Nacional| 1 Jul 2009 - 11:00 pm

Atuendo de una película de moda elaborado a mano por los hombres wayuu

El sombrero del viento

Por: Jaime de la Hoz Simanca
El presidente Álvaro Uribe Vélez no escapó a la curiosidad de lucirlo en una de sus correrías por tierras guajiras.
Atuendo de película Los artesanos buscan en Siapana, un lugar del parque natural Makuira, la palma para tejer los sombreros.

Ramón González Jusayú ignora que el sombrero que luce Ignacio Carrillo en la película Los viajes del viento es de la misma clase de los que él elabora a mano desde hace más de veinte años. El intérprete del largometraje de Ciro Guerra, ovacionado recientemente en el Festival de Cannes, en efecto, cubre su cabeza con un sombrero de palma de iraca y colores vivos que no se sabe de qué parte proviene.

Ramón es el único, de los cincuenta hermanos paternos que tiene, dedicado a la elaboración de los sombreros que ahora son ofrecidos en las tiendas de artesanía o entregados por encargo después de recorrer largos caminos. La historia del adorno comienza en Siapana, un lugar enclavado en el Parque Natural Makuira, sembrado de árboles gigantes, y ubicado al final de un desierto de caminos y trillas que a veces el viento borra antes de morir en el mar.

Makuira, según los habitantes que viven alrededor, es un lugar sagrado, cuidado por los duendes akalakui, adonde asisten los botánicos para conseguir las plantas medicinales. Allí también llegan los artesanos en busca de la palma que servirá después para tejer, punto a punto, los sombreros que muchos hombres y mujeres lucen a lado y lado de la frontera ubicada entre Colombia y Venezuela.

Porque la historia se alarga un poco más hasta llegar a Paraguaipoa, un pueblo grande perteneciente al estado Zulia, donde los indígenas de la etnia wayúu también elaboran la prenda que el juglar Carrillo usa como adorno en su cabeza desde que decide emprender su viaje por distintos pueblos de la región Caribe hasta llegar a la alta Guajira con la intención de devolverle el acordeón a su maestro.

En medio de la “Majayut de oro”

Docenas de sombreros, repetidos como espejos, se extienden en un mesón improvisado a un costado del centro cultural de Uribia, un municipio de La Guajira al que denominan la capital indígena de Colombia y en el que a mediados de cada año se celebra el Festival de la Cultura Wayúu.

En pleno jolgorio, las señoritas pertenecientes a distintos clanes pasean, delante de una especie de séquito, en busca de la simpatía que ayude a ganar el “Majayut de oro”, reinado de la belleza indígena. Entre el grupo que recorre las intrincadas calles del pueblo, alrededor de la plaza, destaca el sombrero de cono breve y alas extendidas o cortas que, algunos, han sido comprados a Ramón y, otros, fueron desempolvados para exhibirlos en mitad de la fiesta.

A un lado del mesón, sentado alrededor de los sombreros que ofrece al mejor postor, Ramón observa al grupo de la candidata que aspira a ser coronada señorita wayúu, y después mira, uno a uno, los atuendos de colores que trabajó durante varios meses en su ranchería Guarerapa, situada a mil metros de Uribia, y habitada por 197 indígenas pertenecientes a las castas Jusayú, Pushaina, Ipuana y Epinayú.

Es el segundo día de la fiesta y Ramón ha vendido más de treinta sombreros que se multiplican en la plaza en medio del sonido de acordeones. Llegó para vender, pero también con el deseo de ver coronada a Yosselín Cáceres Henríquez, perteneciente al clan Apshana, quien debió pasar por un encierro de tres días cuando se hizo Majayut, a los trece años. Es una de las condiciones para ser reina, recuerda Ramón, mientras continúa atento a la demanda de su artesanía.

  • Jaime de la Hoz Simanca | EL ESPECTADOR

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Opinión por:

virruaco

2 Julio 2009 - 8:31am
La vasto y mágico territorio ancestral de los wayuú toca la inmensidad del firmamento en la cuspide de la Makuira. Y hasta allí han llegado los profanadores paracos para destruir ese seno. Y nadie del gobierno ha dicho nada... pero la paz interior que han mantenido nuestros grandes aborigenes Wayuú desde la invasión del mayor predador de nuestros pueblos "el imperio europeo" con sus hijos cegados por la avaricia compartida algún día dejará de ser un claro y hermoso remanso para determinar definitivamente su permanencia en este mundo. Por eso debemos apoyarlos contra esos insurgentes asesinos apoyados por hombres, iguales que ellos, vestidos con la insignia patria. Si solo hemos tenido como vida la propia naturaleza por qué han de venir otros a destruirla. Evitemos una profunda noche.
Opinión por:

manuelmejia

2 Julio 2009 - 3:05am
Que lindo que paz que bucólico.Nada sobre las matanzas paramilitares-parauribistas en contra de la altiva raza guajira,nada,quien lee el artículo piensa que en esa región sus indígenas gozan de todas las libertades y de seguridad.Periódicos y periodistas cómplices,eso es lo que son.Todas las tierras circundantes a la bella y majestuosa serranía de la "macüira"le pertenecen la los clanes narcoparamilitares paisas.
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