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El decreto que había firmado en los últimos días, para crear una cuenta especial con fondos del Banco Central que serían destinados a pagar las obligaciones del Estado en 2010, fue el argumento perfecto para que un juez de EE.UU. congelara activos argentinos en cuentas de su país por valor de US$1,7 millones, dentro de un pleito con dos fondos de inversión.
Según el veredicto del juez neoyorquino Thomas Griesa, actuando a favor de los intereses de los fondos de inversión estadounidenses, esta medida hizo que el Banco Central perdiera la autonomía sobre sus recursos. Con el principio de “álter ego”, EE.UU. confiscó unas cuentas que, en su concepto, son administradas ahora por la Casa Rosada.
Por su parte, Amado Boudou, ministro argentino de Economía, minimizó el efecto negativo y aseguró que su cartera trabajará para que el embargo no se extienda a otros activos por US$15 millones. “Nuestro Banco Central, aun en las tristes y lamentables circunstancias que estamos viviendo, ha aumentado sus reservas para seguir con el proceso de fortalecimiento”, le dijo a la prensa.
Lo cierto es que la medida del juez Griesa acentuó aún más la grave crisis entre el gobierno argentino y el Banco Central, cuyo presidente, Martín Redrado, se rehúsa a dejar el cargo después de ser destituido por Fernández de Kirchner y está a la espera de una solución judicial a la disputa.