La mala hora de Cristina Fernández de Kirchner

<p>La Presidenta argentina hizo que un problema menor se convirtiera en la crisis más innecesaria e inexplicable de la historia. Cerca de 200.000 personas protagonizaron la marcha más grande en contra del Gobierno. El estilo poco conciliador de ‘CK’ provocó que su imagen se fuera al piso. En apenas cinco meses de gobierno cayó más de 20 puntos.</p>

Una mirada sobre la vida institucional argentina de los últimos años muestra a Cristina Fernández de Kirchner como poseedora de un impensado récord: ningún presidente constitucional, desde la recuperación de la democracia a fines de 1983, recibió tantas críticas ni acumuló tantos conflictos y en tantos frentes en tan poco tiempo de gestión. Cuando aún no ha cumplido seis meses en la Casa de Gobierno lleva casi tres de durísimo enfrentamiento —huelga patronal incluida— con las corporaciones del agro por las retenciones a las exportaciones de granos. Se le acusa de manipular los índices de precios y las tasas de pobreza e indigencia, se dice que gobierna dirigida por su marido (el ex presidente Néstor Kirchner), ha tenido fuertes roces con los grandes medios de comunicación y con la jerarquía de la Iglesia Católica. También se le critica su “estilo confrontativo” y su imagen va en caída libre.

El dato es aún más llamativo si se tiene en cuenta que llegó a la presidencia después de ganar las elecciones con poco menos del 50% de los votos y más de veinte puntos de ventaja sobre su rival más cercana, y que gobierna un país en plena reactivación, con un crecimiento económico del 9% anual y más de 50.000 millones de dólares en reservas.

En la política argentina hay una ley no escrita que dice que todo presidente que asume tiene cien días de gracia, durante los cuales toma sus primeras medidas de gobierno sin encontrar piedras en el camino. No habían pasado 48 horas de cumplido ese plazo cuando, el 12 de marzo pasado, las entidades rurales decidieron un primer paro contra el nuevo esquema de retenciones a las exportaciones agropecuarias. “No me van a someter a ninguna extorsión”, advirtió por esos días la Presidenta, que acusó a los dirigentes agrarios de “piqueteros de la abundancia”. Debido a la intransigencia de las partes, lo que en un principio parecía un tema que podría solucionarse mediante una negociación sectorial con funcionarios de segunda línea del Gobierno comenzó una escalada que llegó a su punto más alto el domingo pasado durante la celebración del 25 de mayo —198 aniversario de la Independencia—.

La fecha encontró a los ciudadanos divididos entre dos actos multitudinarios: uno oficial, con Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza, en la provincia de Salta, y otro convocado por las corporaciones agropecuarias en el emblemático monumento a la bandera, en la ciudad de Rosario, al que se sumaron los más variopintos dirigentes de la oposición política. Allí le dispararon con munición gruesa a la mandataria: “En este momento la gente ve que hay posibilidad de crear empleo, riqueza y alimentos, pero siente que hay una barrera que lo impide. El gobierno de los Kirchner es un obstáculo para que el desarrollo sea posible”, aseguró Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria, en un discurso que desde el Gobierno se leyó como casi golpista.

¿Cuestión de género?

Al margen del contenido político de su reclamo, el dirigente repitió una de las críticas más reiteradas que la oposición le hace


a la Presidenta: la de gobernar dirigida desde las sombras por su marido, una modalidad que el ex presidente Eduardo Duhalde definió como la existencia de un “doble comando” en la Casa Rosada. Pero quienes más virulentas se muestran al hablar del tema son las mujeres. “La verdad es que Cristina llegó al poder porque no habló. Cristina habló y miren que pasó”, atacó Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica, principal alianza de la oposición. Y advirtió, “la Presidenta tiene que darse cuenta de que su primer deber es pacificar el país y tiene dos días para hacerlo”.

Desde el oficialismo, la defensa de la presidenta corrió también por cuenta de una mujer, la diputada Juliana Di Tullio: “No hay debilidad de Cristina —contraatacó—. Ella está dando una pelea significativa, de fondo, y lo está haciendo bien. Hay un aprovechamiento de la oposición. Néstor Kirchner es el jefe político del partido, de Cristina también. Pero no hay ninguna sociedad de poder; ocurre que viven juntos”.

Lo cierto es que, desde que asumió la Presidencia, Cristina Fernández de Kirchner se ha quejado en más de una ocasión de que todo le resulta más difícil por su condición de mujer. “Puede ser que se la castigue de más por ser mujer, pero no es lo central”, dice la dirigente del Movimiento Socialista de los Trabajadores, Vilma Ripoll.

Consultado por El Espectador, el escritor y periodista Julio Sierra —autor de Primeras Damas Argentinas e investigador del lugar de la mujer en la historia del país—, sostiene que a principios del siglo XXI la cuestión de género no es central cuando se trata de participar de la vida política argentina: “En un país que ha tenido figuras políticas de la talla de Alicia Moreau de Justo y Eva Perón, que lucharon por los derechos de la mujer en todos los campos, incluido el de la política; en un país de mujeres como la Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que poniendo en riesgo sus vidas jugaron un papel fundamental en la denuncia de los crímenes de la última dictadura y hoy son reconocidas mundialmente por su lucha en defensa de los derechos humanos, parece por lo menos exagerado decir que las mujeres encuentran más dificultades que los hombres cuando ejercen un cargo público”, dice.

Más allá de las polémicas de género, Cristina Fernández de Kirchner enfrenta problemas que tienen un costo político real. Uno de ellos es la virtual intervención del Gobierno en el Instituto de Estadísticas y Censo (Indec), encargado de medir índices clave como los de precios, ocupación, pobreza e indigencia. Las cifras oficiales —muy por debajo de las que dan a conocer instituciones privadas y organismos no gubernamentales— generan una fuerte desconfianza en la población. Otro, su enfrentamiento con los medios de comunicación y con la jerarquía católica.

Como contrapartida, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner —en cuanto continuación del modelo iniciado en 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia— pude exhibir logros incuestionables, como el sostenido crecimiento de la economía, el aumento de las inversiones y la inédita acumulación de reservas.

Así las cosas, el oficialismo y la oposición plantean diferentes miradas sobre la realidad argentina: mientras uno exagera sus aciertos, la otra potencia sus críticas. Sólo en este contexto puede entenderse la enorme discrepancia de las encuestas que miden la opinión de la sociedad sobre la Presidenta. En la última semana, tres consultoras señalaron retrocesos de hasta el 20% de su imagen positiva y un fuerte aumento de su imagen negativa, mientras que otras cuatro —cercanas al Gobierno—


ofrecieron datos diametralmente opuestos. Dejando de lado estos números, nadie puede negar que Cristina Fernández de Kirchner ha tenido que enfrentar más conflictos y críticas que ningún otro presidente constitucional en sus primeros meses de mandato.

La piedra en el tacón

Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), se convirtió en el dolor de cabeza de Cristina Fernández de Kirchner. Fue él quien movilizó a las otras entidades del campo en contra de las políticas tomadas por el Gobierno argentino y en sus manos está la decisión de levantar el paro que ya lleva dos meses y medio. Esta huelga ha sido calificada como la más larga en la historia argentina.

Inicialmente —por afinidad política— Buzzi tenía una buena relación con el kirchnerismo, pero ésta se fracturó a mediados de 2006. En esa oportunidad el dirigente dijo: “No hay peor astilla que la del propio palo”.

El Presidente a la sombra

Cuando el ex presidente Néstor Kirchner le entregó el poder a su esposa Cristina, hace cinco meses, prometió recluirse en su lujosa oficina de Puerto Madero (una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires) y mantenerse alejado de la gestión en la Casa Rosada.

Su anuncio duró poco. Tan pronto comenzaron a presentarse problemas en el gobierno de Cristina Fernández, fue él quien asumió la crisis. Su participación dejó en claro que es él quien define la política económica y el gobierno, en general.

Para nadie es un secreto que Néstor Kirchner es un excelente economista, que sacó al país de la crisis, pero también es un político que se ha caracterizado por no negociar con nadie. Su posición frente a los agricultores es la que Cristina Fernández ha asumido. Después de las multitudinarias marchas el pasado domingo en contra de la Presidenta, Néstor Kirchner lanzó un duro discurso contra el campo.

La política exterior del Gobierno argentino

Argentina se aisla. El país suramericano ha descuidado varios ejes clave de su política exterior, dicen analistas. “Cristina de Kirchner está aislada”, aseguran.

Estados Unidos. Las relaciones con Washington están muy frías desde el año 2003, cuando el presidente Néstor Kirchner se alió con el presidente Hugo Chávez.

Venezuela. El Gobierno argentino forjó una gran alianza con Chávez que le sirvió para firmar contratos y hasta para financiar la campaña de Cristina.

Bolivia. Fernández de Kirchner le dio la espalda a Evo Morales. Durante años, Argentina ha sido muy influyente en Bolivia. Esos tiempos se acabaron.

Uruguay. Tabaré Vázquez ratificó la creación de empresas papeleras, que dicen, dañan el medio ambiente argentino. El tema está en La Haya.

Brasil. Poco a poco el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva le arrebató todo su poder de influencia regional. A la Kirchner parece importarle poco.