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El Mundo 2 Feb 2010 - 10:29 pm

La importancia del llamado ‘superministro’ de Venezuela

El escudero de Chávez

Diosdado Cabello ha acompañado al presidente venezolano desde su intento de golpe Estado en 1992.

Por: Diego Alarcón Rozo
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Foto: EFE

El día en que Diosdado Cabello fue presidente, Caracas se recuperaba de 48 horas de convulsiones e incertidumbres. Lejos de los disturbios y los insultos, juró lealtad a la Patria y dispuso de todas las facultades ejecutivas que dos días antes le pertenecían a su comandante, Hugo Chávez Frías. Instituido en el cargo, no dejó pasar mucho tiempo antes de tomar la primera decisión. Un grupo élite de la Armada de Venezuela debía ir hasta la isla de La Orchilla a rescatar a Chávez.

El comandante abandonó el Palacio de Miraflores luego de que el Alto Mando Militar anunciara su renuncia a la presidencia. Opositores al gobierno y simpatizantes de Hugo Chávez se habían enfrentado a puños y palos en las calles de Caracas. El golpe de Estado finalmente fue diezmado, en parte por el llamado de atención de la comunidad internacional y en parte porque la rama del Ejército afín al presidente retomó el control.

Era abril de 2002 y Diosdado Cabello había estado a la cabeza de la secretaría de la Presidencia el año anterior, antes de que Chávez lo nombrara vicepresidente. Cabello pasó dos días en la clandestinidad, no era prudente aparecer mientras no se restableciera el orden y la oposición todavía guardara furia. El día 13 apareció con la banda presidencial para investir nuevamente a su líder.

Esta no era la primera vez que los dos militares —Cabello teniente y Chávez teniente coronel— unían fuerzas para respaldar sus causas. Diez años antes, en 1992, recorrieron Caracas, armas en mano, del lado de la oposición. Su intención era llegar hasta Miraflores para sacar de su despacho al presidente Carlos Andrés Pérez. En aquella oportunidad fracasaron y se rindieron, pero la política les entregaría la revancha al ganar las elecciones presidenciales de 1998, que marcarían el ingreso de Chávez a la presidencia y la consolidación el Partido Socialista Unidos de Venezuela.

“En cuanto a mí, estaré donde el presidente disponga: es un tema de lealtad. Y de la lealtad yo hago un culto”, dijo alguna vez Cabello. Esa lealtad tiene el reconocimiento de Chávez, quien lo ha tenido siempre dentro de su grupo de funcionarios entrañables. Ha sido ministro del Interior y de Justicia y actualmente está al frente del Ministerio Obras Públicas y Vivienda, al que le corresponde responder por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). Con cierta sorna, algunos medios de comunicación optan por llamarlo el “superministro” del comandante.

En Venezuela, de los rumores se ha llegado a escuchar que Diosdado Cabello es el protegido de Chávez. De hecho, dicen que la renuncia del vicepresidente y ministro de Defensa, Ramón Carrizales, la semana pasada, se debió a su desacuerdo frente a la decisión del Gobierno de no permitir la difusión del canal RCTV, una resolución que Cabello explicó públicamente ante la Asamblea Nacional. Otras versiones sostienen que la verdadera razón corresponde a la intención que tendría Chávez de incluir a militares cubanos en las fuerzas venezolanas, aunque de puertas para fuera se continúe afirmando que la renuncia obedece a motivos personales.

En sus discursos, Cabello parece haber heredado la retórica de su mentor, habla de “conspiraciones del Imperio” para sacar del camino al presidente, acusa a sus lacayos y dice poner la cara a los enfrentamientos. “Si algo le ocurre a Chávez, un rasguñito que le ocurra, ten la certeza de que te voy a buscar a donde te metas”, le dijo públicamente a Alberto Federico Ravell, director de noticias de Globovisión, mientras su seguidores coreaban “Así, así, así es que se gobierna”. En otra oportunidad, refiriéndose a “los capitalistas”, Cabello declaró: “El pueblo llama a Dios y les dice desde sus adentros: vayan a joder a otro”.

Algunos críticos del ministro aseguran que indudablemente es un hombre astuto, que en ocasiones luce bipolar. Sabe cómo arengar al pueblo y a la vez, si habla con un empresario, conoce el camino para ganar su confianza. Para la memoria quedó el registro de la frase que pronunció en 2003, cuando hacía campaña para ser gobernador del estado de Miranda en una reunión con los empresarios de la región: “Lo que yo sí les puedo decir, señores, es que yo no soy comunista”.

El mismo año, el 52% de los votantes de Miranda decidió entregar a Diosdado Cabello la Gobernación hasta 2008. Durante ese lapso, varias quejas se levantaron en su contra. Rumores lo acusaban de favorecer ciertas empresas a cambio de dividendos, de haber incrementado su patrimonio como si se tratara de alguien favorecido con la obtención del premio gordo de la lotería. En la calle y en la política existía gente que lo calificaba de corrupto, pero nunca con una prueba, nunca con algo concreto.

Cuando en 2008 se decidía quién sería nuevamente el gobernador de Miranda, el militar intentó ganar de nuevo, pero su aceptación no fue la misma. Henrique Capriles Radonski, perteneciente al partido Primero Justicia (uno de los opositores al Gobierno), fue superior en las elecciones. Diosdado Cabello se fue sin despedirse y días más tarde el Palacio de Gobierno estaba literalmente desmantelado: los cables de las cámaras de seguridad habían sido cortados, en los anaqueles de la biblioteca del gobernador no quedaba más que polvo, los vehículos de dotación estaban sumidos, sin radios, y dentro de las instalaciones no se encontró un solo computador.

Hugo Chávez le tendió la mano y le asigno el Ministerio de Obras Públicas. Hoy Cabello es más chavista que antes. No piensa en ser el sucesor del comandante. En una visita a Buenos Aires, habló para analitica.com: “Chávez tiene que estar allí donde está, y hasta el año 2060 si hace falta”.

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