Publicidad

Al rescate de las conejitas

El octogenario amante realizó una propuesta millonaria para devolver la mítica revista al sector privado. Historia de la reconquista de un viejo amor.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
David Mayorga
31 de julio de 2010 - 09:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El octogenario bonachón protegido por sus pijamas de seda quedó atrás. Hugh Hefner, el mítico macho eterno que por décadas llevó a la cama a docenas de sus “novias”, todas jóvenes, rubias acartonadas, de piernas largas y busto postizo, el mismo que convirtió el viagra en su tótem personal, murió el pasado 12 de julio, el día que puso US$123 millones sobre la mesa para sacar de la bolsa y recobrar el amor de su niña consentida: la revista Playboy.

Fue una muerte necesaria: el viejo trajo de regreso al joven de 26 años que en 1952 dejó su trabajo en Esquire ante la negativa de que le aumentaran US$5 a su sueldo para, tras vender algunos muebles y convencer tanto a su madre como a otros 44 inversionistas, fundar el medio que desafiaría una sociedad puritana, contribuiría a refrescar el periodismo y pondría el sexo (al menos a escondidas) al alcance de los menores.

Hoy, con 82 años, Hefner busca recuperar el mando de Playboy Enterprises Inc. Perdió parte de su propiedad en 1971, cuando el éxito de los quioscos de revistas la llevó a la bolsa; años más tarde, en 1988, le cedió el liderazgo administrativo a su hija Christie. Sin embargo, con el 69,5% de las acciones con derecho a voto y el 27,7% de títulos de segunda clase, mantuvo el control editorial y la última palabra en la portada, la chica del mes, las cartas de los lectores y las tiras cómicas.

 Pero la joya de la corona fue perdiendo su brillo. De la mítica edición de noviembre de 1972, que vendió 7’161.561 copias y abrió el universo de la televisión, la radio y las filiales internacionales, de los más de US$1.000 millones facturados en los años 90, del imperio que libró una lucha a muerte con su competencia, Penthouse, por conquistar el segmento de revistas para hombres (ver artículo superior), sólo quedan bellos recuerdos.

Al igual que los medios impresos de todo el mundo, Playboy entró en agonía por cuenta de los contenidos gratuitos y explícitos en internet. Una guerra sin cuartel en la que la estrategia de invertir gruesas sumas de dinero en campañas contra la pornografía infantil ni siquiera conmovió a los lectores: 2009 trajo consigo una reducción de la tirada a 1,5 millones de ejemplares, pérdidas de más de US$50 millones y una deuda acumulada de US$409,5 millones.

El plan del veterano amante es sencillo: regresar el conglomerado al sector privado para explotar la reestructuración de la marca, que puede verse en casinos, juguetes, relojes, ropa interior femenina, entre otros productos.

En Colombia se sostiene el optimismo sobre el futuro. “Mantenemos una comunicación fluida y un diálogo tranquilo con nuestra casa matriz”, asegura Julián Chang, editor de la edición nacional de Playboy y quien asegura que la vuelta de Hefner a la cabeza del conglomerado no interferirá en sus propios planes: inaugurar y posicionar su propio portal de internet, llevar celebridades ligeras de ropa a la portada (Marcela Mar será la imagen de la edición de septiembre) y organizar fiestas épicas.

Sin embargo, la reconquista no será nada fácil. Los accionistas minoritarios demandaron a Hefner en una corte de Delaware por una propuesta que consideran va en detrimento de su patrimonio; además, el viejo enemigo, Penthouse, hizo una oferta mayor (US$210 millones) para quedarse con la novia. Estrategias que no desviarán al experimentado magnate de su objetivo.

“La revista no está a la venta. Yo quiero comprar, no vender”, sentenció Hefner en su cuenta de Twitter, una pista de que llegará a terrenos inimaginados por sacar adelante su plan y salvar a sus voluptuosas conejitas de un futuro que no pinta bien.

La reedición de las Guerras Púbicas

Septiembre de 1969 marcó un hito en el mercado masculino de EE.UU.: desde Inglaterra llegó la revista Penthouse para retar no sólo el liderazgo de Playboy, sino para dejar su propia marca al mostrar portadas donde se exhibía el vello púbico de las mujeres, algo considerado como “pornografía” en el país del norte.

Su competidor no se quedó atrás y en la década siguiente libró una cruenta batalla por superar la propuesta gráfica del extranjero. Esto reportó gruesas ventas para ambas publicaciones hasta la aparición de Hustler en 1974, que incluía planos explícitos de los genitales femeninos.

Hoy en día Penthouse busca librar una nueva batalla en el terreno económico: comprar a su mítico rival.

Por David Mayorga

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.