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El escenario es la calle

En Santa Fe hay 300 grupos de este género con la participación de decenas de jóvenes.

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Nathaly Martínez Ariza
15 de octubre de 2010 - 10:00 p. m.
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“Oscura realidad que se vive diariamente, amanecen los muertos en la acera de repente... me levanto en las mañanas, salgo a la calle, ya veo hazañas, un ser humano con la casa en su mano, un par de cajas que en la noche son sus almohadas, y un periódico que lo resguarda del frío tan marico que lo ataca, en su cara se le nota que hace días no ha probado un plato de comida...”.

Aunque es una de las canciones que se encuentran en el nuevo álbum Ánimas L mentales, del grupo Brutal Style, del barrio Las Cruces, lo que describe la letra es un escenario que se repite diariamente en la ciudad. Nadie se escapa de salir y encontrarse habitantes de la calle viviendo en la miseria.

Miseria a la que ya están acostumbrados los jóvenes que habitan barrios como Egipto, en el centro de la capital, donde ellos pasan sus días drogándose y delinquiendo.

Sin embargo, para muchos, en el horizonte a veces se avizora una oportunidad de vida. Desde la expansión del hip hop, en los 80, en los barrios marginados de Bogotá, desde el año 2000, han existido varias escuelas de formación artística, como la que dirige Yaga, el líder de la localidad de La Candelaria, que se llama S.A. Clan.

La escuela actualmente está trabajando con la cátedra de Derechos Humanos que dirige la Secretaría de Gobierno, en la que por medio de talleres participativos, como foros y juegos, se trata de sensibilizar y promocionar en la importancia de este tipo de derechos.

“Hacemos un proceso de formación para que el trabajo que ellos desarrollen aporte un tema para la paz, la convivencia y la reconciliación, y así ellos sean promotores de Derechos Humanos a través de las actividades que realizan”, explica Nidia Ariza, profesional de apoyo en la Cátedra de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno.

Existen otras escuelas, como Calibre 22, La sexta 2-80, Los Tenores, Estilo Bajo y Social Group, ubicados en la localidad de Santa Fe con el objetivo de involucrar a los menores, desde los 4 hasta los 25 años, para que se distraigan aprendiendo a rapear, a grafitear y a bailar, y así salgan de las drogas y de la delincuencia.

“Es impresionante ver cómo la gente acude a estas convocatorias porque es la manera más fácil de expresar nuestros sentimientos”, cuenta María Isabel Rodríguez, profesora de técnica vocal de la escuela Calibre 22.

Según Esmeralda Duarte, concejal local de Santa Fe, hay 300 grupos de hip hop de personas de todas las edades, quienes tratan de aprender incluso teatro y danza gracias a la ayuda de los grupos de música y los profesores que aprendieron este arte empíricamente. “Somos estudiantes y maestros de la universidad del folclor, de la universidad de los pobres, de la calle y en la calle, que es donde practicamos y aprendemos porque es el único espacio que tenemos”, remata Duarte.

Por Nathaly Martínez Ariza

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