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Ahí está sentado Joseph Phillips, tiene 24 años, forma parte del cuerpo del American Ballet Theater, en donde se ha consagrado como una de las nuevas promesas del ballet con roles principales en sus dos temporadas en el Metropolitan de Nueva York. Se ve agotado, acaba de llegar a Bogotá, es su primera vez en Suramérica y viene desde China después de terminar una extenuante temporada. Pero aunque acaba de abandonar el avión tiene unas calentadoras puestas en los pies y estira sus contorneados músculos para empezar los ensayos de su personaje Basil, el rol principal del Ballet de Don Quijote que interpretará en la temporada de ballet en el teatro de Bellas Artes de Cafam de la Floresta.
Desde los 12 años baila. Su destino de ser un gran futbolista se vio interrumpido por la impertinente petición de su hermana menor, que acudía a una academia de ballet en un pueblito de Carolina del Sur, y que necesitaba un hombre que le ayudara a hacer su presentación. Joseph aceptó, más por presión materna que por un verdadero interés de ayudar, pero tras ir un par de veces al salón de ensayos descubrió, para su sorpresa, que el ballet tenía una versión muy diferentes para mujeres que para hombres y que requería de fuerza, técnica y mucho entrenamiento. “Que lejos de esa imagen de tutús rosados y delicadeza, el ballet podía ser tan masculino quizá como jugar fútbol”, confiesa.
Luego tuvo la oportunidad de mostrar todo su potencial, a tal punto que un reconocido profesor ruso, Stanislav Issaev, que había llegado hasta su ciudad para entrenar a las chicas, decidió tomarlo bajo su custodia, llevarlo a un colegio de artes y entrenarlo.
Su rutina de entrenamiento —de una disciplina que sólo los bailarines conocen— no fue ninguna molestia y cuando un año después vio sobre el escenario al bailarín cubano Carlos Acosta se convenció de que podía vivir y quizá llegar a ser famoso cumpliendo su sueño. “¿Qué hace a un buen bailarín?... eso es algo que simplemente sabes, cuando el público se sienta a ver la función y pone atención, no tardará en darse cuenta quién es el que baila como pluma, quién tiene las mejores líneas en su cuerpo y quién cautiva con su fuerza dramática. Lo aseguro, uno siempre sabe quién es bueno”, comenta Phillips, que tiene una voz baja que no le hace justicia a la altura y fuerza de sus giros sobre el escenario.
En su paso por el Miami City Ballet y el San Francisco Ballet este bailarín ha interpretado famosas piezas como el Lago de los Cisnes, La viuda alegre, La Bella Durmiente y Don Quijote, una de sus favoritas por la exigencia técnica y la dificultad en los saltos. “Aunque todas las piezas de ballet tiene una gran dificultad, Don Quijote es excepcionalmente exigente, además es un ballet que nació en 1869 en el Teatro Bolshoi de Moscú a solicitud de los Teatros Imperiales de Rusia y que está basado en el capítulo XIX del segundo libro de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La gente lo adora”, explica Phillips.
Para él, su arte está más viva que nunca, y prueba de ello es que países como Colombia, en donde la cultura del ballet no ha sido muy fuerte, logren tener verdaderas temporadas. “El ballet en los siglos pasados fue muy popular, sobre todo en Norteamérica, y siento que en estos días asiste a un nuevo renacer, que vuelve a estar en la agenda de los teatros y de los medios. Además creo que hay un nuevo comienzo porque muchos de los grandes bailarines de los noventa y de los primeros años de 2000 se están retirando ya, así que en este momento están pasando muchas cosas”.
Joseph Phillips estará desde este viernes acompañando el cuerpo de ballet de Ana Consuelo Gómez, que ha invertido en esta producción algo más de 1,500 millones. Su baile fuerte y agraciado, su manera de complementar la pureza de las bailarinas será sin duda una forma de llevar el ballet nacional un escalón más arriba.
Informes: Teatro de Bellas Artes Av. Carrera 68 N. 90 - 88. Tel: 6444900.