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Deportes 6 Jul 2008 - 11:18 pm

El conjunto ajedrezado conquistó su primera estrella

Chicó ganó la batalla de Boyacá

En una dramática definición por penaltis, el equipo dirigido por Alberto Gamero derrotó al América y se coronó campeón de la Copa Mustang I. En los 90 minutos, el partido había quedado empatado 1-1. Fiesta en Tunja.

Por: Redacción Deportiva
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Foto: David Campuzano

Algo más de 180 minutos y nueve cobros desde el punto penalti se necesitaron para definir la final más pareja del fútbol profesional colombiano desde que se juegan torneos semestrales.

Dramática resultó para el Chicó la conquista de su primera estrella, aunque la felicidad que le produjo al pueblo boyacense pagó con creces todo el sufrimiento y la tensión que vivió antes y durante el partido.

“Este ha sido un esfuerzo muy grande, un trabajo de muchos años que por fin ha dado resultados. Hemos superado con temperamento todo tipo de inconvenientes, pero Dios nos ha premiado hoy con el título”, dijo Eduardo Pimentel, presidente, ex técnico, fundador y máximo accionista del conjunto ajedrezado.

Y eso que el domingo, ante América, su equipo no tuvo la brillantez de otras tardes y se dejó traicionar por los nervios en la segunda mitad. No obstante, con el apoyo de cerca de 10 mil hinchas, los jugadores del conjunto boyacense demostraron su jerarquía y experiencia para imponerse en la definición por penaltis.

En las graderías el duelo también lo ganaron los boyacenses por la mínima diferencia, pues cerca del 40% de los asistentes estaban vestidos de rojo, sobre todo en las tribunas oriental, norte y sur.

Y aunque Tunja nunca había vivido una fiesta tan grande como la del domingo , las autoridades locales hicieron un enorme esfuerzo para cumplir con los requerimientos de la logística y por fortuna todo salió bien. Los hinchas americanos no tuvieron problemas para llegar desde otras regiones del país. Incluso los miembros de la barra Disturbio Rojo, quienes ingresaron a los 20 minutos del juego, tenían sus lugares reservados.

Fue una tarde noche mágica, llena de tensión, pero también de un ambiente de paz y espíritu deportivo. De hecho, al final del compromiso los aficionados escarlatas aplaudieron con hidalguía al nuevo campeón y se marcharon cabizbajos, pero orgullosos de su equipo, pues los muchachos dejaron en la cancha del estadio La Independencia hasta la última gota de sudor.

El local pegó primero

Boyacá Chicó comenzó dominando las acciones y a los cuatro minutos creó la primera opción clara de gol. Un doble cabezazo en el área que de manera providencial sacó el arquero Adrián Berbia. Después los ajedrezados siguieron manejando el balón, pero no hacían daño.

Hasta que a los 33 minutos América despertó. Se juntaron por la punta izquierda el panameño Luis Tejada y Pablo Armero. El remate del lateral rojo fue rechazado por el arquero Édigson Velásquez y el rebote le quedó a Adrián Ramos, quien increíblemente tiró la pelota por encima del horizontal.

En la siguiente jugada el argentino Miguel Caneo le tiró un centro a Frank Pacheco, quien bajó el balón y cuando intentó eludir a Berbia, fue derribado por el cuidapalos uruguayo. Cobró Caneo y decretó el gol de la ventaja para los locales, que en su campaña en casa ganaron ocho partidos, empataron cinco más y no conocieron la derrota.

Así se fueron al descanso y en los vestuarios las indicaciones del técnico rojo, Diego Édison Umaña, tuvieron mayor efecto, pues en la segunda parte los vallecaucanos salieron con todo en busca del empate y se montaron en el juego.

De hecho, crearon tres opciones claras de gol, hasta que a los 37 minutos, cuando la afición boyacense ya comenzaba a gritar “campeón”, llegó la igualdad luego de que Tejada transformara en gol un penalti que le cometió el veterano Évert Palacios a Adrián Ramos.

Así, parejos como empezaron el miércoles en Cali, terminaron anoche los dos mejores equipos del torneo, que tuvieron que definir el título por lanzamientos desde los once metros en medio de un ambiente absolutamente tenso.

Por Chicó anotaron los experimentados Caneo, Óscar Díaz, Évert Palacios y el juvenil Pablo Pino. Por América lo hicieron los veteranos Jersson González y Óscar Restrepo, pero fallaron Adrián Ramos y Paulo César Arango, dos nuevas figuras del balompié nacional que representaron la cara de la derrota en esta final y con lágrimas en sus ojos dejaron el terreno de juego.

Apenas Arango estrelló su cobro contra el vertical derecho, comenzó la celebración boyacense, encabezada por la familia Pimentel y el técnico Alberto Gamero, quien justo hace 20 años se coronó campeón cuando era jugador de Millonarios.

De ahí en adelante todo fue fiesta. En cada uno de los 123 municipios del departamento la gente salió a las calles a celebrar. El Chicó, en su nombre, ganó otra batalla memorable para Boyacá, casi 200 años después de la que nos dio la independencia.

 

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