¿Por qué brincan los taxistas?

Los sindicatos de taxistas anunciaron que harán paro el próximo martes y los empresarios del gremio están en contra. Aurelio Suárez, excandidato a la Alcaldía, explica las razones del malestar del sector.

Un paro de taxistas podría sacar de las calles a 53.000 vehículos. / Archivo
Un paro de taxistas podría sacar de las calles a 53.000 vehículos. / Archivo

Recién implantada la nueva modalidad de Pico y Placa me preguntaron al respecto y contesté: espero al 15 de agosto, cuando la ciudad retome su ritmo habitual. En movilidad —como en economía— “no hay almuerzo gratis”. Al restringir la circulación de vehículos, así como al permitirles mayor libertad, hay beneficios y costos, es un juego de suma cero, lo que se añade en un lado se resta en el otro.

Debe buscarse la ecuación más equilibrada, ojalá fundada en estudios técnicos, donde lo que se quita a unos para darlo a los otros no genere mayores descompensaciones. La administración distrital intenta una fórmula fundada en horas pico y horas valle: en las primeras amplió la restricción y en las segundas declaró la libre circulación. El equilibrio buscado se rompió por los taxis, que forman un modo flexible, usado principalmente por quienes no tienen carro, complementa el sistema y es clave en horas nocturnas.

Según datos de la Universidad de los Andes, en Bogotá hay cerca de 53.000 taxis, que ocupan el 32% de la red vial y constituyen un porcentaje significativo de la circulación, especialmente en el borde oriental. Realizan el 5% de los viajes diarios motorizados, con extensión promedio de 6,6 km y 34 minutos de duración. El 71% de los recorridos en taxi lo hacen personas de estratos 3 y 4. Toda la flota recorre 12 millones de kilómetros diarios para poder cumplir la meta de un producido de $200.000 por taxi que, en general, se reparte así: $80.000 para el dueño, $45.000 para combustible y lavada y, el resto, alrededor de $75.000, para el conductor, que trabaja 13 horas y recibe mensualmente, en promedio, $1,3 millones.

Los taxistas se quejan de que con el nuevo Pico y Placa se han reducido sus ingresos, especialmente en las horas valle. Si el 11% de sus usuarios eran personas antes afectadas por el Pico y Placa que ahora disponen de su carro, ya hay un primer motivo para la merma de ingresos, y si se agrega la congestión de las vías en ese lapso el resumen es “más trancones y menos carreras”. La parte correspondiente al taxista ha bajado entre $40.000 y $45.000, o su ya larga jornada, para los que pueden, debe extenderse para mantener las entradas anteriores.

Hay quejas sobre el servicio, muchas justificadas; no obstante, es un conglomerado fundamental que no puede ver menguado su presupuesto súbitamente. Algo más: la administración debe mirar si es el primer estallido de una explosión en cadena que ponga en disolución el sistema horas pico y horas valle trasplantado a otros modos de transporte. Y vuelve la pregunta recurrente: ¿con base en cuál análisis técnico se hizo el cambio que no previó esto?