Yo también tuve 39...

A la capital regresaron cinco escritores que participaron del evento Bogotá 39, que seleccionó a los mejores de las letras latinoamericanas en 2007.

Han pasado dos años desde que en Bogotá se reunieron los 39 escritores más representativos de la literatura del continente menores de 39 años, un encuentro que, como dice Jorge Volpi, “en tiempos en donde no existe un movimiento cultural que atraviese a Latinoamérica”, por lo menos sentó un precedente de las voces, los estilos y las narrativas que se estaban cocinando por estas latitudes.

A esta Feria Internacional del Libro de Bogotá han regresado cinco de los escritores que participaron en Bogotá 39. Los colombianos Ricardo Silva, Pilar Quintana y Juan Gabriel Vásquez; el mexicano Jorge Volpi y el uruguayo Pablo Casacuberta. Tras reencontrarse y volver a vivir la exaltación literaria de la Feria, no sólo se avivan grandes recuerdos, sino que reconocen que después del encuentro muchas cosas han pasado.

Basta quizá con dar un vistazo y ver cómo los premios literarios han reconocido a varios de los jóvenes escritores latinoamericanos que en esa ocasión fueron seleccionados: el argentino Andrés Neuman ganó el premio Alfaguara de Novela, Jorge Volpi recibió el Premio Debate-Casa de América 2009 y Juan Gabriel Vásquez estuvo nominado al Foreign Fiction Prize del diario The Independent. Otros autores estrenaron novelas y conquistaron con sus prosas mercados internacionales.

“Después de asistir a Bogotá 39 y de estos años que han pasado siento que en Latinoamérica hay un abordaje de la literatura menos académica, una intención menos marcada de lograr rupturas vanguardistas con el lenguaje, hay menor preocupación por lo formal y más bien una intención de que la literatura retorne a lo que era antes de que la destruyera la teoría literaria”, comenta Pablo Casacuberta, quien está lanzando en la Feria su novela Aquí y ahora. “Es el primer texto que publico en Colombia y lanzarlo en la Feria del Libro es reencontrarme con un público que me recibió con mucho cariño sin conocer nada de mí, y ahora es una oportunidad para ver si ese cariño era o no justificado”, explica el escritor, quien prepara un nuevo trabajo que saldrá primero publicado en España que en Uruguay, su país de nacimiento.

Jorge Volpi, presente en la Feria como parte de la comisión de escritores mexicanos invitados, y Juan Gabriel Vásquez, que estuvo firmando libros y lanzando la edición de bolsillo de Los informantes, coinciden en afirmar que la característica común entre esos 39 escritores que aterrizaron en 2007 en la capital era no tener ninguna confluencia temática, ninguna unificación ideológica y ninguna concordancia de voces literarias. “Lo que ha pasado es que se ha producido un fenómeno de desregionalización de la producción artística, en donde no tenemos que ser aprobados en nuestros países y, en el exterior, no se nos exige que escribamos como latinoamericanos, con los tonos del realismo mágico. Finalmente se está dando un proceso en donde uno encuentra su público en pequeños grupos de personas que no tienen por qué estar supeditados a un territorio en concreto. Vamos hacia un panorama más libre”, describe Volpi.

El bogotano Ricardo Silva y la caleña Pilar Quintana les han sumado nuevas obras a sus trabajos literarios durante estos dos años. “El Bogotá 39 fue sobre todo la oportunidad de estrechar vínculos con escritores de otros países”, asegura Quintana, recientemente invitada a la Feria del Libro de Ecuador. Durante la Feria de Bogotá estuvo lanzando su nueva novela, Conspiración Iguana, en la que, como si se tratara de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, retrata el paraíso de la superación personal: una colosal estructura de concreto con laboratorios antiestrés, santuarios para la relajación y talleres grupales que se ve amenazada por unos disidentes.

Que estos jóvenes escritores regresen a Bogotá con las manos llenas de premios, con nuevos libros de su autoría bajo el brazo y haciendo alarde de los aplausos de sus obras en el exterior hace pensar que la selección realizada en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro no sólo fue un trabajo sesudo, sino que además se convirtió en punto de referencia para muchos editores y periodistas literarios, que a la hora de hablar o escoger a estos escritores nunca obvian el hecho de que hayan sido seleccionados dentro del grupo de los mejores de las letras latinoamericanas.