Sigue polémica por versos de Borges

El poeta Harold Alvarado Tenorio da su opinión sobre la investigación literaria del escritor Héctor Abad Faciolince.

Este diario publicó el domingo, lunes y martes pasados el informe especial “Un poema en el bolsillo”, la investigación literaria que realizó el escritor y columnista de El Espectador Héctor Abad Faciolince, a propósito del verso que inspiró el título de su novela El olvido que seremos (sello Alfaguara). La conclusión de las pesquisas del escritor antioqueño y de las múltiples fuentes testimoniales y documentales que citó fue que el poema que según Harold Alvarado Tenorio es de su autoría, en realidad es de Jorge Luis Borges, como lo son cuatro más que también se creían apócrifos.

Hoy presentamos la carta que envió a este diario Alvarado Tenorio, la respuesta de Abad a un correo que Alvarado hizo circular en medios literarios y la opinión de cinco expertos sobre el que se convirtió en un debate trascendental.

Nota de la redacción: El Espectador también le pidió opinión al escritor colombiano William Ospina y al poeta venezolano Gabriel Jiménez Emán, citados en “Un poema en el bolsillo”, pero al cierre de esta edición no habíamos recibido su respuesta.

“Mancillar mis confecciones literarias”

“De la manera más cordial escribo para  solicitar una rectificación respecto de las publicaciones que ha hecho desde el domingo y hasta el último día de junio, en su diario, el joven Héctor Joaquín Abab Facio Lince, en los cuales se hace mención de mi nombre y se me involucra en unas aventuras editoriales que vienen perjudicando muy seriamente mi honra y mi fortuna.

Sin ánimo de incomodarle, permítame primero decir que soy Doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid, donde recibí título luego de haber escrito una tesis de grado sobre la obra de Jorge Luis Borges, tutelada por Don Alonso Zamora Vicente, quien dirigiera, en esos mismos años, la de don Mario Vargas Llosa sobre la obra de Gabriel García Márquez, Historia de un deicidio. Luego he recibido otras distinciones entre las que se cuentan la de Profesor Titular de la Cátedra de las Literaturas de América Latina de la Universidad Nacional de Colombia, el Premio Simón Bolívar y el Premio Internacional Arcipreste de Hita. Hoy soy director de la revista de poesía Arquitrave [www.arquitrave.com] en sus ediciones virtual e impresa, desde hace ocho años.

Como admirador de Jorge Luis Borges he escrito algunas páginas tratando de imitar sus fabulaciones con el sólo y exclusivo propósito de divertirme, como él mismo hacía y sin pensar en lucrarme con ello. De esa manera confeccioné hace años un prólogo para uno de mis libros, que nunca se puso en él, y que los editores, para entretenerse, dijeron era de JLB.

Con tanto éxito, que el día de su presentación, se vendieron en un suelto, setenta prólogos y apenas 12 libros. Un par de ancianos procuraron esa tarde ser Borges y su madre, lo cual despertó las sospechas de algunos periodistas, que escribieron a Tomás Eloy Martínez, entonces director de la popular revista Panorama de Buenos Aires, solicitando inquiriera a Borges sobre el asunto, cosa que hizo el periodista Jorge Di Paola en la edición del 26 de septiembre de 1972, donde Borges, luego de ser preguntado firmó una declaración que dejaba en el aire si había hecho o no tal advertencia. Desde entonces soy el único poeta colombiano que prologó Jorge Luis Borges.

Cuatro fueron las ocasiones que tuve la fortuna de conversar con el genio. No voy a recordarlas aquí. Pero diré que poco antes de su muerte y como advirtiera que con La Cifra era evidente que nada nuevo tenía por decir, aventuré a confeccionar, para mi solaz, unos


cuantos de esos sonetos, por ver, además, si era yo capaz de hacer algo que se pareciera a su obra, o al menos, a lo más débil de ella. De tal manera que compuse unos versos ingleses que mostré a poco de su muerte a Jorge Valderrama Restrepo, quien entre picardías y su espléndido humor sugirió hiciéramos circular como inéditos del argentino. Fue así como enviamos por correo, desde las oficinas de Rodolfo González, entonces director de Vanguardia Liberal, unas cincuenta copias de los poemas, que luego fueron apareciendo en diversos sitios sin que nadie dijera esta boca es mía.

Pasado el tiempo, se me ocurrió, una noche en Beijing, trazar una historia para los sonetos y gracias a los teletipos de China hoy la hice llegar a cientos de periódicos, donde, a pesar de su extensión la divulgaron. Que yo sepa, fue publicado en La Jornada de México, Ya de Madrid, El Diario de Caracas, Folha de São Paulo y una revista colombiana que temiendo a mis invenciones omitió en su edición virtual, hasta hoy, publicarla, pues temblaban de terror al rumiar que los herederos de Borges fueran a cobrarles el divertimiento.

En unas dos ocasiones tuve oportunidad de hablar, la primera en Catambuco, con el doctor Abab Gómez, creo que en compañía de Antonio García Nossa y Carlos Gaviria Díaz y la otra, en casa de Jorge Child Vélez, a finales de 1986, cuando una mañana de sábado, que Jorge recibía a sus amigos, llegó el doctor Abab en compañía de un furibundo troskista, León Zuleta, quien comenzó a increparme, en presencia de Alfonso Hanssen y un moreno de pro apodado Pichita, por mis adicciones borgeanas, a lo cual Child respondió diciendo que tan buen alumno era yo de Borges que hasta había compuesto sus últimos poemas, cosa que interesó al doctor Abab, quien me pidió le regalara copia de ellos y como no los tenía a mano, Child facilitó la que yo le había regalado.

Luego ha surgido toda esa historia de la orfandad de su hijo, quien no encontrando originalidad en los sonetos de Borges y temiendo fuesen a demandarle por algunos derechos de autor, ha gastado una fortuna escudriñando una verdad insostenible, pagando detectives para que examinen, en el Departamento de Estado, la vida de María Panero en New York; sobre la existencia de Antonio Caballero, Sara Rosemberg, Carlos Jiménez Moreno, Gabriel Jiménez Emán (a quien confunde con Jiménez Moreno), Regas Kappatos, Juan Madrid, JM González Martell, Roberto Piccioto, Rosario Santos, a los institutos de meteorología de la costa oeste norteamericana para ver si el día que vino Borges a mi casa del 170E 82th en Manhattan venteaba o no, viajes a París, Alejandría, Kiruna y Buenos Aires para hablar con algunos de los cientos de ocasionales visitantes de Maipú, etc, etc., redactando, al menos, cinco artículos en los cuales denigra de mi persona y de mis actos, dos de ellos en la revista Semana, (13 de enero y 18 de agosto de 2007), otros en Cromos  y El Tiempo (enero 2007) y ahora los tres de El Espectador, donde dice que me llamo Tenorio y soy víctima de los vaivenes de la luna, es decir que mi madre es una tal por cual y yo estoy loco. Y por último otra, hasta hoy, en Clarín, de Buenos Aires, con seudónimo de Horacio Bilbao.

Es por eso, Señor Director, que ruego a Ud., publicar con igual despliegue e ilustraciones las notas que le adjunto donde doy cuenta de cómo llegaron a mis manos los sonetos borgeanos que tanto discute Abab Facio Lince. Creo apenas de justicia que eso se haga, luego de casi tres años de mancillar mis confecciones literarias.

“Borges o no Borges”

Jean-François Fogel: Periodista y ensayista francés.

“El 25 de agosto de 1987, el escritor Héctor Abad Faciolince metió la mano en el bolsillo de su padre asesinado unos minutos antes en una calle de Medellín. Encontró un papel con un poema anónimo. Este hecho es el principio de uno, dos y tres artículos publicados por el diario El Espectador que tienen la intensidad de una novela policiaca y la gravedad del intento de un hijo en saber lo que preocupaba a su padre en el momento de su asesinato.

Hay poco más que decir: estoy en Bogotá, donde se acaba de cerrar el festival de la revista ‘El Malpensante’. Un festival fenomenal (comida, debates, libros, música, arte, etc.). Pero la verdad es que no se hablaba de otra cosa que de los artículos de Héctor Abad y de su historia que fue el acontecimiento mayor del evento.

Una investigación para descubrir si el poema, un soneto, era o no era de Jorge Luis Borges. Al final el poema se transforma en cinco poemas y tengo poco más que escribir sino que estos tres artículos es lo más emocionante que he leído sobre la pasión literaria en los últimos años”.

“Creo en Abad”

Piedad Bonnett: autora de siete libros de poesía y tres novelas.

“Por supuesto creo más en la historia de Héctor Abad, no sólo porque es más coherente y mejor sustentada que la de Alvarado Tenorio, sino porque está firmada por un autor de gran honestidad y valor. Mientras que me resulta difícil creerle al “curioso”  personaje que apertrechado en la red o  desde su revista, lleva años malgastando sus horas productivas en atacar a todo colega suyo – Juan Manuel Roca, J. Mario Arbeláez, William Ospina, Álvaro Mutis, entre muchos otros-  que destaque o tenga méritos,  a menudo con argumentos tan rigurosos como su origen social o los rasgos físicos de aquellos que agrede. Y –lo que es peor- que publica cada tanto engendros poéticos o pastiches en prosa que jamás hemos escrito, atreviéndose a firmarlos con nuestros nombres”.

“¿Quién es el inicuo?”

Héctor Abad, novelista autor de ‘El olvido que seremos’ y columnista de El Espectador

“Como Harold dice que yo escribí "iniquidades" en mi artículo de El Espectador, me vi obligado a contestarle lo siguiente:

Tú acabas de escribir sobre mí (en un correo colectivo del domingo pasado): "...el más ilustre y dolido de los huérfanos, el rey de los sin padre, el único que ha ganado millones con el fusilamiento de su papá, porque nunca aprendió prosodia ni sintaxis pero sufre desazón obésica ante los que hablan con una zeta en la punta de la lengua, y quien, sin duda, está arruinando El Espectador, hoy al servicio de una cuadrilla de ineptos vividores, dignos de una gerencia del Banco del Estado".


En las "iniquidades" que tú me atribuyes lo único que escribo es que eres un poeta curioso, que has cambiado varias veces de versión sobre los poemas de Borges y que los que tú publicaste tienen problemas de métrica. Todo esto es verdad y puedo documentarlo. Me pregunto quién es el inicuo.

Inicuo sería yo si te dijera que eres un ridículo sobrino por lo mucho que lloraste el secuestro y la muerte de tu tío Rogelio. Y, por supuesto, no lo digo. Un saludo”.

“Presa de la envidia”

Andrés Hoyos, escritor y fundador de la revista ‘El Malpensante’.

“Aunque la única persona que podría certificarlo más allá de toda duda murió en Ginebra el 14 de junio de 1986, para mí el soneto que llevaba Héctor Abad Gómez en el bolsillo el día de su muerte es de Borges, no de Harold Alvarado, cuya iracundia me parece enigmática. No lo entiendo: ¿por qué no se ríe un poco y admite que su jugarreta pseudo maquiavélica se vino al piso al igual que la del prólogo inventado? Tal vez lo que pasa es que Harold se está intoxicando de tanto tragarse su propio cuento. Hay venenos peligrosos, pero pocos como los que destila el propio corazón cuando es presa de la envidia”.

“Al rescate de un poema”

“Abad decidió ir a fondo, fuera lo que fuera. Pero tenía varios problemas. El poema no aparece ni en la Obra Poética ni en las Obras Completas de Borges. Para colmo, perdió el papel que su padre había escrito de puño y letra. Pero ya estaba obsesionado, tenía que averiguar de quién era.  Ahora ambos (incluido Jaime Correas, uno de los estudiantes mendocinos que le había hecho llegar los sonetos a Héctor Abad Gómez, según Harold Alvarado), con sus historias paralelas que se tocan en muchos puntos, fueron la sensación del Festival Malpensante que se hizo en Colombia. Hasta esta aparición de Héctor, y de su padre asesinado con el poema en el bolsillo, los poemas estaban ahí, en un cuadernillo publicado hace 20 años.

Ahora hay en el aire un sinfín de historias para contar, y tantos más protagonistas. Lo dice Correas, la discusión va a existir siempre, porque el único que podría dirimirla sería Borges. Pero a ninguno de ellos parece importarle el veredicto, su historia está cerrada”.

Horacio Bilbao, enviado especial a Colombia de la ‘Revista Ñ’, del diario argentino ‘Clarín’.

Los cinco poemas

“En vista de que la señora María Kodama ha negado reiteradamente la autenticidad de estos sonetos, y a pesar de ser ella la depositaria legal de los derechos de Jorge Luis Borges, me siento autorizado a transcribir  los cinco poemas, tal como fueron publicados incialmente por Jaime Correas y sus amigos, en Mendoza, con unas pocas correcciones aportadas por las copias manuscritas y mecanografiadas de Franca Beer y Jean-Dominique Rey. En el momento en que los sonetos sean reconocidos como auténticos de Borges, estos pasarán a formar parte, por supuesto, del patrimonio de la señora Kodama, de la literatura argentina, y de la humanidad”.

Héctor Abad.

Lea los versos completos de Héctor Abad haciendo clic AQUÍ

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