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Washington, bajo presión

La revelación de casi 400.000 archivos clasificados de la guerra de Irak puso al descubierto serias violaciones de las tropas estadounidenses en la guerra. El Reino Unido exigió una investigación.

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Redacción Internacional
24 de octubre de 2010 - 08:00 p. m.
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La última brigada de combate de los Estados Unidos en Irak dejó el terreno antes de que terminara el mes de agosto. No obstante, las tensiones que se conservaron durante casi siete años de conflicto ahora están muy lejos de diezmarse en el tiempo, las huellas del conflicto, representadas en 391.831 informes clasificados revelados por Wikileaks —sitio web especializado en filtraciones de documentos—, tienen al Pentágono y al gobierno en una situación incómoda.

Con la revelación, cerca de 400.000 documentos clasificados de la guerra, se incrementa la cuenta de civiles muertos en el conflicto en 15.000 (66.081 tiene el último registro) además de dejar al descubierto una serie de irregularidades que tuvieron lugar en el desarrollo de la guerra.

Según los informes, durante los últimos dos años Estados Unidos entregó miles de prisioneros al gobierno de Bagdad aun sabiendo que dentro de los reclusorios lo reos eran torturados y maltratados por las autoridades. Incluso, en uno de los documentos aparece la frase: “Si las fuerzas de la coalición no están implicadas en los presuntos abusos, no hace falta seguir en la investigación”.

Sumados a la supuesta indiferencia de las tropas, también se relatan casos de ejecuciones extrajudiciales de insurgentes en situación de rendición, la muerte de una mujer embarazada al ser baleado el carro que la transportaba de urgencia por cruzar demasiado rápido un puesto de control y el ataque indiscriminado de un grupo de soldados a civiles que les sirvió de catarsis a la muerte en combate de uno de sus compañeros. Estos son sólo algunos de los casos que salieron a flote durante el fin de semana.

El viceprimer ministro del Reino Unido, Nick Clegg, no justificó la filtración de los documentos, pero se mostró impactado por las revelaciones: “Todo lo que permita pensar que las reglas de base de la guerra, los conflictos y el combate han sido violados o que la tortura ha podido ser de cualquier modo tolerada es extremadamente grave y debe ser investigado”.

La reacciones vinieron también de parte del relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura, Manfred Nowak, quien exigió una investigación y cuestionó las promesas de cambio del presidente Barack Obama. Amnistía Internacional también instó a Washington a realizar pesquisas sobre lo que considera “grave violación al Derecho Internacional”.

La Casa Blanca hasta ahora continúa impasible, sin referirse al tema. Mientras tanto, el australiano Julian Assange, fundador y editor de Wikileaks, comienza a ser reconocido por los medios como el adversario número uno del Pentágono.

Por Redacción Internacional

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