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La paradoja de las relaciones humanas

Comprendo perfectamente la tentación de utilizar el término adicción mas allá de su uso tradicional relacionado con determinadas sustancias químicas. De hecho fue mi adicción a una Sustancia, "no química" en el mas fino sentido de Espinoza, lo que me llevo a enterarme de la existencia de este grupo.

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Alberto Fergusson
01 de agosto de 2008 - 03:38 p. m.
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En efecto mi adicción al Instituto Pensar, de acuerdo con un diagnóstico del que fui objeto por parte de su director nuestro maestro Guillermo Hoyos, fue lo que me llevó a escucharlas en una conferencia en esta misma Universidad hace mas de un año.

Que sentimientos y pensamientos tan encontrados los que experimenté en ese momento.  Por una lado me resistía a reducir las fascinantes experiencias humanas a las que parecían hacer alusión este grupo de mujeres, a la muy discutible palabra de Adicción.  Me parecía que era forzar demasiado el ya de por si discutible rótulo de adicto. 

Pensaba que no era comprensible que seres humanos con semejante capacidad de entrega, de vincularse, de gozar y claro de sufrir, se autopatologizaran y casi se autoflagelaran de una manera tan cruel a través de estigmatizarse con el rótulo de adictas.  Sin embargo, por otro lado, me gustaba el componente rebelde de su actitud, el aspecto desafiante, la invitación a cuestionarse sus relaciones, a buscar nuevos caminos, a no entregarse a un sufrimiento masoquista sin mayor sentido, el aspecto de repudio al sometimiento y la lucha por la liberación interior y en ocasiones también exterior implícita en su movimiento.

Es en medio de estas contradicciones que acepté esta generosa invitación, con una gran duda que aún conservo, en el sentido de si mis reflexiones puedan serles de utilidad tanto a cada una de ellas como a su movimiento.

Superadas o mejor aun postergadas mis dudas iniciales, venía el problema de pensar por dónde enfocar el asunto. Pensé que estas mujeres estaban hablando de un caso en el que ciertas relaciones humanas parecían convertirse en algo nocivo y devastador.

Nocivo para el desarrollo, para el logro de los proyectos de vida, y naturalmente nocivo para los mínimos ideales de lograr tranquilidad y algo de felicidad aunque sea episódica. Decidí entonces creerles y darles el beneficio de la duda.  Si ellas dicen que las cosas son de tal o cual forma, por algo será, pensé.

Lo anterior no implicaba que  desconociera que muchos seres humanos podrían decir todo lo contrario de esas misma relaciones, y seguro que ellas en parte también.  Podrían identificar en las relaciones, y específicamente en las relaciones de pareja la mejor fuente de desarrollo humano, de apoyo al logro de los objetivos de vida de cada ser humano, y el ingrediente fundamental para acercarse en algo a la tranquilidad y a la felicidad.

Es decir quedaba planteada de entrada la paradoja de las relaciones humanas, y en especial la de las relaciones de pareja.  Pueden ser entonces estas relaciones lo mejor y/o lo peor que le puede pasar en la vida a cualquier ser humano.

Con estas últimas reflexiones sentí que me acerqué a ellas y a su tema.  Comencé a reconocer en mi propia historia y en la de todos los seres humanos que he conocido, social o profesionalmente, inquietudes muy similares a las de las autodenominadas Adictas Anónimas a las Relaciones. En ese  momento, di un gran salto para abordar el tema desde otro ángulos, salto al que las invito a que me acompañen por unos minutos.

No sería ésta la primera vez en la que el tener acceso a lo “anormal” nos ayude a entender la “ normalidad “  La condición psicológica, para no hablar de enfermedad, que con mas claridad muestra alteraciones en las relaciones humanas, es la llamada esquizofrenia.  El haber dedicado una buena parte de mi vida a trabajar con personas diagnosticadas con esquizofrenia, me ofrecía la posibilidad de intentar ver de que manera el comprender las mas graves alteraciones de las relaciones, aquellas que se producen en la llamada esquizofrenia, nos ayudaba a entender en parte las complicaciones en cierta forma menos complicadas de las relaciones que tendrían las autodenominas Adictas a las Relaciones.  De esa manera hacia algo parecido a lo que se nos dice a los bogotanos con relación al tráfico:  Si uno logra manejar en Bogotá puede conducir en cualquier lugar del mundo y cualquier lío de tránsito parece no ser tan complicado.

Algo así pasa después de conocer las mas graves altercaciones de las relaciones en las personas diagnosticadas con esquizofrenia. El resto de complicaciones en las relaciones no parecen tan difíciles.  Trabajando con estas personas llegamos a plantear lo que hoy denominamos la Autorehabilitación Acompañada, que es un enfoque que incluye una manera de entender la esquizofrenia, la locura, y una manera de enfrentarla tanto para aquellos que creen tener esa condición como aquellos que  tratan de ayudar a combatirla.

La parte pertinente de dicho enfoque para el tema que nos ocupa hoy es la siguiente:  logramos entender que un buen grupo de  las personas diagnosticadas con esquizofrenia son personas que o bien ellas mismas o las sociedad no les ha reconocido sus diferencias en su manera de pensar , de sentir y de actuar y que son por lo tanto forzadas/as por ellos/as mismos o por la sociedad a asumir y vivir estilos de vida que no son compatibles con ellos/as.  Es precisamente al intentar asimilarse de esa manera forzada, que dejan de ser unos diferentes para convertirse en unos enfermos.  Pasan de ser personas que seguramente serian vistos como excéntricas o raras y que adoptarían estilos de vida no habituales, a convertirse en enfermos y tener síntomas que los llevan a ser estigmatizado en alguna clasificación psiquiátrica.  De hecho, los elementos centrales de la Autorehabilitacion Acompañada consisten en una especie de reversión de ese proceso.

La persona luego de volverse experta en su denominada patología y en las características de su personalidad, asume el liderazgo de su rehabilitación y se dedica a rediseñar su vida de acuerdo con el conocimiento profundo que ha adquirirido acerca de si mismo, alejándose en lo posible de exigencias sociales de lo que debería ser.  Es posible que al hacer esto sea rotulado de excéntrico o de raro o en ocasiones de otros adjetivos mas destructivos, pero su enfermedad, sus síntomas comienzan a disminuir dramáticamente.  Puede que decida por ejemplo constituir una forma de pareja poco convencional, y que viva en condiciones poco ortodoxas, pero al menos disminuyen sus denominados síntomas, su angustia sus delirios, sus ideas suicidas, su insomnio o lo que sea que lo atormentaba.

Los que hemos trabajado con este enfoque hemos visto que el mismo es mas aplicable aun a personas que no tienen ese diagnóstico de esquizofrenia.  La diferencia esta en que una persona común y corriente si no organiza un estilo de vida acorde con el mismo se vuelve un amargado, un aburrido, mientras que si las personas con esas características denominadas esquizofrénicas no organizan su vida de acuerdo con su verdadero ser , se enferman , se enloquecen.
Mis queridas adictas a las relaciones como ustedes han escogido auto- denominarse.  Pienso que lo que ustedes hacen, cosa a la que por supuesto tienen todo el derecho, es reconocerse a si mismas como son, por los motivos que sea que son como son, y han decidido organizar estilos de vida y formas de relación de pareja acorde con la forma en que son, evitando en lo posible sufrimientos innecesarios y eventualmente caer en francos cuadros de enfermedad. Seguramente así evitan con relativo éxito satisfacer algunos de los múltiples diagnósticos psiquiátricos que existen para todos los gustos.  Es un hecho que lo único que la psiquiatría nunca ha logado aprender a diagnosticar bien es la normalidad.  La probabilidad de que cualquier ser humano asista a una consulta psiquiátrica y salga con un diagnóstico de normalidad es en efecto muy baja.  Aceptemos entonces que ustedes comparten una diferencia con otros seres humanos, diferencia que en caso de existir seria a lo sumo de grado. 

Pienso, sin embargo, que no hay ninguna necesidad de que ustedes adopten un término que tiene tantas connotaciones patológicas como aquel de adictas. Estoy dispuesto a pensar y a acepar y eso con muchas dudas, que ustedes sean ligeramente distintas a otras mujeres pero no unas enfermas. No me han entonces convencido de que tengan o deban que autodenominarse adictas. Ese rótulo es quizás tan peligroso como algunos rasgos de su personalidad al que ustedes parecen temerle. No me parece que tengan que darle un sentido peyorativo a las  características particulares o inclusive peculiares que ustedes puedan tener en las relaciones. Magnífico que se liberen de las relaciones que las maltratan, que abandonen a los hombres que quieran.  Pero no cambien de cárcel.  No cambien la prisión de determinadas relaciones por la prisión de un diagnostico, de un estigma psicológico.

Por otro lado, en esas características que ustedes combaten están seguramente sus mayores debilidades pero no dudaría que también están contenidas las mayores fortalezas de sus personalidades.  No entiendo que tengan que renunciar a aspectos de sus personalidades o quitarse cosas.  Repito que en eso que ustedes llaman su característica adictiva me atrevo a pensar que se esconden grandes cualidades, capacidades y virtudes.  Que tienen que encontrar formas de vivir y desarrollar esa características sin hacerse tanto daño? Seguramente si.  Pero me imagino que ustedes no son ninguna excepción a lo que nos ocurre a todos los humanos.  En sus llamados defectos o debilidades, seguramente están también sus mayores potencialidades. Esa es una de las causas mas poderosas de la tragedia humana.

Las mismas características de cada personalidad son las que le dan a cada persona lo mejor y lo peor tanto para ellos como para los que los rodean.  No podemos renunciar a un aspecto de nosotros mismos sin mutilarnos  gravemente.  Me atrevo a pensar y se los dejo como punto de reflexión que si ustedes deciden renunciar a lo que ustedes llaman su adicción, se van a mutilar como seres humanos.  Seguramente lo que les toca es replantear la forma en la que viven esas características que denominan adictivas, pero por favor no destrocen esas características de ustedes mismas que si bien son fuente de enormes sufrimientos seguramente también contienen lo mejor de ustedes mismas.    Tómense eso si el poder de esos aspectos de sus personalidades. No se dejen arrastrar por ellos, pero tampoco renuncien a aspectos que  seguramente son elementos enormemente sensibles y preciosos de sus personalidades.

Se perfectamente que ustedes no me invitaron aquí a que las regañara y mucho menos a que opinara acerca de su movimiento.  Se cual es el tema oficial de este encuentro y se que ustedes se dan cuenta, que con razón o sin ella, pero me estoy refiriendo al mismo dando un paseo retórico para el cual pido licencia para seguir transitándolo. Lo hago por la admiración que me produce la energía implícita en su supuesta adicción y su capacidad autocrítica y la valentía que ustedes muestran para plantearse nuevos rumbos en sus vidas.  Eso es estar frente a gente realmente viva. Esa disposición que ustedes  tienen a replantarse sus relaciones y sus vidas es en efecto lo que le hace falta a nuestro país.  Rescato por ello con todo entusiasmo su rebeldía y su disposición a utilizar su ingenio y su creatividad para replantearse las cosas.   Para deshacer lo que ha sido difícil de construir con el fin de construir nuevas formas de relacionarse.
 
Metiéndonos un poco mas de frente en el tema oficial del simposio, encuentro que lo mas rescatable de organizaciones como las de ustedes es que son ejemplos maravillosos de lo que deberían hacer las VÍCTIMAS de cualquier cosa, siempre que ello sea razonablemente posible de acuerdo con los dictados del sentido común. Son ustedes ejemplos de víctimas que no se incapacitan a si mismas esperando que otros las saquen de su estado, y que combaten a los victimarios de la manera mas eficiente posible, cual es la de fortalecerse a ustedes mismas. Son también ustedes ejemplo de personas que tienen claro que los supuestos victimarios son a su vez víctimas.  No existe que yo conozca un solo ejemplo en la historia de la humanidad en que un grupo de víctimas adultas que conserven todas sus funciones, hayan dejado de serlo gracias a la ayuda de terceros de buena voluntad.

De igual manera que nadie puede empoderar a nadie y que el poder siempre hay que tomárselo mas o menos a la fuerza, según lo muestra la misma historia de la humanidad, tampoco la verdadera liberación de una víctima puede producirse con energías prestadas de esos terceros de buena voluntad.  He sido testigo de que la bondad de la posición de ustedes llega hasta el punto de que le hacen a los victimarios potenciales el favor de impedirles seguir siendo victimarios y asi los liberan de la inevitable victimización en la que también termina cualquier victimario, según nos lo vuelve a mostrar una vez mas la misma historia de la humanidad y la observación.

Tanto el maltrato intrafamiliar como cualquier otra forma de maltrato tiene que terminar de superar aquella fase en la que las  víctimas son ayudadas por los terceros de buena voluntad,  que se han multiplicado últimamente en el mundo en reemplazo de verdaderas organizaciones políticas poderosas que estructuralmente modifiquen las condiciones que generan maltratos de todo orden.   Ese trío de victimarios, víctimas y terceros de buena voluntad debe volver a ser ese dúo original de víctimas y victimarios que se reciclan eternamente.  Movimientos psicológicos-políticos porque así entiendo a las organizaciones que como la de ustedes dan pasos claramente  progresista en ese sentido.

Por Alberto Fergusson

 

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