Publicidad

Volvió Juan Roberto Vargas

Es jefe de emisión de uno de los informativos del canal, no se sienta en el set sin un crucifijo en la mano y es negado para el baile.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
El Espectador
13 de enero de 2010 - 10:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

¿Qué tiene de panameño?

El añito largo que pasé allá y muy buenos amigos.

¿Por qué decidió volver al país?

1Porque a mi familia le hacía falta la tierrita, sobre todo a mi hijo.

¿Qué tan distinto es hacer periodismo en Panamá y en Colombia?

A pesar de lo cerca que está es un país diferente a Colombia en todo. Ellos admiran mucho el periodismo colombiano, dicen que  está mucho más desarrollado.

Lo que más le hacía falta de su tierra.

Mi familia, mis amigos de Caracol. Allá debía cubrir un trancón en la avenida Balboa, cuando aquí debemos estar pendientes del referendo, la guerra, el proceso de paz… ¡Y del fútbol!

¿Qué es mejor, dirigir o presentar?

Uno es ante todo periodista y en la posición que esté dentro de un medio lo importante es desarrollar su trabajo.

Una embarrada al aire.

Dos, una vez eché un madrazo al aire porque pensé que estábamos pregrabando un avance. Otra vez, por un cable errado, maté a Yasser Arafat.

Un agüero.

Siempre cargo un crucifijo en mi billetera, cuando estoy sentado en el set lo tengo en la mano. Más que un agüero es un acto de fe.

La peor noticia que le ha tocado transmitir.

Tantas… recientemente cuando di el extra de los diputados del Valle que fueron asesinados por las Farc.

Una que se haya perdido.

La liberación de Íngrid, ese día tenía gripa. Parecía un león enjaulado porque una fuente me había llamado a contarme la noticia.

Su mejor compañero de set.

No quiero herir susceptibilidades, he presentado con todas las presentadoras de Caracol y me parecen buenas compañeras.

Su mentor.

Yamid Amat.

La lección más grande que le ha dado la vida.

Que uno siempre debe tener los pies en la tierra, no creerse el cuento y ser humilde.

La peor forma de perder el tiempo.

Tratar de entender a los demás, es mejor ser tolerante.

Una pasión oculta.

Ser cantante. Cuando voy a karaoke me creo el cuento de que lo soy, aunque tengo voz de tarro (risas).

Su amor platónico.

Thalía. Ella y yo somos novios, pero ella no sabe (risas).

¿En qué momento se le ocurrió ser periodista?

Desde que empecé a hablar cogía los cepillos de micrófono.

Su mayor desacierto.

Cuando la bomba del club del Nogal, yo era director de emisión y permití que le contaran en directo a una familia que su hijo había muerto. Entendí que uno no debe jugar con el dolor ajeno.

¿Por qué será que en el país todos los presentadores tienen que ser jóvenes?

En los países desarrollados los presentadores son viejos porque representan credibilidad, pero en Colombia los rostros frescos ganan espacios.

¿Cómo lo conquistan?

Con ternura e inteligencia.

¿Qué le gusta regalar?

A pesar de que tengo fama de tacaño en el noticiero, me gusta regalar chocolatinas y compartir comida.


¿Y por qué dicen que es tacaño?

Porque para comprar la gaseosa hago recolecta, paso por los puestos de mis compañeros pidiendo monedas y les digo “uno se muere y nada se lleva” (risas).

¿Qué libro recomienda?

La biografía de Gabo de Gerald Martin.

El mejor periódico del mundo.

El País de España, me gustan las crónicas de fútbol.

Su tira cómica preferida.

Calvin y Hobbes, son irreverentes e inteligentes.

El programa de televisión que no se pierde.

No veo mucha televisión, pero me encanta Sábados felices.

Su vicio.

Mi toalla debe se dura como una lija.

Un personaje difícil de entrevistar.

Los políticos, porque uno no sabe si dicen lo que en realidad están pensando o están dando respuestas políticamente correctas.

¿Qué le trajo el Niño Dios?

Medias, calzoncillos, un radio, vino, libros. Estuvo generoso, como yo (risas).

¿Para qué es negado?

Para el baile soy un desastre.

Una chiva.

Cuando de la Policía se perdieron US$5 millones del Plan Colombia; me costó y me cuesta más de un problema.

¿Y una chiviada?

Periodista que no es chiviado no es periodista. Me dolió en el alma que le hayan dado el video de la ‘Operación Jaque’ a la competencia.

El mejor plan para un fin de semana.

La ciclovía.

¿Qué le saca la piedra?

Soy impaciente, me enervan las personas lentas o negligentes.

¿Cómo se relaja?

Cuando veo que todo está en orden.

¿Con quién le gustaría tomarse un café?

Con los jefes de la guerrilla a ver para cuándo está la paz, y con el Papa.

Un lugar del mundo que lo haya descrestado.

Las Cataratas del Niágara y Roma.

¿Cuándo saldrá Colombia de la crisis?

No lo saben los que la manejan, mucho menos yo (risas).

¿Qué le falta al periodismo nacional?

Más profundidad y rigor.

Por El Espectador

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.