Bogotá| 24 Ago 2008 - 7:00 pm

Una obra peruana del siglo XVIII tiene en problemas a un bogotano

El arte del encarte

Por: Alejandra Rodríguez/ www.elespectador.com
Oswaldo Ángel está en un pleito legal porque vendió una obra de arte que llegó por casualidad a sus manos, y hoy es reclamada como patrimonio cultural de Perú. Además del valioso cuadro, este hombre, experto en productos para adelgazar, dice tener trabajos de Miró y Dalí.
El espíritu de cambalache

El espíritu de cambalache le ha permitido a Oswaldo Ángel ser el dueño de un gran patrimonio artístico.

Es un experto en estética. Tiene eso que llaman ojo clínico. Y en los últimos años de su vida ha sabido combinar perfectamente la estética del cuerpo con la del arte. No es un artista plástico y su fortaleza no está en pintar. Por el contrario, es un experto en geles adelgazantes a quien su espíritu ‘cambalachero’ le ha permitido ser hoy por hoy poseedor de un verdadero patrimonio artístico. Por lo menos eso cree.

En sus manos, asegura Oswaldo Ángel , tiene nada más y nada menos que obras de Salvador Dalí y Joan Miró, dos de los más grandes artistas pictóricos que ha dado España en toda su historia. Nunca en su niñez, ni juventud se interesó por el arte. El trueque ha sido su oficio y por esas cosas de la vida resultó preocupado por la estética femenina. En este campo, combinando cremas y sustancias naturales y químicas, descubrió un menjurje que resultó muy efectivo para desvanecer gorditos. Su preparación tuvo gran acogida y con otros negociantes hizo una cadena de distribución que le permitió llevar el producto a casi todos los pueblos de Colombia.

Hace siete años conoció a otro vendedor al que le iba bastante bien con sus geles. Un día cualquiera su distribuidor le dijo que necesitaba un lote grande de cremas, pero que no tenía efectivo y que lo único con que podía pagar el pedido era una pintura que le habían dicho que era muy fina. El hombre la examinó y su intuición le indicó que aceptara. El negocio fue sencillo: “Le entrego el cuadro y usted me da 80 millones en geles”. Mes a mes, con su escasa producción, le pagó la pintura al cabo de casi un año.

Desde cuando la recibió empezó a investigar y a través de unos folletos viejos sobre cómo reconocer obras originales, comprados en cualquier parte, comenzó a sospechar lo que tenía entre sus manos: El Arcángel del amor, pintura anónima del siglo XVIII originaria de la región de Cuzco, en Perú. Había hecho el negocio de su vida y al mismo tiempo se había pegado la encartada del siglo.

A través de internet y de varias visitas a expertos buscó la manera de certificar la autenticidad del cuadro. Uno de los tantos especialistas que la revisó  fue Fernando Restrepo Uribe, profesor e investigador del arte colonial colombiano e hispanoamericano. “La obra tiene una buena calidad de ejecución, un acertado tratamiento de las telas, muestra notoriamente las características de los pintores de la escuela cuzqueña”, dice el análisis.

Oswaldo supo entonces que su ‘buen ojo’ le había permitido dar con una pintura importante. Entonces comenzó a negociarla con otras personas que, él sabía, también habían encontrado en el arte un adictivo escape. “Yo empecé a ofrecer la pintura cuando supe que en realidad era original. Algunas personas me dijeron que podía costar hasta 500 millones de pesos, pero como sé que es muy difícil que alguien pague lo que en realidad cuesta, decidí ofrecerla por 250 millones”, relata.

Finalmente logró venderla. Allí terminó la dicha y comenzó el drama. Aunque la obra ya no está en sus manos, él sigue registrado ante el Ministerio de Cultura como su dueño, lo cual lo involucró en un pleito legal que todavía no termina. Resulta que después de recibir el pago —en especies, como él acostumbra—: un lote, un carro y otras tantas cosas que completaron la millonaria suma, recibió la notificación por parte de la Dijin de que el Ministerio de Cultura peruano está reclamando la obra en repatriación. Oswaldo asegura que cuando la compró hizo sus propias averiguaciones y constató que el cuadro no era robado. Y de eso da fe el Ministerio de Cultura, donde confirmaron que efectivamente la pintura no está en las listas de la Interpol.

Como hombre serio en los negocios, en febrero de 2007 comenzó los trámites ante el Ministerio para certificar la obra al comprador y adicionalmente buscar la acreditación para un cuadro que asegura es del pintor catalán Joan Miró,  exponente del Surrealismo, otro del  también catalán Salvador Dalí y esculturas de ambos, con el ánimo de venderlos, ojalá en el exterior. Allí le dijeron que no podía sacar al Arcángel del amor del país, pero no hubo ningún impedimento para que la obra fuera negociada en Colombia. “Fueron escuetos en su explicación, sólo me dijeron que no podía sacarla del país, pero que sí

  • Alejandra Rodríguez/ www.elespectador.com | EL ESPECTADOR

  • Página
  • 1
  • 2
1
(1 voto)
Opinar| Enviar| Imprimir|
0

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Maquiavelo .

25 Agosto 2008 - 7:59am
Ingrese aquí o regístrese para opinar

Este señor con todo respeto, si sabia lo que estaba comprando en un principio, porque no conozco ningun colombiano que este pagando caro algo que no tenga idea...no me venga con ese cuento que si un ignorante no lo hace, menos lo hara un tipo de negocios como el.

Publicidad
Lo más...
Publicidad
Suscripciones El Espectador
  • Nuestra edición impresa

    Suscribase aquí
    y conozca todos los beneficios.

    Suscríbase