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El ‘Corralito de Piedra’ es un lugar sin límites. Su oferta turística, cultural, histórica, arquitectónica y de entretenimiento es inmensa. Los parajes, en los que se mezclan la realidad social, la nostalgia y la fantasía sobresalen tanto en el centro colonial como en los sectores de mayor afluencia de visitantes nacionales y extranjeros. Por eso, en las murallas, en Boca Grande, en el Laguito y en el Castillo, para mencionar tan sólo algunos lugares emblemáticos, el sonido ambiente es multilingüe gracias a los cientos de foráneos que escogieron Cartagena como su destino de placer o negocios. Ingleses, holandeses, brasileños y orientales se encargan de complementar con sus voces el panorama auditivo de la ciudad, condimentado con la música de los locales comerciales, la brisa siempre susurrante y las olas del mar que por efectos del crudo invierno se aproximan amenazantes a la avenida principal.
La capital del departamento de Bolívar es toda una dama antigua. Interesante, sabia y tiene muy claro cómo sacarle provecho a sus innegables atractivos, aunque carece de la eficiente presentación de servicios básicos como la recolección de basuras y un alcantarillado adecuado para una metrópoli tan apetecida como Cartagena. Las caminatas, siempre mágicas y sorprendentes, se empañan un poco con la presencia innecesaria de desperdicios y escombros en andenes y vías. Sin embargo, y por fortuna, la llegada de turistas sigue siendo generosa. Los hoteleros, sin duda, esperan que aumente, pero para un nativo cuyo ingreso no depende de ese rubro específico, las multitudes y congestiones provocadas por los carros (y sus conductores inconscientes y poco cívicos) deben ser insoportables. De todas maneras… Cartagena siempre está de moda.
Y su popularidad no cede, porque esta dama de 475 años se renueva cada día. Lugares como el centro comercial Caribe Plaza, de reciente inauguración y único en su especie dada la gran variedad de locales, resulta ser un atractivo adicional para los visitantes. Almacenes de todas las características, una terraza al aire libre con música en vivo, una plazoleta de comidas bastante grande y los casinos para tentar a la suerte y el azar, conforman la oferta comercial de ‘La Heroica’.
Pero no sólo por el movimiento comercial Cartagena está en la mira del mundo. La reserva de iglesias en pleno centro histórico (Santo Domingo y San Pedro Claver), así como la utilización de capillas ubicadas en La Popa y, por supuesto, el empleo del Baluarte, comprendido como cada tramo de las murallas, están al orden del día para los matrimonios más pomposos, pero también para los más discretos. Jóvenes parejas escogen la caída del sol en el marco de Cartagena para retratar lo que consideran el día más importante de sus vidas. Incluso, algunos sucumben ante la tentación del paseo romántico en coches tirados por caballos. Los rostros de los novios (o esposos) reflejan lo maravillados que están con una ciudad que ofrece tanto en tan pocos kilómetros: mar, playas, historia, centros comerciales y edificios modernos, todo eso acompañado por sonrisas sinceras y amabilidades indescriptibles.
La oferta hotelera en Cartagena es inmensa y según los expertos de Cotelco (la Asociación Hotelera de Colombia) solamente se le conoce como temporada alta a los días comprendidos entre el 26 de diciembre y el 05 de enero, porque el resto del año la ocupación de habitaciones no es significativa. Hoteles de gama alta y los denominados ‘hoteles boutiques’ manejan planes tarifarios bien particulares. Desde $280.000 hasta un millón de pesos por noche se puede encontrar. La gran mayoría incluye el desayuno, otros ofrecen playas exclusivas, habitaciones aisladas, insonorizadas, dúplex, suites y cuartos con balcones y terrazas privadas.
Miradores giratorios, centros de convenciones y restaurantes con chefs expertos en la gastronomía local, son algunas de las apuestas de los hoteleros que, además de la lucha inclemente entre ellos, tienen que competir con lo que se conoce como la ‘parahotelería’, aquellas casas o apartamentos de familia que se alquilan durante las festividades de fin de año.
Muchos de los hoteles tienen sus propios lugares adecuados para la rumba, pero lo más común es ver a los turistas en establecimientos como Míster Babilla, en donde la música es variada, al igual que el licor. El bar Havana es otra opción. Se trata de un local pequeño, en el que un grupo en vivo y en directo demuestra que el son cubano está más vivo que nunca. Allí la especialidad es el mojito.
Cartagena, a punta de rumba, de negocios o vacaciones, siempre será un ‘Corralito de Piedra’ que supera las expectativas.