Redes sociales: el dolor de cabeza de las empresas

Gran porcentaje de compañías han optado por prohibir el uso de Facebook y Twitter debido a inconvenientes con sus empleados.

Los comentarios que hizo en su Facebook un funcionario de la oficina de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín no solamente le significaron su traslado a otra área, sino el tener que enfrentar una serie de denuncias por calumnia y manejo inapropiado de la información pública. En su defensa argumentó, al igual que muchas otras personas a las que les ha sucedido lo mismo, que el mensaje no era malintencionado, simplemente se había expresado a través de una red social.

Recientemente otro joven empleado colombiano recibió un memorando de su jefe por escribir comentarios agresivos a sus compañeros en Twitter. Situaciones como éstas han encendido las alarmas entre los directivos de las compañías, quienes ven con preocupación cómo las redes sociales no sólo están interfiriendo en la productividad de sus empleados —en Perú, por ejemplo, el 6% de los trabajadores pasa una hora de su jornada laboral en Facebook y Twitter y esto ha significado pérdidas por más de US$10 millones—, sino que se han convertido en un medio para que publiquen todo tipo de información: desde insultos a sus compañeros y jefes hasta datos confidenciales de su trabajo.

En Colombia algunas empresas como Carrefour han optado por prohibir el acceso a estas páginas para evitar incidentes y que sus empleados se distraigan, y otras compañías están estudiando la posibilidad de crear una especie de manual de conductas en estas redes para evitar malos entendidos. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha llegado al punto de aconsejar a los profesores de las escuelas públicas no aceptar en Facebook a sus alumnos con el fin de respetar su privacidad.

En Alemania, en cambio, acaba de ser aprobada una ley para impedir que las empresas utilicen información que sus trabajadores hayan incluido en su perfil de alguna red social, con el fin de evitar que ésta sea utilizada en su contra. Thomas de Maizière, ministro de Interior alemán, es uno de los principales defensores de esta norma, pues considera que en muchos casos los “jefes se han pasado de la raya”.

Lo cierto es que el debate hasta ahora comienza. Mientras algunos psicólogos del área de recursos humanos, como Ángela Rodríguez, advierten que es necesario crear una especie de código ético que le indique a los empleados hasta dónde llega su libertad de expresión en las redes sociales, es decir, qué cosas relacionadas con lo laboral es prudente que compartan con sus contactos y cuáles no, hay quienes aseguran que es necesario aprender a cerrar la ventana indiscreta en la que se ha convertido Facebook y Twitter.


Despedidos por imprudencia  en las redes sociales

Una trabajadora de una aseguradora suiza informó una mañana a su empresa que sufría migraña y debía quedarse en casa porque estar al frente del computador le aumentaba los síntomas. Días después sus jefes descubrieron, al revisar su Facebook, que durante su convalecencia había estado actualizando su perfil en Facebook y la despidieron.

Un trabajador inglés perdió su empleo por escribir en Twitter un insulto a su jefe. No recordaba que éste estaba entre sus contactos y podía ver sus tweets.

Un grupo de 13 tripulantes de cabina de una reconocida aerolínea británica insultaron a los pasajeros a través de mensajes que publicaron en Facebook y esto les costó el trabajo.

Una empleada británica, de una compañía de logística, escribió en Twitter que se aburría en el trabajo. Sus jefes al leer el comentario la llamaron para pedirle que se buscara otro empleo en el que no se aburriera tanto.

Un joven empleado de un banco en Estados Unidos le comunicó a su jefe que no podría ir a trabajar al día siguiente porque tenía una emergencia familiar. Pero en realidad faltó para celebrar una fiesta de Halloween. Así lo corroboró su jefe en las fotos que vio en Facebook.