Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La riqueza del bogotano promedio ha crecido en los últimos años, según el estudio “El Capital de la Capital” de RADDAR, en el que se muestran los cambios en el valor de patrimonio de los hogares colombianos. Este proceso se aceleró con la elección popular de alcaldes, así como con la descentralización del país; sin embargo, la pregunta es si esta política tendrá continuidad en el tiempo. Y la respuesta es sí, gracias la revolución silenciosa que la educación básica y secundaria han logrado.
Las grandes obras en megacolegios, instituciones en concesión y la aplicación del esquema de competencias educativas han transformado el entorno educativo de Bogotá en los últimos 12 años: en especial, la gratuidad de la educación y el proceso de meritocracia de docentes.
La gratuidad es la aplicación de una política social concreta de subsidio educativo para aquellos que no puedan financiar su educación, lo que garantiza a los bogotanos el acceso a la educación y de paso aumenta la potencialidad productiva de la ciudad y de los hogares ubicados en SISBEN 1 y 2, pues los libera de un gasto.
Según datos del RADDAR Consumo, este rubro de $72.000 —66% mayor que el del año pasado— se ha destinado en su mayoría a una mejor calidad de los alimentos, compra de vestuario y pago de arriendo, lo que significa un aumento en la calidad de vida de los hogares. Se estima que este año 1.025.000 bogotanos se beneficiarán frente a los 774.000 del año pasado.
La medida tiene un rol diferente del de dar libertad económica a los hogares: busca asegurar la continuidad de la cobertura de la educación en la ciudad, así como asegurar que la capital pueda contar con más ciudadanos calificados. Evidentemente, esto no se verá reflejado en ninguna encuesta de opinión pública.
Teniendo la infraestructura y la cobertura, el paso siguiente era que se debía garantizar la calidad del servicio, y eso sólo se logra asegurando la idoneidad de los docentes.
Y es aquí donde Samuel Moreno, con la coordinación del secretario de Educación, Carlos José Herrera, se la jugó toda. En el proceso de la convocatoria docente en la que, por meritocracia, 5.490 maestros entrarán a la planta por su alto puntaje en las pruebas. Este paso no sólo mejora la calidad del servicio de educación que reciben los bogotanos, sino que es el primer paso hacia la mayor calidad del sector, ya que las pruebas que se realizaron mostraron que algunos profesores no tienen la capacidad requerida de acuerdo con los objetivos de la Secretaría.
Realizando este tipo de pruebas con regularidad, no para calificar al cuerpo docente, sino para controlar la capacidad del servicio y capacitar, en lo que sea necesario, a los maestros que lo necesiten, este proyecto se consolidará. Hoy el conocimiento no es estático y más que nunca se requiere constante actualización.
Esta iniciativa, que pasó un tanto desapercibida en los medios de comunicación, es el eje fundamental de la revolución silenciosa de Bogotá, en términos de Ronald Inglehart, ya que los cambios en las estructuras de valores, imaginarios, conocimientos, competencias y capacidades de los niños se reflejarán mañana y nadie se dará cuenta.
Hoy tenemos indicadores impresionantes de cobertura y penetración de la educación pública frente a la educación privada, con la adición del componente de gratuidad, por esto el aseguramiento de la calidad y pertinencia del profesorado es fundamental.
La formación en el capital humano de Bogotá es un multiplicador efectivo para los escasos recursos de la ciudad, y eso vas más allá de la imagen del alcalde Moreno o de los problemas en las obras; éste puede ser el gran aporte de su gobierno, y seguramente pasará desapercibido. Por eso en el ámbito de la administración pública se dice: “Dime en qué inviertes y te diré qué eres”.
* Dirección de Estudios Sociopolíticos de RADDAR