquier parte.

Incluso, hace unos años se redactó un protocolo en el que las comunidades afros permitían el ingreso de mineros si éstos se comprometían a recuperar las áreas intervenidas. Hoy la comunidad acepta que  se dejaron deslumbrar por el dinero. Finalmente, este es el rincón más pobre de Colombia.

“No íbamos a permitir que vinieran a llevarse el  oro sin dejarnos nada. Además, esa gente anda respaldada por los duros. Entonces se negocia o se negocia. Y ahora el Gobierno dice que somos cómplices de los mineros. ¿Cómplices? Cuando ni la Policía ni el Ejército paran esto. Nadie nos protege y a nosotros nos toca enfrentar a los  armados, cuando no somos criminales”, dice N, habitante de San Isidro.

 

Las prácticas artesanales fueron en gran medida desplazadas por la minería mecánica. Hoy el oro escasea para los barequeros quienes pasan horas removiendo arena sin encontrar una sola pepita de metal.

La Encuesta Nacional de Agua 2014 confirma que por lo menos 205 toneladas de mercurio terminan cada año en los ríos del país. La minería ilegal es la principal fuente de vertimientos.

En menos de 15 años el afluente se sedimentó tanto que peces como el bocachico, el dentón y la mojarra fueron desapareciendo, y lo poco que ahora se puede pescar no sirve para vender, pues para los restaurantes de Quibdó el pescado de Río Quito es sinónimo de carne contaminada con mercurio. Son muchos los agricultores que concuerdan en que el mercurio y el cianuro que utilizan las dragas, unidos a los sedimentos liberados por la remoción de tierras y los suelos erosionados, quemaron las raíces de sus cultivos de maíz, arroz, chontaduro, cacao, coco, caimito, guama, caña de azúcar y plátano.

“Las cosechas se nos pudrieron y algunos dejaron de sembrar por irse a miniar. Los que tienen plata compran la comida en Quibdó; los demás comen de lo poquito que queda. Estamos al borde de una crisis. Y llegan cada tanto anunciando estudios y  estudios, y nadie hace nada por nosotros. Al paso que vamos nos espera la miseria”, dice Manuel González, un agricultor de Villa Conto.

Las palabras de Tina Mosquera desde Paimadó se repiten en cada uno de los corregimientos: “Siempre hemos sido pobres, pero nunca habíamos sentido hambre”.

La minería ilegal de oro es un negocio más rentable que el narcotráfico. Según el presidente Juan Manuel Santos, su comercialización mueve alrededor de $7 billones al año.

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En Villa Conto un grupo de niños nos alcanza corriendo para mostrarnos un recipiente de plástico con agua y arena que trajeron del río. “Mira el mercurio, míralo, míralo”. Me asomo y veo en el fondo una serie de pepitas plateadas. Ellos meten las manos, las tocan y juegan. Ignoran las consecuencias de estar expuestos al tóxico. Hasta el lejano Río Quito no llegan las noticias sobre el peligro de manipular mercurio. No saben que provoca dolores de cabeza y temblores, que afecta directamente sus propiedades cognitivas. Nadie les ha hablado de los riesgos, por eso siguen jugando.

El silencio ante las preguntas y el miedo en los ojos de la gente son los síntomas más claros de la crítica situación. Las minas están controladas por ilegales que les pagan “impuestos de operación” a las Farc, el Eln y bandas criminales como los Rastrojos o los Urabeños. La gente también acusa a la Fuerza Pública de ser cómplice y habla pasito cada vez que la menciona. “Las retros llegan por carretera, principalmente desde Medellín, y las mueven por el río Atrato ante los ojos de la Armada, del Ejército, de la Policía. Es que no estamos hablando de una actividad fácil de ocultar: son dragas, buldózers inmensos que se mueven como si nada. Aquí todos se benefician del negocio, cada filtro tiene su precio”, dice J, uno de los líderes comunitarios.

 

Lea ¡Qué alguien salve al río Atrato!, un artículo publicado por El Espectador

Fuente: Indepaz, VII Informe sobre presencia de grupos narcoparamilitares

Municipios del Departamento de Chocó con presencia de grupos armados ilegales

A pesar de que la mayoría de los colombianos ve la pobreza del Chocó como una condena irremediable, viajar a Río Quito es encontrarse con los rostros de cientos de familias que llevan años pidiéndole ayuda a un país que ha decidido darles la espalda bajo la mentalidad de que “al Chocó le tocó ser pobre”. Entonces se asume que la corrupción es paisaje y el abandono estatal se justifica. “Esto era un paraíso, se lo juro. El río era un paraíso y no había hambre”, dice Tina Mosquera mirando el muro de contención del frente de su casa.

La economía del Chocó, el departamento más pobre de Colombia, depende principalmente de la explotación de oro.

D

e las 310 toneladas de oro que Colombia exporta cada año en promedio, el 83% se extrae de minas ilegales ubicadas principalmente en Antioquia, Chocó, Nariño, Bolívar y Cauca. Las cifras oficiales estiman que, debido al impacto de las retroexcavadoras, dragas y motobombas que estos mineros operan, el país pierde alrededor de 310 hectáreas de bosques al año y 205 toneladas de mercurio terminan vertidas en los ríos.

 

Aunque en Quibdó las compraventas y las comercializadoras de oro inundan las calles principales y representan la principal actividad económica de la capital del Chocó, es difícil que alguien quiera hablar del negocio de manera desprevenida. Desde hace muy poco D se dedica a la comercialización del metal. Intentó ser minero pero quebró, y ahora tiene una compraventa en pleno centro de Quibdó.

“¿Tienen un carné que los identifique como periodistas?”, nos dice D mirándonos a través del vidrio antirrobos justo antes de abrir la puerta blindada para dejarnos pasar.

Llegamos a un acuerdo para esta entrevista. Podíamos entrevistarlo, “pero nada de nombres y nada de fotos”.

 

Muchos chocoanos se acostumbraron a invertir sus ahorros en joyas para asegurar que "ningún banco se va a aprovechar de su dinero". Vladimir carga con $90 millones encima.

Nos dijeron que usted podría ayudarnos a entender cómo se maneja el negocio del oro...

Aquí nadie les va hablando así de fácil de este tema, pero yo les ayudo porque ese cuento de que los mineros aquí se están tapando de planta es pura mentira. Yo llevo muchos años metido en esto, le manejé cuentas a un minero muy duro del Bajo Cauca, hasta que conseguí una plata y me metí a hacer minería, pero me quebré. Ahora me dedico a la venta de oro y estoy más tranquilo. Es que lidiar con esas máquinas en el monte es un complique.

Según una investigación, liderada en 2015 por el equipo periodístico peruano Ojo Público, cada año Colombia produce unas 50 toneladas de oro informal.

¿Por qué dice que la minería no es tan rentable como parece?

Sí, es que, vea, la minería se ha puesto tan dura y el oro tan escaso que puede que hoy me llegue un minero a venderme una libra, por la que le pago 35 millones, y al otro día viene el mismo man a pedirme dos millones porque no tiene para el mercado. Entonces le prestamos para atraparlo como cliente y que nos siga vendiendo a nosotros. Somos nosotros los que financiamos parte de esa minería que llaman ilegal, a punta de préstamos.

 

¿Cómo así que se queda sin plata después de que usted le entrega $35 millones?

Es que una mina es puro gasto. Hay que invertirle al menos 23 millones mensuales. Hay que pagar los impuestos que imponen la guerrilla o los de las bandas. A eso súmele la nómina de una 16 personas, la gasolina, que está bien cara, y los gastos de la maquinaria. La verdad es que el oro que llega a Quibdó mueve todo el comercio. De ahí comen los barequeros, los empleados directos, los operadores y el dueño de la mina, pero aquí ninguno de ellos se está haciendo rico. Es que la minería es una farsa muy brava. Hay mineros que les deben a las compraventas 700 o 1.000 millones. Uno adentro del negocio se da cuenta de todo, de que esto es puro gasto. Yo conozco dos o tres mineros estables, pero a los demás les toca a la hijueputa.

A un tomín

$82.608.000

Una libra de oro

1.000 gramos

$ 2.346.893

1 gramo

$82. 608

PRECIOS Y MEDIDAS

DEL ORO EN QUIBDÓ

 

Medida tradicional

 

Un castellano

 

Un tomín

 

Un grano

 

Ocho tomines

 

 

 

Precio de compra:

 

4,6 gramos

 

0,5 gramos

 

0,19 mgr

 

Un castellano

Valor:

 

$380.000

 

$47.500

 

$15.833

 

$376.000

 

$46.998

Tres granos

Una onza de oro

28,41 gramos.

 

Jueves 27 de Agosto de 2015

¿Cuánto vale poner a funcionar una mina?

Más de 400 millones si va a trabajar con maquinaria de segunda. Uno hace una inversión por ahí de 1.200 galones de gasolina, para empezar a trabajar, que le valen de 10 a 12 millones, y a eso súmele maquinaria. Toca tener dos retros para que una sola no haga tanto esfuerzo. Cada máquina está entre 150 y 180 millones, y eso que de segunda, porque de primera está difícil. A eso hay que sumarles un motor para sacar agua, que no se baja de 30 millones, y los trabajadores, que salen como en 20 o 23 millones al mes. Además, si está clasificando, necesita un aparato que le vale 13 o 16 millones.

 En esas clasificadoras es donde se utiliza el mercurio para separar el oro. Si está haciendo minería con dragas, eso sí que vale plata. Cada dragón de esos con los que se está miniando en Río Quito vale unos 1.000 millones. Las draguitas pequeñas pueden estar entre 70 y 80 millones. Por eso es que acabar este negocio no es tan fácil. Es que ahí hay invertida mucha plata.

Y después de hacer esa inversión, ¿quién decide dónde instalar la mina?

Hay barequeros que están cateando (explorando el terreno) para saber dónde hay oro. Ellos identifican la zona, le dicen a uno y ahí se ganan su platica. Pero el oro no está en todas partes. A veces se hace el hueco y se pierde el esfuerzo. Los barequeros buscan la cinta del oro, que es esa capa de tierra donde está, y nosotros echamos un corte. Eso se hace en una semana. Un corte es un hueco de 20 x 20 metros donde se va levantando tierra. Puede que se encuentre buen oro o puede que no, y sí es verdad que se va acabando con cualquier árbol, pero el impacto del pequeño minero es mínimo en comparación con los otros. Las multinacionales son peores.

En el Chocó, desde la conquista española el oro se mide por castellanos, tomines o granos. Estas piezas circulares corresponden a distintas medidas de tomín.

¿Cree que es “mínimo” el impacto de la minería ilegal sobre el río Quito, un afluente completamente desviado y contaminado por la llegada de las dragas que hacen minería?

Pues yo hablo de las retroexcavadoras. Es que cuando hay dragas sí se hace mucho daño, y Río Quito está lleno de esos dragones que contaminan mucho pero sacan oro como un berraco. Si yo me hubiera metido con dragas andaría bien platudo, porque esas dragas lavan (sacan oro) cada 24 horas.

Esos tipos tienen que sacar un promedio de 150 gramos de oro por día para que sea rentable. Pero en los ríos Bebará y Bebaramá, de donde está saliendo la mayoría del oro del Chocó, los mineros trabajan es con retro. La guerrilla cuida mucho de esos ríos. Eso es como a seis horas en Johnson (lancha) desde aquí (Quibdó), y usted llega allá y el agua está clarita. La guerrilla ni deja tomar fotos y obliga a los mineros a reforestar y a paisajiar. Allá el que trabaja les paga a las Farc, pero también tienen que sembrar y tapar los huecos que abrieron.

El Sistema de Información Minero Colombiano reporta que en 2012 Chocó ocupó el primer lugar en la producción de platino en Colombia,

 

Y, según usted, ¿cómo hacen para “no contaminar el río” si igual están removiendo tierra y utilizando tóxicos?

La guerrilla obliga a que se hagan pozos de sedimentación, que son varios huecos donde el agua se filtra y sale limpia al río. También los mineros de esas zonas tienen que ayudarles a las comunidades, les ponen luz y les pavimentan; esos pueblos tienen mejores carreteras que las de acá. Es que allá no hay Estado. La guerrilla es la que cuida y el minero no se puede negar. Yo estoy seguro de que si allá llegara el Ejército, el minero le pagaría con gusto por que le cuide la maquinaria. Pero como esta minería no está reglamentada, entonces lo tratan a uno de criminal. Y le toca a uno negociar con la guerrilla o con las bandas de paramilitares. Es que aquí todos comen del negocio y por eso les interesa que siga siendo ilegal. Mire: los periódicos deberían es dedicarse a investigar las cuentas de los militares, porque la plata les llega a todos. Yo sí digo que la minería es de locos. De aquí todo el mundo come.

¿Y usted funde oro que se extrae con mercurio?

Acá no recibimos ese oro amalgamado porque al fundirlo es muy dañino, sale un humo que le hace doler a uno la cabeza. Yo he visto gente muy jodida por tener contacto con ese oro. Acá al minero se le compra el oro listo, procesado

¿Y cómo termina ese oro que se extrae de estas minas ilegales vendiéndose como legal en Medellín o en otras ciudades?

Eso sale por aeropuerto y en Medellín nadie le pregunta a uno de dónde viene ese oro. Eso termina fundido con otro oro legal y no pasa nada.

¿Pero cómo lo sacan por el aeropuerto?

Ah, no. Ese es un secreto de estado.

 

II

Y si estuviera en sus manos solucionar este lío, ¿qué haría?

Les preguntamos a algunos chocoanos y a líderes comunitarios cómo resolverían el problema de la minería ilegal en el Chocó  si durante un mes tuvieran el poder del presidente Juan Manuel Santos.

Luis Eduardo Romaña

Habitante del corregimiento de Parmadó

Jorge Enrique Palacios

Habitante del corregimiento de Villa Conto, Chocó

Richard Moreno

Especialista en derecho ambiental y coordinador del Foro Interétnico Solidario del Chocó (Fisch)

Fanny Rosmira Salas

Líder del consejo comunitario de COCOMACIA

Sterling Londoño

Sacerdote de la Diócesis de Quibdó

quí era mi casa, donde vivía con mi mamá hasta que llegaron las dragonas esas”, dice Tina Mosquera señalando el muro de contención gigantesco que ahora detiene el río. Su dedo también apunta al árbol que sembró hace dos años justo donde quedaba su habitación, el mismo que riega como si fuera el templo que protege la memoria de su barrio desaparecido.

Durante el año 2002 la fuerza del Quito, el río caudaloso que bordeaba Paimadó (Chocó), se llevó los marañones que Tina veía por las ventanas. El agua turbia se tragó la playa de enfrente, los cultivos, la cantina, la cancha de fútbol, las puertas de Tina, sus muebles, su cama. “Un día, como a las cinco de la mañana, sentimos que la pared se vino abajo, y yo salí corriendo con mi mamá por el solar, pidiéndoles permiso a los vecinos para pasar de casa en casa. El río llevaba meses comiéndose la casa”, recuerda esta chocoana que tuvo que vivir 10 años en arriendo, esperando a que la reasentaran.

En 2004 alcanzó los $37.300, en 2013 los $86.900 y en agosto de 2015 su precio se cotizaba en $108.000

 

A pesar de los esfuerzos comunitarios para visibilizar la emergencia y de las alertas emitidas por entidades como la Defensoría del Pueblo (que en 2014 reclamó acciones urgentes de los ministerios de Salud, Minas, Ambiente y Vivienda), los ministros, el Estado, siguen sin atender la situación.

Hace un mes el presidente Juan Manuel Santos anunció su nueva estrategia para combatir la minería ilegal. Dijo que se les entregará más poder a las Fuerzas Armadas para decomisar mercancía y maquinaria y agilizar las capturas.

Pero en el caso del Chocó no serán suficientes las acciones policivas. Con tasas de desempleo que en el caso de Río Quito superan el 90%, las comunidades exigen reparación del medio ambiente, recuperación del agro y oportunidades productivas coherentes.

 

La Policía de Quibdó asegura que la minería ilegal es uno de sus asuntos prioritarios y que, contrario a las acusaciones, en los primeros seis meses del año capturaron 64 personas, decomisaron 35 retroexcavadoras y 12 dragas e intervinieron 11 minas en el Chocó. Sin embargo, sólo han logrado incautar 5.493 gramos de oro y un kilo de mercurio en todo el departamento. Hace cuatro meses, con la llegada del mayor Joaquín Guillermo Domínguez, se creó un equipo de trabajo entre las Fuerzas Armadas, la Fiscalía y Codechocó para hacer más efectivos los operativos contra los ilegales. La Policía reconoce que la presencia de grupos armados es el mayor impedimento para desarticular las minas.

***

Cuando tienen horas de descanso, los mineros llegan a Brisas del Remolino en Paimadó donde la gente toma cerveza y escucha vallenato, rancheras y salsa. Con la plata producida en largos turnos de trabajo invitan a las mujeres a pasarse unos días en las dragas. La situación se repite en Villa Conto y San Isidro. Incluso el rumor es que aguas arriba la realidad es mucho más crítica en todos los aspectos. Pero por allá no se acerca nadie. El miedo impide que lleguen las autoridades, la ley  y los periodistas.

“Las profesoras cuentan que las niñas dejan las  clases y vuelven con plata y a veces con infecciones vaginales. La minería ha  incrementado los conflictos familiares. La falta de oportunidades obliga a la gente a miniar”, explica M,  funcionaria de la Defensoría del Pueblo.

Acandí

Los Rastrojos

Los Urabeños

Las Águilas Negras

 

Alto Baudó

Los Rastrojos

Las Águilas Negras

 

Bahía Solano

Los Rastrojos

 

Bajo Baudó

Los Rastrojos

 

Belén de Bajirá

Las Águilas Negras

 

Condoto

Renacer

 

El Cantón de San Pablo

Los Rastrojos

Renacer

 

El Carmen del Atrato

Los Urabeños

Las Águilas Negras

 

El Carmen del Darién

Los Rastrojos

Los Urabeños

 

 

Istmina

Los Rastrojos

Las Águilas Negras Renacer

 

 

Juradó

Los Rastrojos

 

Medio Baudó

Los Rastrojos

Las Águilas Negras Renacer

 

Medio San Juan

Los Rastrojos

Las Águilas Negras

 

Nuquí

Los Rastrojos

 

 

Quibdó

Los Rastrojos

Las Águilas Negras Renacer

 

 

Riosucio

Los Rastrojos

Los Urabeños

Las Águilas Negras

 

Tadó

Los Rastrojos

 

Unguía

Los Urabeños

Las Águilas Negras

 

Unión Panamericana

Renacer

 

 

 

 

III

Un comerciante de oro de Quibdó explica cómo se monta y cuánto cuesta una operación minera en la selva chocoana.

“Este negocio no se acaba porque de aquí comen todos. La minería es una cosa de locos”

Se estima que una draga minera puede costar $1.000 millones de pesos, en Río Quito los habitantes dicen que hay unas 40 dragas operando.

El oro se procesa en las minas y también en las compraventas. La ruta del oro ilegal permite que en algún eslabón de la cadena de comercialización el metal ilegal termine fundido con el legal.

 

Río Quito, a 30 kilómetros de Quibdó, no solo es una mina de metales preciosos sino también el  pueblo más pobre del país. Sus  tres corregimientos: Villa Conto, San Isidro y Paimadó viven con el  98% de sus necesidades básicas insatisfechas, según el DANE.

Como era de esperarse, los acuerdos en Río Quito se incumplieron y vinieron las intimidaciones de los grupos armados. La corrupción impidió que se viera el dinero, la degradación ambiental avanzó y la extracción descontrolada de oro modificó por completo la vida de la gente.

 El metal extraído termina en Medellín, ciudad desde la que se exporta vía aeropuerto el 93% del cargamento del oro de toda Colombia. con el 98,6% del volumen nacional, y fue el segundo proveedor de oro y plata, después de Antioquia.

Galería

La batalla jurídica contra el Estado

 

En 2011, con el acompañamiento de abogadas de la ONG Tierra Digna, las comunidades de Río Quito presentaron una acción popular ante el Tribunal Administrativo del Distrito Judicial de Bogotá, para demandar, entre otros, a los ministerios de Minas y Ambiente y la Fiscalía, por su ineficiencia para resolver el problema ambiental y de salud pública ligado a la minería. Cuatro años después el proceso sigue engavetado.

A comienzos de 2015 la protesta comunitaria cobró otro impulso. El 27 de enero, acompañados por las abogadas Ximena González y Carla Henríquez, de Tierra Digna, 75.000 afrodescendientes —entre ellos los habitantes de Río Quito— le exigieron  a 27 entidades públicas, a través de una acción de tutela, que se ocupen del desastre ambiental y sanitario provocado por el abandono estatal y extracción ilegal de oro y de madera en toda la cuenca del río Atrato, donde afluentes, ciénagas y otros humedales se han visto gravemente afectados.

 

Sin embargo, el fallo en primera instancia, que fue confirmado en abril por el Consejo de Estado, determinó que las comunidades no debieron reclamar sus derechos a través de una acción de tutela, porque en este caso se trata de afectaciones de derechos colectivos. Los magistrados les recomendaron a los consejos comunitarios demandar por medio de una acción popular. El mismo mecanismo que lleva cuatro años sin resolverse en el caso de Río Quito.

 

“Las comunidades se han visto obligadas a enfrentarse jurídicamente al Estado para exigir una protección de derechos que debería estar garantizada. Intentamos exigir justicia a través de la tutela porque creemos que son sus derechos fundamentales los que han estado violando. Los procesos mucho tiempo en resolverse, mientras las afectaciones empeoran. Pero la fuerza de los líderes no para, los chocoanos no se cansan de luchar”, dice la abogada Johana Rocha Gómez, de Tierra Digna, quien desde 2010 acompaña este caso.

Para el  Banco

de la República:

Jueves 27 de Agosto

de 2015

LAS CIFRAS

DEL ORO

Pesos colombianos por gramo fino

Metal

ORO

 

Precio de compra:

$108.099,98

 

Precio de venta

$117.499,98