Cultura| 29 Mayo 2008 - 8:53 pm

Desde el 5 de junio en el Museo Nacional

Mundos de Carlos Rojas

Por: Sara Araújo Castro
Esta exposición le rinde homenaje al artista fallecido en 1997  y al arte abstracto en Colombia. ‘Visita a sus mundos’ es una mirada a la obra de Rojas desde sus colecciones.
Carlos Rojas con su obra
Foto: /Archivo El Espectador

Carlos Rojas con su obra en 1960.  Desde muy joven, se perfiló como un gran artista.

Era frecuente verlo recorriendo   anticuarios y mercados de pulgas. Con el tiempo, cuando se consolidó como artista y ‘coleccionista’, la gente seguía los caprichos de sus escogencias sin pensar ni  cuestionarse, pues la fama que se creó en torno a Carlos Rojas era que tenía un excelente gusto y sabía lo que hacía. Rojas fue uno de los artistas que, junto con Édgar Negret, Feliza Bursztyn, Eduardo Ramírez Villamizar y Manuel Hernández,  lideró el movimiento del arte abstracto en Colombia durante los años 70 y 80, y uno de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX.  

A mediados de la década del  50,  cuando aún era muy joven, hizo las primeras exposiciones colectivas con artistas algunos años mayores que él; entonces  la voz de los críticos del momento se levantó para resaltar su trabajo.  Al tiempo que Marta Traba reconocía su talento, cuestionaba su exceso de exploración en distintos estilos. Mientras Traba estuvo en Colombia, sus críticas acerca de Rojas variaban como en una ambigua relación de reconocimiento y exigencia. Sin embargo, en el tiempo esa variabilidad se convertiría en una de las fortalezas de su trabajo.  

Hoy, 11 años después de su muerte y varias retrospectivas más tarde, el Museo Nacional hace un homenaje que muestra no sólo la obra de este importante artista, sino varias facetas de su vida que sirven de clave para descifrar cómo llegaba a su trabajo.

Nicolás Gómez, Julián Serna y Felipe González, investigadores y curadores de la muestra, decidieron irse a sus objetos para, a través de ellos, hablarle al público del arte abstracto, pues en estos encontraron que había una profunda conexión con su estética.

Consideraron que más que un coleccionista, Rojas era un recolector: “la diferencia entre una cosa y la otra está en que Rojas no tenía necesariamente una mirada técnica y fría para escoger los objetos que coleccionaba. Guardaba  piezas precolombinas, arte chino, semillas, artesanías, objetos muy valiosos y otros menos. Tenía incluso basura que en ocasiones guardaba y usaba para su obra”.  explica Nicolás. Era en los años 80 cuando esos pedazos de madera, bolsas o cualquier cosa que encontraba en sus recorridos, aparecían convertidos en arte bajo las expresiones:  Sin Título técnica mixta, que podía abarcarlo todo y que a la geometría propia de su arte le agregaba texturas que provocaban mayores sensaciones en el espectador.

Esta perspectiva la complementa el director del Museo Art Deco, Carlos Alberto González, quien en más de una ocasión lo encontró en anticuarios,  “el ojo de Rojas para escoger sus objetos tenía no sólo la perspectiva estética del coleccionista, sino también un aspecto emocional. Por esto, la colección es tan variada, hay de todo”.

“De ahí, de esos objetos salía la obra de Rojas. La serie de líneas hacen referencia a los paisajes de principios de siglo XX, por ejemplo. De la cercanía con la artesanía y con el barniz de Pasto, también hay referencias en su trabajo pictórico”, comenta Serna.   

Más de un mundo

Después de esos primeros años de experimentación, el estilo Rojas —que según él consistía en que “no había tal cosa como estilo Rojas”— se consolidó. En 1958, cuando contaba con sólo 25 años, representó a Colombia en la Bienal Internacional de Venecia y en la Bienal Internacional de México. 

En 1969 ganó el Salón Nacional de Artistas. Sin embargo, la ausencia de Marta Traba de este Salón jugó en contra tanto de la organización misma del Salón como del reconocimiento a la obra ganadora.

  • Sara Araújo Castro | EL ESPECTADOR

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