Volver a la urbanidad de Carreño

Proyecto de ley plantea incluir nuevamente la cátedra de educación cívica desde preescolar.

Cada que se habla de crisis de valores y ausencia de ética en la sociedad, de falta de respeto de los hijos para con los padres y de la necesidad de impartir una educación basada en la familia, la disciplina, la solidaridad y las buenas costumbres, se vuelve al mismo tema: volver a enseñar en escuelas y colegios el Manual de urbanidad y buenas maneras de Carreño, aquellas normas publicadas en 1853 por el diplomático y pedagogo venezolano Manuel Antonio Carreño Muñoz “para uso de la juventud de ambos sexos” y que marcaban la pauta en “civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales”.

Esta vez es el representante a la Cámara por Santander Miguel de Jesús Arenas, del Partido Liberal, quien ha presentado ante dicha corporación un proyecto de ley que busca imponer nuevamente en el sistema educativo aquellos lineamientos que, según dice, “se han perdido y tienen hoy a la sociedad colombiana en una crisis de valores”. La idea es volver a enseñar en los planteles la cátedra de educación cívica y urbanidad. Un asunto que ya fue tratado recientemente durante las discusiones fomentadas por el Ministerio de Educación para dirimir los lineamientos del Plan Decenal 2006-2015, cuando algunos padres y maestros clamaron recuperarla como materia fundamental en los colegios.

La principal explicación dada para sustentar tal petición es que sentían que habían perdido el control de sus hijos y sus alumnos. Incluso, en la justificación del proyecto, el representante Arenas revela datos y testimonios sobre casos sucedidos en varios colegios de Santander donde las agresiones de alumnos a los profesores son pan de cada día.

Precisamente, en abril del año pasado, el Columbia College de Bucaramanga, a través de su página de internet, hablaba de la necesidad urgente de afirmación de principios y valores que logren imprimirle un carácter moral al país, y enfatizaba: “Porque es esencial la transformación y desarrollo del pensamiento de nuestra sociedad, porque la verdadera cultura es la que aumenta y se enriquece en principios y valores, queremos retomar las bases y los fundamentos sólidos de los principios universales y la urbanidad para la construcción del carácter de un ciudadano maduro, completo y preparado para hacer el bien. El Columbia College quiere de vuelta la urbanidad de Carreño en nuestro sistema educativo y en el seno de cada familia de nuestra amada Colombia”.

En el escrito se reconocía que los tiempos han cambiado, pero que la urbanidad de Carreño “ayudó a enderezar generaciones enteras en el siglo pasado. Hoy, luego de varias generaciones que crecieron sin normas porque sus padres fueron los rebeldes de los años sesenta, devotos de una utopía que buscaba un mundo mejor y que nunca llegó, nos encontramos inmersos en una realidad social con ausencia de convivencia y autorregulación. La tendencia común de las mayorías es a saltar las reglas. Mucha gente piensa que si la ciudad o el país no le dan nada, entonces no tiene por qué devolverle nada a cambio”.

Y es a cambiar esa mentalidad a lo que apunta el proyecto del representante Miguel de Jesús Arenas, promoviendo la educación cívica desde el nivel preescolar. “En Colombia, los jóvenes estudiantes deben estar preparados para ser futuros profesionales, padres, hijos y compañeros, así como para interactuar en los distintos roles que conlleva vivir en sociedad. En las conversaciones del común se palpa la preocupación que existe por la convivencia y no sabemos qué hacer para lograrla”. Según el congresista, la ausencia de temas de urbanidad y cívica en la educación se ve reflejada en los estudiantes, al mostrar predisposiciones personales negativas frente a lo que es la participación en actividades políticas democráticas, sobre equidad de género o la defensa de los derechos humanos”.

La iniciativa iniciará trámite en los próximos días en la Cámara. Aún hay muchas preguntas sueltas y no se sabe qué futuro pueda tener. Más aún cuando hay quienes ven como un imposible el tratar de imponer reglas de mitad del siglo XIX a una sociedad que, como la colombiana, se supone cada vez más liberal. Ya lo había advertido Abel Rodríguez, el ex secretario de Educación de Bogotá: “El espacio que han ganado los muchachos es de libertad e irreverencia por todo lo existente, pero frente a esa realidad los mayores no podemos obligarlos a volver hacia atrás en una interpretación de los valores que ellos consideran obsoleta. Nuestro deber es encauzar pedagógicamente esta autonomía, porque esta es la expresión natural de la Constitución de 1991”.