Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Los últimos diez años en las relaciones colombo-venezolanas han estado signados por la presencia creciente de Hugo Chávez, por una parte, y por dos presidentes colombianos: Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, por el lado colombiano. En esa década transcurrida, la relación binacional ha estado marcada por modelos muy diferentes de desarrollo y del manejo económico interno, dos visiones distintas de la inserción internacional y dos concepciones diversas sobre las relaciones norte-sur.
Primero, la existencia de negociaciones de paz internas durante buena parte de la administración Pastrana, y la posterior ruptura de dichas negociaciones y el paso a la administración Uribe, con un énfasis en la seguridad. Este período estuvo marcado por una ligera recesión en Colombia como producto de la situación económica mundial. En Venezuela, el período coincide con los primeros años de Chávez en el poder, caracterizados por una cierta moderación política, con un petróleo a precios bajos.
Segundo, el hecho de que el gobierno Chávez, en su proceso de inserción petrolera global, descubrió que Colombia debe figurar en sus proyecciones estratégicas, como parte del camino que el petróleo venezolano debe recorrer para llegar hasta China. En este sentido, Venezuela necesita una buena relación con Colombia.
Tercero, el descubrimiento mutuo de que los dos mercados se necesitan. A esa conclusión tienen que haber llegado después de la tentativa de retaliaciones comerciales posteriores al frustrado golpe de Estado, y luego del incidente Granda o del producido por el retiro abrupto de la mediación venezolana en el acuerdo humanitario.
Cuarto: la radicalización creciente del gobierno Chávez, coincidiendo con el alza desmesurada de los precios del petróleo a partir de 2004, que ha traído extraordinarios excedentes financieros para Venezuela; y la decisión de postularse a un tercer mandato mediante reforma constitucional prevista para febrero de 2009, es decir, antes de que la importante baja actual de los precios del crudo afecte directamente las reservas de Venezuela y por ende su popularidad.
Quinto: el mantenimiento del diferendo binacional por las aguas marinas y submarinas cuya delimitación está pendiente, pero sin que ello haya llevado al menor incidente en dicha zona. Los dos países parecen haber asumido que la congelación de facto del proceso es una solución aceptable.
Sexto: la actividad importante de Venezuela con Ecuador y Nicaragua, incluso dentro de los parámetros del Alba. Pero al mismo tiempo, la comprensión de que un modus vivendi colombo-venezolano es muy importante.
Sin embargo, las diferencias no nos deben hacer olvidar que no son deseables las actitudes simplistas de algunos actores en Venezuela o en Colombia. En Venezuela, los fundamentalistas de izquierda ven a Colombia como una punta de lanza del “imperialismo norteamericano”, y por ello como una amenaza a la seguridad de la revolución bolivariana. Y en Colombia, los fundamentalistas de derecha perciben al vecino país como una encarnación del demonio marxista, y como el sistema a cambiar para que el futuro de Colombia esté asegurado. Dos actitudes extremas.
Director del Observatorio Latinoamericano, U. Javeriana.