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Una flota naval rusa, que incluye un crucero a propulsión nuclear, atracó ayer en un muelle castrense del puerto de La Guaira, a unos 30 kilómetros al norte de Caracas. Esta avanzada militar, integrada por el crucero a propulsión nuclear “Pedro El Grande”, el destructor “Almirante Chabanenko”, un buque cisterna de apoyo logístico y un remolcador, despertó temores en la región. Vladimir V. Trukhanovskiy, embajador de Rusia en Colombia, explica los alcances de la avanzada en el Caribe.
¿Es justificado el temor que está despertando en la región la llegada de la flotilla militar? En Colombia hay quienes dicen que será muy complicado por las difíciles relaciones que mantenemos con Venezuela.
Estos temores carecen de todo fundamento. Los ejercicios navales conjuntos de las armadas rusa y venezolana habían sido programados hace tiempo y se realizan en el marco de cooperación bilateral sin apuntar contra terceros países. Consideramos que tales actividades pueden rendir un efecto positivo en la lucha contra la piratería y tráfico ilegal de estupefacientes, contribuyendo a una mayor estabilidad en la región.
¿A Rusia de qué le sirven estos ejercicios en el Caribe?
Rusia ha atravesado un período difícil en lo económico, lo cual ha tenido efectos negativos sobre la condición de nuestras Fuerzas Armadas. Actualmente nuestro país tiene recursos necesarios para modernizar las Fuerzas Militares: estamos en proceso de adaptarlas a las realidades del día de hoy, reducimos el número de efectivos del Ejército, elevamos el nivel del pertrechamiento, eliminando lo que sobra y preservando lo imprescindible. La navegación de altura por parte de nuestros buques es una forma de evaluar la capacidad de la Marina.
¿Cuánto tiempo se van a quedar en la zona?
Los barcos rusos permanecerán en el mar Caribe exactamente durante el tiempo requerido para ejercitar debidamente las maniobras conjuntas con Venezuela y preparar la flotilla para la travesía de retorno. La presencia de la Marina rusa en el mar Caribe y la realización de los ejercicios previstos estarán en estricta correspondencia con las normas del derecho internacional. Así, por ejemplo, acatando los requerimientos del Tratado de Tlatelolco, según el cual América Latina es proclamada zona libre de armas nucleares, ni un solo buque ruso trae tales armamentos. El crucero “Pedro El Grande” se llama “atómico” no por el carácter de su arsenal, sino porque posee una planta propulsora que no proscribe el Tratado.
Hay una activa presencia rusa en América Latina en los últimos meses. ¿Por qué?
La presencia rusa en América Latina corresponde a las realidades contemporáneas, en que nuestro país desarrolla activamente su economía, y en las condiciones de globalización busca consolidar relaciones con un número cada vez mayor de interlocutores abiertos para el diálogo. Hace poco inauguramos nuestra Embajada en Guatemala,
estamos en proceso de apertura de otra misión en Paraguay. En La Habana fue inaugurado el primer templo ortodoxo.
¿Cómo son las relaciones con América Latina?
Se desarrollan progresivamente. Vuelvo a subrayar que Rusia ya dejó atrás los tiempos difíciles y actualmente es percibida por muchos países de la región como un socio importante. Por eso esperamos que nuestra presencia económico-comercial y cultural en América Latina se va a fortalecer en la medida en que se estrechen nuestros lazos amistosos con esta región.
¿Y con Colombia?
Nos alegra que las relaciones entre nuestras dos naciones se caractericen por una dinámica positiva. Lo comprueban las visitas a Rusia realizadas en el año en curso por el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, y por el ministro de Defensa Nacional, Juan Manuel Santos. A mediados de noviembre tuvo lugar una fructífera visita a Bogotá del canciller de Rusia, S. Lavrov, quien fue recibido por el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y sostuvo negociaciones importantes con su colega Jaime Bermúdez, durante las cuales fueron analizadas perspectivas para ampliar e intensificar la cooperación ruso-colombiana en diferentes esferas, y en primer lugar, en el ámbito económico y comercial.
¿Qué responde a quienes dicen que esta llegada a la región es una respuesta a la presencia de Estados Unidos en los países vecinos de Rusia?
No es así. Los ejercicios ruso-venezolanos habían sido programados mucho antes de la decisión final de montar una tercera zona de defensa antimisiles en Polonia y la República Checa, antes de que los buques militares “humanitarios” de la OTAN aparecieran en el mar Negro. Las maniobras conjuntas con Venezuela son parte de la cooperación bilateral con este país y no están dirigidas contra terceros países.
¿No es una demostración de fuerza?
No tenemos por qué demostrarle a nadie nuestra fuerza blandiendo armas. Toda nuestra historia multisecular evidencia que Rusia es capaz de defenderse. Por otro lado, sí nos alerta el comportamiento de algunos Estados cerca de nuestras fronteras. ¿Contra quién apunta el sistema de defensa antimisiles? ¿Con qué fin se envían armamentos al régimen agresivo de Saakashvili en Georgia? ¿Por qué la ayuda humanitaria llega en buques de guerra? Por supuesto, todas estas preguntas no pueden menos que preocuparnos. Aspiramos alcanzar la convivencia pacífica con todo el mundo, basada en el derecho internacional y el respeto mutuo de los intereses nacionales de cada uno. Es así como tratamos de enfocar con toda franqueza los asuntos delicados que discutimos con nuestros interlocutores, incluyendo los Estados Unidos.