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Bogotá 27 Ago 2008 - 9:47 pm

Lixiviados, vectores y enfermedades aquejan a vecinos de Doña Juana

Un relleno de problemas

El sitio en donde se alojan las basuras de los bogotanos tiene en jaque a la Alcaldía.

Por: Élber Gutiérrez Roa
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Foto: Fotos Élber Gutiérrez Roa

Uno de los dolores de cabeza más grandes para los alcaldes de Bogotá durante los últimos 15 años ha sido el de la disposición de basuras de la capital. Desde la crisis sanitaria desatada por el derrumbe de cerca de un millón de toneladas de desechos (el 27 de septiembre de 1997) hasta versiones sobre contratos irregulares para el manejo de los residuos figuran de cuando en cuando entre los titulares de prensa generando momentáneo repudio.

Pero un tema del que se habla menos en relación con el relleno sanitario Doña Juana es el de la muerte lenta del río Tunjuelito, como consecuencia del lanzamiento de lixiviados a sus aguas y, recientemente, de la problemática ambiental en el barrio Mochuelo, contiguo al relleno, hoy administrado por Proactiva.

Respecto al tema de los lixiviados, la información oficial indica que no es cierto que se lancen impurezas al río. Catalina Velasco, secretaria distrital de Hábitat, sostiene que los líquidos producidos por Doña Juana son tratados previamente en una planta en donde se les reduce la carga orgánica y de metales de acuerdo con las disposiciones de la CAR. Las empresas concesionarias del relleno corroboran esa versión, pero los habitantes de la zona y algunos líderes ambientales aseguran que parte de los lixiviados sí es arrojada al río (ver notas relacionadas).

Respecto a la situación sanitaria del barrio Mochuelo también hay discrepancias entre comunidad y algunos líderes cívicos frente a la administración distrital. Según informaciones oficiales, Mochuelo pasó de 200 a 1.200 habitantes en los últimos 15 años.

Allí viven algunas de las familias más pobres de la ciudad, que sienten que sus hogares son cada vez más presionados por la ampliación del relleno, cuya vida útil es de año y medio más. La posibilidad de uso de su área de expansión también genera controversias. Por ahora se está habilitando un área especial entre la zona 2 y la A2 (ver infografía), mientras se termina de hacer productiva la última zona utilizable, la 8.

La cercanía al relleno implica también proximidad a las moscas de aquel, que según el director del hospital de Vistahermosa, Pedro Aguilera, tienen un radio de acción de 800 metros. Hace dos años la Alcaldía de Bogotá llenó la zona de avispas para controlar los insectos que transmitían enfermedades, especialmente a los niños. Las avispas terminaron picando a la comunidad y no sirvieron como solución, porque su ciclo reproductivo es más lento que el de las moscas.

Total, las moscas siguen, las enfermedades respiratorias volvieron y los malos olores persisten, mientras los vecinos de Doña Juana piden a gritos que les resuelvan los problemas y advierten que no se irán porque llegaron al lugar antes que la maloliente vecina Doña Juana.


Lixiviados, el otro problema

Una de las principales críticas al relleno sanitario Doña Juana tiene que ver con la problemática de los lixiviados, es decir, los líquidos que se producen por la descomposición de los desechos alojados en el lugar.

El manejo de éstos está a cargo del consorcio STL (Sistema de Tratamiento de Lixiviados), que recibe dichos líquidos en la parte baja del relleno a través de unos ductos tendidos desde las áreas de depósito de las basuras manejadas por Proactiva S.A.

STL les hace tratamiento a los líquidos para liberarlos de la carga de contaminación antes de arrojarlos al río Tunjuelito. Para ello cuenta además con unas piscinas en las que se almacena toda la carga recibida a través de los ductos y que, según la Unidad Especial de Servicios Públicos de Bogotá, cuenta con dos piscinas capacitadas para almacenar los lixiviados mientras son tratados.

El problema radica en que la capacidad de la planta —trabajando al 100%— permite tratar 15 litros de lixiviado por segundo, pero el relleno produce una cantidad mayor, que podría llegar incluso a 21 litros durante las épocas de lluvia.

“Para eso crearon los fondajes, en donde almacenan los lixiviados con el objetivo de retenerlos y recircular el agua, pero la capacidad se desbordó”, sostiene Diego García, líder de la organización Territorio Sur.

Para la Alcaldía de Bogotá está claro que la planta cumple con los estándares de calidad y funciona al ritmo que se comprometió a hacerlo.

Así las cosas, si STL cumple con lo que se comprometió a hacer y la Alcaldía está satisfecha con su trabajo, fue el relleno el que desbordó las expectativas de producción de lixiviados. Otro reto para la administración distrital si quiere evitar que los peligrosos líquidos producidos por las basuras de la ciudad acaben con el río Tunjuelo.

Cuestión de aseo

Nicolás Umaña, vocero de Proactiva, le dijo a El Espectador que en el caso del relleno sanitario Doña Juana, lo que existe es desinformación por parte de la ciudadanía. Según la empresa encargada del manejo del relleno, los casos de enfermedades en los habitantes del sector aledaño no se deben a negligencias o errores en el manejo de los desechos de los bogotanos. “Proactiva no sólo no tiene responsabilidad, sino que gracias a la labor de la compañía se ha podido mitigar la problemática de salud de esos barrios”.


El tema ha sido objeto de varios debates en el Concejo de Bogotá y ya hay una nueva citación en curso para que la Alcaldía responda ante el Cabildo por las versiones en torno al resurgimiento de enfermedades entre los habitantes de la zona y por otras problemáticas de la cuenca del río Tunjuelito.

Proactiva asegura que desde hace ocho años, cuando entró a operar el relleno, se ha preocupado por apoyar socialmente a las comunidades aledañas, no sólo en cuanto a capacitación laboral, sino también en programas de asistencia para los niños y madres de familia. La biblioteca del barrio Mochuelo, creada con apoyo de Proactiva, será dotada con internet inalámbrico en los próximos días.

“Pero lo más importante es que en materia ambiental la empresa cumple con los requisitos de ley y tiene además todas las certificaciones del Icontec que dan fe de su respeto por el medio ambiente y por el compromiso adquirido con Bogotá”, sostuvo Umaña.

Hacer las paces con el río

Para Luis Berneth Peña, investigador de la Universidad Externado de Colombia,  en el caso del Tunjuelo la urbanización de la cultura moderna ha implicado también la del agua:

“Los ciclos del agua son progresivamente menos naturales y más mediados por los procesos y dinámicas socioeconómicas humanas. Es poca el agua que escapa al uso humano. Las ciudades, grandes o pequeñas, explotan, contaminan, aprovechan y, algunas veces, hacen las paces con el río a partir del cual se estructuraron social y espacialmente, del cual se alimentaron para su desarrollo. 

En un mundo que en el siglo XX se urbanizó ampliando la pobreza (la mitad de la población mundial vive en núcleos urbanos, mientras que en 1900 menos del 15% lo hacía, y un tercio de la población urbana mundial habita  barrios marginales, según la Unesco), los conflictos relacionados con el uso, manejo, acceso al agua y el empleo de las arterias fluviales se han incrementado: cáncer en el río Amarillo por la contaminación de la industria China, desplazamiento y la casi extinción del mar Aral por el pésimo manejo que se hizo del río Amudarya en la era soviética, etc.

Nosotros tenemos nuestros propios ejemplos. De acuerdo con los muestreos y mediciones del Ideam, los ríos que presentan un deterioro alarmante en su calidad son el Bogotá, Medellín, Chicamocha, alto Cauca, Lebrija y Chulo, por los vertimientos de origen doméstico e industrial de las áreas más pobladas del país.

Por la severidad de la contaminación, el caso de la cuenca del río Bogotá, de la cual hace parte el Tunjuelo, es un caso tristemente famoso. La ‘urbanización del agua’ no nos deja otra salida que hacer las paces con ella. Darle vida o, mejor, dejar que la vida que existe en algunas zonas del río Tunjuelito  también es una oportunidad para construir una geografía urbana más justa.  De alguna forma, todos los bogotanos somos vecinos del río Tunjuelito”.

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