Bogotá| 31 Mayo 2008 - 4:48 am
Plan de Respuesta por Terremoto
Cuando llegue el temblor
Por: Carolina Gutiérrez Torres
Foto: Archivo El Espectador
El PRT prevé cuál será el grado de destrucción y las víctimas que habrá.Los especialistas del Plan de Respuesta por Terremoto (PRT) de la DPAE, creado en el 2004, trabajan bajo un escenario probable: un sismo de mediana magnitud, con intensidad 6.8 en la escala de Richter, que afectaría a la capital del país en un lapso de tiempo que ellos calculan así: “Existen unos períodos presumibles: cada año ocurren dos temblores suaves, cada 10 años un sismo fuerte y cada cien años hay posibilidades de que haya un temblor tan fuerte que puede llegar a ser un terremoto.
Sobre esa base los técnicos han hecho unos ejercicios de simulación y han concluido que, más o menos, cada 200 años ocurre un sismo con una magnitud importante en Bogotá”, explica Ignacio Gallo, ingeniero en reconstrucción e integrante del PRT.
Fue el alcalde Luis Eduardo Garzón quien incluyó el Plan de Respuesta por Terremoto en su plan de desarrollo y lo convirtió en un proyecto del Distrito. Lo hizo “porque se tomó la decisión de preparar a la ciudad para el evento más grave que podría sufrir, y un suceso probable que generaría muchos daños es un terremoto”, cuenta el ingeniero.
Dentro de los estudios “probabilísticos” que maneja el PRT sobre cómo ocurriría ese sismo, cuál sería su nivel de destrucción, y cómo sería el proceso de recuperación y reconstrucción de la ciudad, hay algunas conclusiones que se atreven a dar y otras que prefieren mantener en reserva, “porque puede generar pánico en la ciudad —enfatiza Ignacio Gallo—. Tenemos que dejar claro que nosotros trabajamos bajo unas probabilidades. Un sismo no se puede predecir; tampoco se puede saber de qué magnitud va a ser. Lo que hacemos nosotros es tratar de prever las cosas ”.
Según esas probabilidades, con un sismo de 6.8, el cinco por ciento del millón de predios que tiene Bogotá tendría algún tipo de afectación, desde una fractura leve hasta el colapso. Los escombros que resultarían del sismo sumarían cinco millones de metros cúbicos; eso representaría un millón de viajes de volquetas.
Estos temas, el manejo de los escombros y la reconstrucción de las viviendas, son sólo dos de los aspectos que estudia el PRT. También se trabaja el tema de la restitución de los servicios públicos, dónde se localizarían los alojamientos temporales y cuáles serían las principales vías en reconstruir: “Las troncales que conectan los sectores claves como el aeropuerto y los hospitales”.
Los estudios de probabilidades del PRT apuntan a un sismo de 6.8. Tres puntos más que los terremotos que estremecieron California, en 1994 y Caracas en 1967. La escala de Richter establece que un sismo con magnitud entre 6.1 y 6.9 “puede ocasionar daños severos en áreas muy pobladas”. Los mismos estudios de probabilidad rezan que “más o menos cada 200 años ocurre un sismo con una magnitud importante en Bogotá”.
Sismos históricos
El último gran temblor en la historia de Bogotá ocurrió el 29 de agosto de 1917. A partir de ese día, y durante casi una semana, esta ciudad se estremeció con más de veinte sismos. Pero el de mayor intensidad, el que derrumbó la torre de la iglesia de Chapinero y mató a cinco señoras y una señorita que apenas empezaban a rezar el rosario, fue el del 29 de agosto.
El párroco estaba saludando a los feligreses, “bienvenidos a la casa del Señor”, cuando la tierra se empezó a mover y los ladrillos de la iglesia fueron cayendo uno a uno. “Los fieles huyeron despavoridos y el sacerdote, en cumplimiento de disposiciones canónicas, concluyó con heroica tranquilidad el servicio divino”, reporta un periódico de la época.
En alguna de las calles de la ciudad una anciana invocaba empecinada a Jesucristo. “Mi señora, va errada. San Emigdio (protector contra los terremotos) es el hombre de la situación”, le dijo un hombre que pasaba a su lado. Las empleadas del servicio lanzaban gritos despavoridos clamando piedad a la Virgen Santísima.
El Palacio Municipal estuvo en peligro de desaparecer, la iglesia de Guadalupe quedó en ruinas, la mayoría de casas del barrio de Chapinero perdieron los cielo rasos y las quintas de este sector quedaron inhabitables. Después del temblor, del
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