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Cultura| 1 Jul 2009 - 10:50 pm
‘Rey de corazones’
Por: Sandro Romero
En la sede del Teatro Varasanta, acabamos de ser testigos del inicio de la breve temporada del grupo polaco Studium Teatralne, dirigido por el actor Piotr Borowski, quien, en los años setenta, formase parte del ya mítico Teatr Laboratorium de Jerzy Grotowski. La presencia del conjunto liderado por Borowski está inmersa en una serie de actividades que se desarrollarán en Varasanta durante este segundo semestre, dado que la Unesco ha declarado el presente año como “El Año Grotowski”, al conmemorarse una década tras la desaparición del gran maestro de la escena en el siglo XX. A todas luces, el nombre de Grotowski es un referente esencial para el teatro de nuestros tiempos y un homenaje como el denominado “Huellas y senderos” es un verdadero privilegio para Bogotá. El Studium Teatralne, por su parte, es uno de los mejores ejemplos vivos de la herencia del autor de Hacia un teatro pobre.
Durante la primera de las ocho funciones que han realizado en Bogotá y que culminarán el 4 de julio, los cuatro actores del Studium confirmaron su talento en la hora y media de representación de la obra Rey de corazones, espectáculo construido a partir de un texto de la prestigiosa escritora Hanna Krall. En ella se cuenta la historia de una muchacha judía que, durante la Segunda Guerra Mundial, tras haberse escapado del gueto de Varsovia, cambia su identidad para poder recuperar a su marido perdido en un campo de concentración. Y, si se me permite el juego de palabras, el espectáculo teatral de los polacos es eso: todo un “campo de concentración”. Un campo de concentración de cuatro actores, quienes, gracias a un riguroso trabajo corporal, con la mínima utilización de elementos (una mesa y cuatro sillas grises, una tiza para escribir en el suelo), construyen todos los espacios, las sensaciones y los juegos de puesta en escena para materializar el drama. El montaje de Rey de corazones es toda una lección de gran teatro y es una estimulante “puesta al día” de la aventura teatral de un maestro que, como Grotowski, se retiró durante los últimos años de su vida a pulir ad infinitum un método y, sobre todo, una ética frente al trabajo artístico. Los países de Europa del Este son poseedores de una rica e intensa tradición teatral que evidencian una sociedad donde “el gran teatro del mundo” palpita de manera permanente. Polonia no es la excepción. El director del Teatro Varasanta, Fernando Montes (discípulo directo de Grotowski durante cuatro años en Pontedera), y su equipo de actores viven en una torre concebida para la creación pero han abierto sus puertas para que el público pueda vivir experiencias necesarias e inolvidables como el Rey de corazones polaco.
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Sandro Romero | EL ESPECTADOR
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