Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Extensos campos de cereales, vegetación salvaje y una variada fauna, son las cualidades que sorprenderán al turista cuando visite la Pampa argentina y lo harán volver a este remanso de paz donde se mezclan la cultura, el deporte y el descanso en una simbiosis perfecta.
Con una extensión de 143.440 kilómetros cuadrados y una población de 280.000 habitantes, este territorio, que en un inicio fue habitado por lo indios gauchos de la región hasta finales del siglo pasado, es una de las regiones más modernas del país, aunque geográficamente nació hace nueve mil años y esté habitado desde la prehistoria.
Su capital es Santa Rosa, un paso obligado para alcanzar los más importantes centros turísticos y poblacionales de Argentina, a sólo una hora de vuelo de Buenos Aires.
El viajero puede encontrar una ciudad donde todo le sale al paso, cultura, descanso y buenas vistas. Por ejemplo, puede llegar a la catedral, situada en la plaza de San Martín, que tiene una moderna fachada con una composición en la que se destacan doce estilizados hexágonos que simbolizan el cuerpo místico de la iglesia y que se acompañan de doce figuras que son los apóstoles.
En este paseo por la ciudad, también se pueden topar con la Casa de Nazaret, que consta de unos espléndidos jardines, refugio abierto permanentemente para quien quiera realizar ejercicios físicos o se quiere dar un espacio espiritual.
Otro lugar que no se puede dejar de visitar es el Museo de las Artes, donde se contempla la espléndida obra de autores autóctonos. Y finalmente el Museo de Historia Natural o el Monasterio de las Carmelitas.
Pero para conocer la Pampa es mejor efectuar un recorrido por su extenso territorio, donde se encuentran parques naturales de incalculable belleza, aguas termales, zonas para practicar deportes al aire libre o hacer turismo rural. Como se puede comprobar en esta región, la variedad de actividades y de parajes es enorme.
Cabalgar por la Pampa es una aventura inolvidable e imprescindible para saborear al máximo algo que sólo sucede al sur del continente americano.